
La guerra en Ucrania, iniciada en 2014 con la anexión de Crimea y financiamiento de grupos separatistas, tomó una nueva escalada en febrero de 2022, finalizando con el ataque de Rusia sobre territorio ucraniano.
Todo ello terminó provocando que EEUU y la Unión Europea (UE) salgan de su letargo, en especial esta última, que había focalizado su atención en temas de inclusión, medio ambiente, dejando de lado lo “estratégico-militar” para otras Potencias. Buscando evitar un choque directo con Rusia, se apuntó a un esquema de sanciones, no tanto para detener en el corto plazo a Putin, sino para generarle un costo a la sociedad, elites y empresas rusas según pase el tiempo. Es decir, aún ganando, tendrá la economía de alguien que perdió; entonces ¿de qué valdrá no negociar con Occidente, o más específicamente, con la UE, que sería el interlocutor lógico? Pero, del otro lado, también habrá que sopesar qué costos tendrá para la economía internacional este fuego cruzado y ver quién resiste mejor.
Las sanciones observadas tienen varias aristas: social, financiera-empresarial y estratégica-militar. Que abarquen un gran espectro de cuestiones hace pensar que fue ideado esto para que el impacto lo sienta la persona promedio. Por ej., si se bloqueaban envíos de tecnologías sensitivas, como ya se venía haciendo en alguna medida desde 2014, el ruso promedio no sería impactado. Sí lo sería, por ejemplo, con la suspensión del SWIFT y bloqueo de cuentas, y las posibles corridas bancarias o la inflación que podría generarse en consecuencia. Del mismo modo, las “condenas sociales” como retirar al país de la Fórmula 1, Eurovisión, UEFA, FIFA, entre otros, apuntan a la psiquis del ruso promedio, que guste o no, está más vinculada a Europa que a Asia.
Algunas de las medidas más resonantes:
-Prohibición de sobrevolar espacio europeo y estadounidense.
-Expulsión de magnates rusos de los espacios de negocios.
-Retirada de empresas Occidentales de inversiones en Rusia.
-Bloqueo de cuentas rusas (bancos VTB, Bank Rossiya, Promsvyazbank, etc. y oligarcas).
-Denegación del uso del sistema SWIFT.
-Suspensión de proyectos para ampliar la capacidad exportadora de gas desde Rusia (Nord Stream 2).
-Denegación de productos de alta tecnología para Rusia (semiconductores, equipos de comunicación, equipos de extracción de petróleo, etc.).
Del paquete de medidas, se entiende que se busca limitar (o mejor dicho, encarecer y hacer más lentas) las mejoras militares y tecnológicas que Rusia se proponga. Las sanciones buscan limitar el acceso de Rusia a bienes duales, a los mercados de capital, préstamos y créditos, financiación pública y servicios bancarios; no son un ataque militar, pero buscan generar un impacto en la capacidad productiva rusa similar a uno.
Todo esto significa que a Rusia se le incrementarán los costos operativos para toda tarea, especialmente las que requieran amplio financiamiento e insumos de alta tecnología (mejora de refinerías, upgrades en industria aeroespacial, etc.). Si bien puede sortear las restricciones buscando en el mercado negro u operando vía terceros países, tiene su costo, algo que no favorece a un país que no goza de una economía fuerte y que se asemeja a España en tamaño de PIB.
La restricción Occidental en las inversiones es un tema importante. De acuerdo al Reporte “2020 European Attractiveness Survey: Russia” de EY, Occidente lidera en materia de inversiones en Rusia, 8 de los 11 principales inversores son Occidentales (Alemania en primer lugar). Los no Occidentales son China, India y Turquía, y de ellos, India no tiene interés en romper con Occidente y Turquía ve con recelo el crecimiento ruso en el Mar Negro. Es destacable que Alemania, China, Italia y EEUU son los principales inversores en el sector manufacturero ruso, marcando una preponderancia alta de Occidente.
La compensación de la retirada Occidental por el lado de inversores chinos podría llegar a servir aunque tendría un costo, tarde o temprano podría generar recelos nacionalistas. Actualmente conviven bien, por ej. en Tatarstán, China es el principal inversor y se enfocó en transporte y electrónica. Pero en Moscú y San Petersburgo, donde Europa y EEUU se destacaban, habrá que ver como caería la inversión china de manera masiva.
También vale decir que a nivel general, China se focaliza en sectores de alta tecnología, IT, electrónica y software, lo que podría dar la idea de que busca hacerse de know-how. Sin ir más lejos, el sector armamentista nos da una pista de la compleja relación sino-rusa. Rusia vendió grandes cantidades de equipamiento a China hasta 2007 (en parte bajo licencia) y a partir de allí, cuando China terminó de copiar algunos de los equipos más relevantes, bajó el volumen importado y eventualmente comenzó a competir con Rusia en el mercado internacional.
Las sanciones en el sector estratégico militar no son novedad, debido a que ya desde 2014 se venían aplicando por la ocupación de Crimea, tanto es así que para 2015 se estableció en Rusia la “Comisión Gubernamental de Sustitución de las Importaciones”. Asimismo, comenzó fuertemente a intentar el “reshoring” de las industrias estratégicas que se encontraban en Ucrania, heredadas de la URSS (Motor Sich, Yuzhmash, Antonov, Khartron), y también a limitar las importaciones tecnológicas desde países OTAN (que eran importantes pre 2014).
Para finalizar, vale decir que entre las sanciones y la invasión, varios sectores se verán golpeados. En el mercado minero, el titanio, litio, paladio y el níquel son muy dependientes de lo que suceda en Rusia y Ucrania, razón por lo cual las industrias de aviones, automóviles, teléfonos celulares y baterías para autos eléctricos, entre otras, serán golpeadas. Por otro lado, interrupciones en las entregas de gas de neón (ya que Ucrania es un productor clave) afectará la industria de microchips. En tanto, el sector alimentario también ya padece los golpes, el trigo (entre ambos países llegan al 25% de las exportaciones mundiales) y el maíz (Ucrania representa el 14,5%) tienen una preponderancia fuerte ruso-ucraniana. Dentro del plano agropecuario, por el peso de Rusia en la producción de potasio y fertilizantes, se espera un impacto en grandes importadores. A todo esto, los cambios en los costos de la energía, el crecimiento de fuentes alternativas al gas para Europa, encarecerán a la producción industrial (en especial en Europa) por el alza en la demanda (GNL, Carbón, etc.). Finalmente, hay golpes directos que socios Occidentales tendrán: Renault (asociada a AutoVAZ), representa el 39,5% de la producción rusa de vehículos, Hyundai Group tiene el 27,2%, Volskwagen tiene el 12,2% y Toyota el 5,5%.
En definitiva, la invasión rusa más las sanciones están provocando impactos económicos que exceden a las partes involucradas, parece que el resultado al que se llegue dependerá de qué sociedad tolere mejor los costos.
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