
La nueva dimensión de la carrera armamentista entre Estados Unidos y China adquiere un alcance geográfico que podría afectar la seguridad del Atlántico Sur y la Antártida. Los desarrollos de misiles balísticos hipersónicos chinos que orbitan alrededor de la Tierra, de acuerdo al Financial Times, pueden reentrar en la atmósfera desde el hemisferio sur a más de 6 mil kilómetros por hora y dirigirse al blanco en territorio estadounidense. Una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos ya que los sistemas de defensa norteamericanos apuntan hacia el norte, el ártico, que sería la trayectoria hipotética tradicional de eventuales ataques de misiles rusos y chinos. Que la Antártida pueda ser punto de ruta direccional similar al Ártico, representa un dilema geopolítico para la estabilidad estratégica de América del Sur y en particular para la Argentina.
Este riesgo potencial existe desde hace décadas como lo expuso en 1962 Nikita Kruschev al señalar que la Unión Soviética podría atacar a los Estados Unidos desde la Antártida. El Sistema de Bombardeo de Orbita Fraccionada (FOBS) era el sistema soviético con órbita parcial que China estaría actualizando y desarrollando con una nueva generación de misiles convencionales y supersónicos, con capacidad nuclear, muy difícil de detectar e interceptar, contrarrestando los sistemas de alerta temprana. Esa circunstancia, resalta la amenaza que enfrentan nuevos ámbitos geográficos potenciales de ataque y defensa. El misil chino DF 17 ultrasónico es un ejemplo, como lo es el ensayado por Rusia (misil crucero Tsirkon) en el Mar de Barents que alcanzó recientemente los 8.000 mil kilómetros por hora.
Los sofisticados desarrollos tecnológicos de misiles pone en evidencia, entre otras cuestiones, la dificultad de diferenciar los cohetes y vectores con fines de investigación espacial y exploración de cuerpos celestes. Cualquier ensayo vinculado a programas espaciales tiene efectos inmediatos en los avances militares de misiles y viceversa. En este contexto, Estados Unidos considera que todos los vehículos de lanzamiento espacial de China forman parte del sistema de ataque estratégico ya que el programa espacial y los sitios de lanzamiento están gestionados por el ejército chino. Lo mismo ocurre con las bases de seguimiento de los diversos programas del espacio ultraterrestre y exploración de la Luna de China incluyendo la estación terrena en Neuquén que es la primera construida por el ejército chino fuera de su territorio.
La comunidad internacional debería reaccionar frente a la dimensión de la carrera de armamentos misilísticos de las principales potencias. Es hora de una decisión multilateral para ampliar los instrumentos que desde 1967 prohíben el emplazamiento de armas nucleares y de destrucción masiva en el espacio exterior. Es urgente contemplar los riesgos a la seguridad internacional e iniciar la negociación para prohibir el despliegue de cualquier tipo de armamento en el espacio ultraterrestre, así como la amenaza del uso de misiles militares utilizando órbitas espaciales. También establecer un sistema de salvaguardias que garanticen el uso pacífico de naves espaciales.
La Argentina debería estimular en la Conferencia de Desarme en Ginebra el proceso multilateral para poner límites tendientes a evitar la reacción en cadena de desbordes tecnológicos misilísticos con fines militares. Es necesario persistir en el multilateralismo para frenar desarrollos que no aumenta la seguridad de ningún Estado. Lo advertido por el Financial Times lo deja en evidencia.
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