
Las Pymes industriales construimos un alto expertise en crisis, sin que haya sido esa una elección para un modelo de negocios, sino una necesidad para la vida y la sobrevida de las fábricas. Durante años hemos aprendido a superar obstáculos, no sin menores conflictos, y con un precio demasiado alto para la economía argentina, ya que quedaron miles de empresas en el camino. Pero siempre es bueno hacer una diferencia de contexto y por qué ciertas medidas, como el aumento del gas en boca de pozo, parecen ir hoy a contramano de nuestra realidad.
La sociedad reconoce en las Pymes industriales la cualidad de conocer la realidad cotidiana. Luego confirmada por las estadísticas de los analistas, las fábricas pueden predecir los efectos de una medida para el bolsillo de los trabajadores, como también anticipar las necesidades de los empleados, porque la convivencia es diaria y no sólo laboral.
Cuando en la etapa de desindustrialización dijimos “Ni una Pyme menos” fue porque, a pesar de las condiciones desfavorables para sostener una fábrica en un proceso de destrucción de la producción nacional, debíamos responder por nuestro patrimonio más grande: los trabajadores, que veían cómo muchos de sus compañeros cada día quedaban fuera del mundo laboral.
Incluso aceptamos a acceder a financiación con tasas inexplicables para cualquier negocio, y le sacamos capital a la inversión para poder pagar salarios. Allí la dolarización de los insumos se volvió moneda corriente, en medio de tensiones financieras y devaluaciones constantes. El mercado, en su juego, le dio la espalda a las Pymes industriales.
Los constantes aumentos de los costos se convirtieron en un bolso lleno de gastos que deprimieron al máximo la rentabilidad de las empresas y los salarios de los trabajadores. No es necesario contar que la profunda pobreza tiene como origen la bancarrota de las Pymes industriales, que arrastraron a la economía nacional a un pozo oscuro.
Con el cambio de perfil económico en diciembre de 2019 se pudo ver una luz a lo alto, muy alto. Las perspectivas eran alentadoras, aunque los desafíos también eran demasiado elevados. Pero si las Pymes logramos sortear los ataques, estábamos más que preparados para enfrentar la esperanza, aún con una realidad esquiva.
La llegada de la pandemia prendió luces de alerta y el fin parecía inevitable. El mundo se mostraba como una gran incógnita, y ahí la figura del Estado fue fundamental para todos. Además de los ATP y Repro, como herramientas para sostener el empleo, la lucha por una reducción de las tasas de financiación, los respaldos crediticios para las Pymes industriales ya sin capacidad de acceso al mercado financiero, y un paquete de rescate a la crisis Covid dieron cuenta de un plan industrial.
Hubo una medida que fue fundamental y que persiste: la administración del comercio exterior, con fomento a las exportaciones y el cuidado de la producción nacional a través del Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI) y las Licencias No Automáticas (LNA), que se sigue perfeccionando gracias al diálogo fluido entre las entidades industriales y el Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación.
Hoy estamos ante nuevos desafíos y nuevas incertidumbres. La segunda ola de la pandemia pegó con fuerza en nuestro país, con un avance de casos que requiere una constante evaluación de parte de las autoridades gubernamentales para la toma de decisiones en materia de restricciones. Como suele suceder, las Pymes tenemos por costumbre cuidar a nuestros trabajadores y es por eso que las fábricas son seguras gracias a los protocolos sanitarios, que las convierten en un centro de detección temprana de la enfermedad.
En este contexto aparecen situaciones que parecen ir a contramano de la realidad que, a fuerza de empeño, intentan implementar los sectores productivistas del Gobierno. A escasos días de terminar abril, las Pymes industriales atravesamos un momento lleno de incertidumbre, que será mucho más dramático si se confirma la decisión de convalidar aumentos de más del 100% en el precio del gas en boca de pozo, que además están dolarizados.
Ya repasamos en esta nota todas las barreras que se interponen al crecimiento, pero esta situación se trata de un stop para muchas fábricas. Será inevitable reacomodar proyecciones, vender menos al exterior por falta de competitividad de los productos nacionales, trasladar a precios de góndolas y restringir las inversiones. Todo impactará en los bolsillos de los trabajadores y generará más pobreza.
Desde Industriales Pymes Argentinos (IPA) consideramos que se trata de un camino doloroso, pero evitable. Compartimos la necesidad de reacomodar precios, pero recordamos que el peor cliente es el que no existe. Y si se profundiza este esquema, todos los esfuerzos por mantener a salvo a cada una de las Pymes industriales y por contener el flagelo de la inflación se verán desacreditados.
Las Pymes industriales estamos para ayudar a hacer más grande al país.
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