
Según un reciente estudio del FMI, Argentina fue uno de los países más afectados por la pandemia en términos de pérdida de puestos de trabajo. Como ya es costumbre, hay que aclarar que los efectos en la economía no responden sólo al COVID-19, también responden a las decisiones de cuarentena y obligaciones de suspender actividades comerciales. Según el FMI, en Argentina se destruyó un 9% de los puestos de trabajo, por encima de países como México, Brasil, Estados Unidos, Canadá y España. Es decir, la cuarentena en Argentina pegó más fuerte a la economía que en otros países. Además, el número argentino se encuentra maquillado por medidas como prohibiciones de despidos. La capacidad de recupero en una economía postpandemia depende de la flexibilidad que tenga la economía para recuperarse y adaptarse a las nuevas condiciones de mercado.
Es de esperar que la salida de la pandemia sea un contexto de alta incertidumbre. No sabemos a ciencia cierta que tan rápida va a ser la recuperación de la economía mundial. O qué sectores se van a recuperar más rápido y cuáles más lento. Si contratar empleados es altamente costoso y riesgoso, entonces es de esperar una recuperación más lenta, así como un menor crecimiento a mediano y largo plazo. Todos entendemos este principio, aunque más no sea de manera intuitiva. Por ejemplo, las citas a ciegas desaparecerían si todo encuentro de esta naturaleza implica la obligación de contraer matrimonio. Un mercado laboral flexible ayuda a los trabajadores, dado que implica mayor predisposición por parte de los empleadores a contratar personal.
Argentina, sin embargo, tiene uno de los mercados laborales más rígidos del mundo. Según el último reporte del Economic Freedom of the World del Fraser Institute, se ubica en el percentil 16 en cuanto a flexibilidad (libertad) en el mercado de trabajo. Esto quiere decir que sólo el 16% de los países en el mundo tienen un mercado laboral más rígido. Argentina se ubica en el ranking 136 sobre un total de 162 países. Cerca de Argentina se encuentran países como Myanmar, Paquistán, Ecuador o Egipto. Entre los países con mayor flexibilidad laboral se encuentran Hong Kong, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Inglaterra y Japón. El socialismo nórdico, representado por países como Noruega, Islandia, y Suecia, tiene un mercado laboral más flexible que el argentino. No es casualidad que identifiquemos a los países con mayor flexibilidad laboral con mejores condiciones de trabajo y mayores sueldos.
Tanto para los sindicatos como para el Gobierno, hablar de flexibilidad laboral es impensable. No queda claro si es por la fuerte convicción sobre los beneficios de una economía con altos costos laborales o si es por el temor a lo difícil que es defender esa postura extrema. Indistintamente de cuál sea el motivo, la postura choca con los hechos. El mercado laboral argentino se encuentra cerca de un extremo regulatorio. ¿Cómo es posible, entonces, que tantos países tengan un mercado laboral más flexible sin perjudicar a los trabajadores? Sin necesidad de ir al otro extremo, sobra margen para discutir como flexibilizar el mercado laboral de modo tal que sea más fácil crear nuevos puestos de trabajo. Adoptar una legislación laboral como la de Noruega sería un avance.
Hace ya una década que el país está en estanflación. Es perder contacto con la realidad esperar que la salida de la pandemia nos lleve por arte de magia a un sendero de crecimiento sostenible. Habrá un rebote, por supuesto. Pero sin reformas institucionales que den respiro al mercado no hay motivos para esperar un escenario distinto que volver a la estanflación. Una seria discusión sobre una reforma laboral es uno de los tantos temas que la dirigencia política debe discutir.
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