
Escuchamos en estos días que Cristina Kirchner quiere armar un ala "celeste" de su partido. En agosto del año pasado, en la mayor manifestación provida de la historia del país, los pastores de las Iglesias Evangélicas nos advirtieron en su comunicado que en este año electoral "cientos de políticos se acercarán a las congregaciones a lo largo de toda la nación, desde pequeños pueblos hasta grandes ciudades, para obtener el apoyo y los votos de los miembros de nuestras Iglesias".
En ese mismo documento definieron que las Iglesias Evangélicas de la Argentina "han decidido en unidad, como cristianos comprometidos con el derecho a la vida, mantener una postura enfática (sic) frente a todos aquellos (políticos)" y se comprometieron públicamente a no apoyar a ningún candidato que promueva o adhiera a la legalización del aborto en el país.
La concentración Salvemos las Dos Vidas para rechazar la legalización del aborto fue convocada por la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina(Aciera), que congrega a pastores de más de 15 mil iglesias de todo el territorio nacional y representa a más de 4 millones de fieles.
Tal vez algún o algunos pocos evangélicos traicionen ese compromiso —siempre sucede en cualquier causa— y estén pensando en apoyar a algún posible candidato, como la senadora Cristina Fernández de Kirchner, quien cinco días después de nuestro pronunciamiento votó a favor de la ley de aborto. Tal vez algunos políticos que ahora pretenden acercarse al movimiento evangélico estén olvidando aquellas claras palabras de nuestros pastores, pero nosotros no las vamos a olvidar. Las vamos a tener más presentes que nunca y las vamos a hacer realidad con nuestro voto.
El momento de acercarse ya pasó, era antes de la votación en el Congreso. Ahora no golpeen a nuestras puertas. Ya es tarde. Votaron contra la vida, votaron contra nosotros. Nadie que haya votado contra nuestros principios va a conseguir nuestro voto, ni nadie que apoye a nuestros detractores va a representar a nuestro espacio.
Aquella tarde de agosto hicimos un compromiso público. Nos unimos a través de nuestros valores para consolidar una clara estrategia que la hipocresía electoral no va a poder quebrantar. No nos vamos a dejar engañar otra vez. No vamos a regalar nuestro voto ni a convertirnos en votantes descartables. Somos millones de evangélicos y católicos que junto a otros millones de votantes de otros sectores sociales no vamos a volver a caer cautivos de promesas electorales vacías, iniciativas, leyes y políticas públicas que favorezcan y promuevan la tragedia del aborto y la destrucción de las familias.
No vamos a aceptar más mentiras. No vamos a dejar que nos vuelvan a usar durante las elecciones para después hacer exactamente lo contrario a lo que nos prometieron. Aún más, vamos a recordar, vamos a informarnos y vamos a preguntar qué piensan y qué votan para empezar a ser un electorado maduro, responsable, exigente y luego vamos a velar para que cumplan cada una de sus promesas. Y cuando no nos den otras opciones electorales, vamos a generar las propias.
Solo vamos a votar a quienes se comprometan con la defensa de las dos vidas, con una educación sexual integral y una defensa de la mujer libre de ideologías; con la protección de las embarazadas en situación vulnerable; con la libertad de educación y de conciencia para cientos de familias, maestros, médicos, profesionales e instituciones que están siendo perseguidos por defender el derecho a la vida de todos los argentinos desde la concepción, que es ni más ni menos que defender la letra y el espíritu de nuestra Constitución Nacional.
Tampoco vamos a votar por aquellos que no tengan las manos limpias de corrupción y que den impunidad a los corruptos, porque estos también son nuestros principios.
Una sociedad verdaderamente democrática se construye cuando sus gobernantes son coherentes con sus valores y sus promesas electorales antes y después de las elecciones; y con votantes cada vez más conscientes de la importancia de su voto. Por eso, en octubre no olvidaremos sino que iremos a votar por nuestros valores con los ojos bien abiertos y la frente en alto.
¿Saben qué? Nos conocemos bien. Nosotros sabemos quiénes somos los que nos jugamos y arriesgamos todo por nuestra causa, no les será fácil entrar por la ventana. Solo así, aprendiendo y haciendo memoria de los errores del pasado, podremos tener gobernantes que nos representen realmente, acorde con nuestras convicciones más profundas para construir la Argentina democrática e inclusiva que soñamos, donde todos por igual, sin excluidos, tengan derecho a vivir, y a vivir dignamente.
Ya no nos vamos a callar, estamos cansados de estar sub-representados. Somos muchos.
La autora es consejera permanente de la misión argentina ante la OEA. Fue diputada nacional.
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