Comercio exterior en nutrición animal: entre regulaciones, certificaciones y tipo de cambio

Rocío Díaz, responsable de comercio exterior en la industria de nutrición para pequeños y grandes animales, describe la operatoria diaria de un sector donde lo documental define los tiempos de la cadena

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Rocío Díaz
Rocío Díaz es responsable de comercio exterior en la industria de nutrición para pequeños y grandes animales (Foto: Movant Connection)

“Puede prepararse toda la mercadería y toda la documentación, puede estar todo excelente, y aun así te piden una certificación con un resultado distinto y tenés que volver a cero”. Desde ese escenario cotidiano, Rocío describe la operatoria del comercio exterior en nutrición animal: un sector donde la coordinación entre calidad, logística y organismos regulatorios define si una operación llega a tiempo o no.

¿Qué implica ser responsable de comercio exterior en la industria de nutrición animal?

Implica acompañar la mercadería desde que sale del depósito hasta que llega al cliente, o a la inversa. Eso incluye preparar toda la documentación, coordinarla con los despachantes, verificar certificaciones, revisar si se cuenta con las cantidades pedidas y gestionar cualquier intervención que corresponda.

Pero también hay un trabajo interno importante: dar soporte al sector de logística, al depósito y a la cadena de producción para que todo esté en tiempo y en forma, tanto para el despacho como para el ingreso y la producción de la mercadería.

El sector de nutrición animal es clave dentro de la cadena agroalimentaria porque impacta directamente en la productividad ganadera y en la seguridad alimentaria. Eso hace que lo documental no sea un trámite más, sino una parte estructural de la operación.

¿Con qué tipo de mercaderías se trabaja en este sector?

Se trabaja con materias primas, aditivos y suplementos, entre otros insumos. La particularidad es que no siempre se trata del alimento en sí: hay pequeños y grandes animales, y cada cliente puede necesitar algo distinto. Muchas veces lo que se elabora es a medida, lo cual agrega complejidad a la gestión de cada operación.

¿Cuáles son los principales desafíos del día a día en este área?

Uno de los más importantes es la variación constante en el tipo de cambio. No afecta solo al momento de comprar: también impacta en el ingreso de divisas, en cómo se pagan las mercaderías y en qué porcentajes se aplican. Es algo que cambia día a día y requiere estar permanentemente actualizado.

A eso se suma el seguimiento de las regulaciones, que también varían. Por ejemplo, hace poco las terminales de carga incorporaron un sistema de turnos obligatorio para el retiro de mercadería importada, algo que antes no existía en ese tipo de instalaciones. Son cambios que modifican la operatoria y hay que anticiparlos.

También está la modificación reciente del Código Aduanero, que busca mayor claridad y más competitividad en las declaraciones. Y a nivel global, situaciones como el cierre de un estrecho por el que circula una parte significativa del petróleo, el gas y el litio terminan afectando las tarifas de los buques y otros servicios logísticos. Todo eso repercute acá.

Mencionaste las certificaciones como un punto crítico. ¿Por qué tienen tanto peso en esta operatoria?

Una certificación es una intervención obligatoria que debe presentarse ante un organismo competente —puede ser Senasa u otros— antes de que la mercadería salga o ingrese al país. No es opcional: sin esa certificación, la operación no puede avanzar.

El problema es que tienen plazos de validez y esos plazos pueden no coincidir con los tiempos reales de la operación. Quizás sacaste una certificación con 15 días hábiles y resulta que el buque se roleó y se te vence; entonces tenés que volver a cero y presentarla como urgente.

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El rol de Rocío "incluye preparar toda la documentación, coordinarla con los despachantes, verificar certificaciones, revisar si se cuenta con las cantidades pedidas y gestionar cualquier intervención que corresponda" (Foto: Shutterstock)

Además, cuando se trabaja con muchas mercaderías en simultáneo, hay que asegurarse de que cada una tenga su certificación vigente. Y a veces en una misma factura conviven mercaderías con distintos requerimientos: una puede no necesitar una certificación específica y otra sí, con tiempos de validación y documentación adicional diferente. Confundirlos tiene consecuencias directas en la cadena.

¿Qué perspectivas ves para el sector en materia regulatoria y operativa?

La tendencia es hacia mayor claridad y menos burocracia en las certificaciones y presentaciones dentro de la industria alimentaria. Se está logrando de a poco, con más control pero con procesos más ágiles en la parte documental. Es un avance que se nota en la operatoria cotidiana.

¿Qué consejo le darías a alguien que empieza en este sector?

Que se apoye profundamente en el sector de calidad y asuntos regulatorios. Puede tenerse todo perfecto en la parte documental y logística, y aun así aparecer un pedido de último momento: un catálogo, una forma de presentación, una certificación con un resultado específico, o incluso una modificación en la fórmula. Ese peso siempre cae sobre calidad.

Por eso es fundamental entender desde el principio qué tipo de mercaderías se trabajan y cómo se gestionan. Hay algunas que se pueden despachar juntas y otras que deben ir por separado. Conocer esa diferencia desde el comienzo ahorra errores que después son muy difíciles de corregir en medio de una operación.