
El camino hacia un transporte automotor de carga con cero emisiones netas enfrenta serias dificultades. Una nueva encuesta de la Unión Internacional de Transporte por Carretera (IRU), difundida en el marco del Pacto Verde, muestra que más del 70% de los operadores a nivel mundial —y más del 80% en Europa— se manifiestan preocupados por la descarbonización, pero advierten que los altos costos, la falta de infraestructura y la incertidumbre regulatoria se convierten en barreras críticas para invertir en combustibles alternativos.
El informe destaca que los costos de adquisición de vehículos con tecnologías limpias y de la energía asociada son el principal obstáculo. La situación se agrava porque muchos clientes no están dispuestos a asumir precios de transporte más elevados que compensen esas inversiones.
En Australia, un 67% de los operadores reconoce la falta de disposición de sus clientes para cubrir esos sobrecostos, mientras que en Europa el porcentaje alcanza el 58%.
Según el secretario general de la IRU, Umberto de Pretto, “si no eliminamos las barreras de costos y de infraestructura, los vehículos con combustibles alternativos serán casi imposibles de comprar y operar para muchas empresas, especialmente el 85% de los operadores a nivel mundial que son pymes”.
Limitaciones de infraestructura
Más allá de los costos, la falta de condiciones propicias es otro factor que ralentiza el cambio. En Turquía, el 70% de los operadores reporta dificultades para instalar cargadores en cocheras, mientras que en Asia Central la mitad enfrenta problemas para acceder a camiones impulsados por combustibles alternativos. En Europa, el 60% de los encuestados señala la carencia de infraestructura pública de recarga como un freno determinante.
Estos datos reflejan un cuello de botella logístico: sin disponibilidad de puntos de abastecimiento confiables y en cantidad suficiente, la adopción de vehículos eléctricos o a hidrógeno resulta inviable para la mayoría de las empresas.

Pymes en primera línea de la transición
La encuesta incluyó a operadores de Australia, Asia Central, Europa, México y Turquía, y refleja la composición real del sector: un 86% de los encuestados corresponde a pequeñas y medianas empresas. Estas compañías, responsables de gran parte del transporte por carretera, son las más expuestas a las dificultades de financiamiento e infraestructura, lo que pone en riesgo los compromisos globales de descarbonización.
Aun con estas barreras, más del 50% de los operadores planea invertir en combustibles alternativos en los próximos cinco años. Los biocombustibles aparecen como la opción más considerada, seguidos por los vehículos eléctricos. Sin embargo, el 90% de los encuestados asegura que todavía planea adquirir unidades diésel en el futuro, como reflejo de la falta de alternativas viables en el corto plazo.
Impacto en la cadena logística
La transición energética en el transporte no solo depende de las decisiones de los operadores, sino también de toda la red logística que los rodea. El estudio señala que la eficiencia de los conductores, de los vehículos y de la infraestructura disponible forman parte del análisis, así como la situación del transporte colectivo de pasajeros.
La logística global enfrenta así un doble desafío: continuar garantizando el flujo de mercancías y servicios esenciales mientras avanza hacia un modelo sostenible. En este sentido, la IRU advierte que la falta de acción coordinada puede retrasar la competitividad del sector y complicar el cumplimiento de metas climáticas.
Llamado a políticas públicas
De Pretto fue enfático al reclamar políticas concretas: “Los gobiernos deben actuar ahora para ofrecer incentivos a la inversión, reducir el riesgo y mejorar la infraestructura para que los operadores puedan tomar las mejores decisiones a largo plazo”.
El dirigente señaló que el transporte por carretera es vital para la economía mundial y que millones de operadores dependen de reglas claras y apoyo institucional para avanzar en la descarbonización.
La encuesta, publicada en un informe de 90 páginas, también analiza los enfoques regulatorios actuales y propone condiciones propicias para que el sector pueda avanzar. El documento destaca que la coordinación entre regulaciones, infraestructura y financiamiento será clave para transformar el transporte en una pieza central de la logística verde.
Perspectivas
La transición energética del transporte por carretera se perfila como uno de los grandes desafíos logísticos de esta década. Con operadores comprometidos, pero limitados por costos e infraestructura, el futuro dependerá en gran medida de las políticas públicas y de la voluntad de los clientes de acompañar el proceso.
Mientras tanto, el diésel seguirá presente en las rutas del mundo, aunque los biocombustibles y la electromovilidad asoman como alternativas en construcción. La encuesta de la IRU deja claro que la descarbonización ya no es un debate futuro, sino una necesidad urgente para la logística global.
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