
Con la experiencia de formar parte por más de 40 años de la cámara que representa a las empresas del sector que describe como “responsable del 68% del PBI del país”, Guillermo detalla las complicaciones que genera la alta carga impositiva que tiene Argentina y la necesidad de avanzar hacia una modernización laboral.
¿Cómo ves el panorama económico de Argentina y cuáles creés que son sus principales desafíos?
Creo que uno de los principales problemas de Argentina es que confunde constantemente a los mercados. Un ejemplo de eso es la industria automotriz: en 2023, un comprador se podía encontrar que no había stock y que el vehículo iba a llegar en 90 días con precio abierto. En consecuencia, compraba cualquier auto disponible, incluso si no era lo que inicialmente buscaba, porque se quería deshacer de los pesos.
En cambio, hoy la situación cambió, las compras vuelven a ser más racionales, vuelve el crédito -aunque caro, con tasas anuales del 28% al 33%- y algunas compañías ofrecen promociones de cuotas sin interés.
Además, creo que en Argentina hay muchas oportunidades desaprovechadas: tenemos el mar, pero los chinos se llevan los peces y las algas; tenemos gas y litio sin explotar adecuadamente. En la Cordillera de los Andes, Chile obtiene 45 mil millones de dólares al año en minerales, mientras que Argentina solo 4 mil millones.
Creo que esto, al menos en parte, se debe a que las sucesivas administraciones gubernamentales le han hecho un daño tremendo a Argentina y a la región.
¿Cómo analizás al mundo del trabajo en el país?
Últimamente noté que algunas familias que habían heredado grandes extensiones de tierra, en lugar de trabajar en los campos y generar ingresos con la producción agrícola, optan por celebrar fiestas continuamente en sus mansiones. Es una metáfora del país, de una Argentina que vivió de fiesta en fiesta, sin aprovechar plenamente las riquezas naturales de nuestra tierra.
Por otro lado, en mi actividad visito chacras y campos para vender mi producto. Y ahí también noté un cambio cultural. Vi que las casas de los caseros ya no tienen gallinas, tomates o repollos. Antes el casero de un campo sembraba detrás de su casa, hoy va al supermercado.
Por otra parte, en lo que refiere a las empresas y el vínculo con sus trabajadores, desde la cámara vemos la necesidad de una modernización laboral. Si tenés un emprendimiento y necesitás 15 empleados, con que uno solo de esos 15 decida hacerte una demanda laboral, el negocio podría ir a la quiebra, eso no puede seguir así. Sin embargo, no estoy sugiriendo eliminar las indemnizaciones, pero hay que corregir el sistema.

¿En qué medida la carga impositiva afecta a la competitividad de los productos argentinos?
En este país se critica mucho a los exportadores. Pero, para hacer eso, primero hay que considerar los impuestos y los salarios que hay en los países exportadores saludables. Por ejemplo, China tiene mayor competitividad porque el régimen que gobierna trata a los técnicos y a la clase baja de manera inhumana, les paga miserias.
Por el contrario, Argentina exporta impuestos, como el de seguridad e higiene, ingresos brutos, cargas internas y costo laboral. Un caso que muestra el nivel de impacto que genera la gran carga impositiva que hay en Argentina es el de los combustibles, cuyo precio se constituye en un 65% por impuestos. Eso afecta al consumo interno, a los exportadores y a quienes usan el combustible para producir. Como consecuencia, los productos argentinos quedan completamente fuera de competencia.
Ese ejemplo también permite ver que el problema no es que el productor argentino sea ineficiente, sino que el Estado lo empuja a la ineficiencia.
¿Con qué fortalezas cuenta Argentina para proyectar un mejor futuro?
Espero que podamos comprender que estamos a 15.000 kilómetros de los grandes conflictos que hay en el mundo. Por primera vez, hay dos guerras simultáneas en diferentes continentes. En Argentina tampoco tenemos problemas étnicos. Deberíamos valorar lo que tenemos.
Por otro lado, tenemos que aplaudir y promover a las pequeñas empresas y emprendedores que, a pesar de las dificultades que han enfrentado, siguen en pie gracias a su capacidad, creatividad y mejora constante de sus productos y recursos humanos.
En ese marco, considero que hay que mantener la esperanza. Porque la confianza es el respaldo de las monedas, así que si Argentina puede generar confianza en sus administraciones, podrá recuperar su economía. ¡La confianza es todo!
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