
Si bien el objetivo original de las “medidas técnicas” suele ser promover objetivos de políticas públicas, como la inocuidad de los alimentos, la sanidad animal o vegetal, o la conservación del medioambiente, estas normas que imponen requisitos a la comercialización de bienes en los distintos países, pueden crear también barreras al comercio, cuando aumentan innecesariamente los costos de los bienes que cruzan las fronteras.
Un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), visibiliza el gran impacto que las medidas técnicas tienen en el comercio intraregional de los países de América Latina y El Caribe.
Principalmente, porque las medidas técnicas de los países de la región muestran una gran heterogeneidad. Al respecto, el informe detalla que la “distancia regulatoria” entre los países latinoamericanos es del 58%, es decir, que un 58% de las medidas técnicas existentes son diferentes.
En contraste, la medida equivalente en los países de la Unión Europea es cero, ya que han logrado “la convergencia regulatoria mediante la combinación de una serie de esquemas”.
Obstáculos en aumento
La prevalencia de las medidas técnicas en América Latina y el Caribe está creciendo. De acuerdo con el informe del BID, en promedio, el 52% de los productos importados en 2020 estaban sujetos a una medida técnica, mientras que en el año 2000 ese número era de solo el 20%.
Tal como señala el organismo internacional, lamentablemente, las medidas técnicas no siempre ocupan un lugar destacado en las agendas comerciales y de integración de los países de la región.

De esta forma, estas medidas son menos visibles que los aranceles y sus efectos sobre el comercio son más difíciles de cuantificar y comprender.
Adicionalmente, la agenda comercial que aborda las medidas técnicas necesita incorporar, más allá de los ministerios de Comercio, a muchas otras agencias gubernamentales que están detrás de la redacción de estas regulaciones.
Sin embargo, esta falta de visibilidad y comprensión de las medidas técnicas no significa que no tengan impactos sustanciales en el comercio internacional.
Un gran abanico de productos “afectados”
Las medidas técnicas se pueden encontrar en muchos aspectos de nuestras vidas. Los filtros de agua, las cunas para bebés, las botellas reciclables y las cajetillas de cigarrillos comparten el hecho de ser objeto de medidas técnicas.
Desde los productos alimenticios hasta los aparatos electrónicos, los Gobiernos imponen medidas técnicas a la comercialización de muchos bienes, las cuales incluyen medidas sanitarias y fitosanitarias, así como requisitos técnicos.

En este sentido, desde el BID señalan que, “Las medidas técnicas deben ser parte de una agenda moderna de comercio e integración. En las sociedades modernas, las medidas técnicas coexisten con el comercio internacional, pero los países deben asegurarse de que su creciente uso sea compatible con una agenda adecuada de comercio e integración”.
Un impacto directamente proporcional
La heterogeneidad de medidas técnicas en la región latinoamericana ejerce un impacto negativo sobre la probabilidad de que exista comercio entre los países. Por ejemplo, un aumento de tan solo un 10% en la distancia regulatoria entre los países reduce la probabilidad de entrada al mercado en 1,18 puntos porcentuales, lo que equivale a una reducción del 16% en la probabilidad de que un producto latinoamericano ingrese al mercado promedio de la región.
Un aumento del 10% en la distancia regulatoria también reduce los volúmenes de importación intrarregionales en un 3,5%.
Dado este alto impacto, el informe del BID invita a, “examinar en detalle la relación entre las medidas técnicas y los flujos comerciales y discutir cómo los países de América Latina y el Caribe pueden cumplir con los objetivos nacionales que persiguen estas regulaciones sin socavar el comercio internacional sino, incluso, promoviéndolo potencialmente”.
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