
En nuestras extremidades hay un mundo de sensaciones. Sólo por los pies pasan siete mil terminales nerviosas. Esa es la explicación científica de por qué caminar o trotar sobre la arena, a cada pisada, trae tanto placer. Salir, descalzos, por kilómetros de costa y terminar muy lejos de donde arrancamos, casi sin darnos por enterados, es lo más normal del mundo. El tiempo vuela cuando uno la pasa bien. El tema es, más allá del placer: ¿son más los beneficios o los riesgos de esta práctica?

Correr descalzo no es para todos
Correr o trotar sin zapatillas no está recomendado para personas con sobrepeso, principiantes, corredores con lesiones o antecedentes de lesiones, y problemas de pies (óseos, articulares, y/o lastimaduras). Una cosa es estar liviano, entrenado, y tener una buena técnica de carrera. Otra muy distinta cargar kilos extras, una condición física pobre, y malas posturas que llevan a impactos agresivos para los músculos y articulaciones. Un buen calzado de running brinda además de la amortiguación que reduce impactos; estabilidad (característica clave para evitar malos apoyos y posibles lesiones).
¿Conclusión? Correr descalzos no es para cualquiera. Si los mejores atletas del mundo -con peso pluma y zancadas de gacela- no entrenan ni compiten sin zapatillas, ¿por qué hacerlo nosotros? ¿Porqué querer ser más rudos que los mismos keniatas?

Cuánto y cómo son claves
Si ya corres, y no hay lesiones ni sobrepeso, alguna vez podrías darte el gusto y meter un trote sin zapatillas. Hay que reconocer además que no todo son pálidas: descalzos activamos y reforzamos músculos que casi ni se dan por enterados que existen cuando vamos calzados. Sólo asegúrate de hacerlo por superficies parejas y limpias, sin pendientes ni pozos. Y prestá atención a los caracoles, piedras, aguas vivas, y basura: si no miras bien por donde vas, podrías resultar lastimado.
Otro dato importante: sobre la arena mojada, (más firme), es mejor. Los terrenos blandos invitan a hundirse, un verdadero atentado a los tobillos. Tampoco abuses de la cantidad. Mejor empezar tranquilo y agregar pocos minutos por vez. Por ejemplo, se puede arrancar incorporando cinco minutos después de tu entrenamiento de corrida habitual, sumar paulatinamente en futuras salidas, e ir viendo cómo responden los pies y el resto del cuerpo. Cuando uno es precavido, la vida al natural –empezando por los pies- se disfruta más.
Por Carolina Rossi, entrenadora nacional de Atletismo ISDE, entrenadora IAAF y corredora / www.carolinarossi.com.ar
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