La historia de Doña Amparito, el alma en pena que aterrorizó a la afición cementera en el Estadio Azul

Para muchos seguidores de Cruz Azul ésta leyenda fue parte de una maldición que impidió que el club lograra levantar el trofeo de campeón

Cruz Azul podría jugar en el Ciudad de los Deportes para el próximo torneo (X@joserra_espn)
La cancha de la colonia Nochebuena tiene mucha historia. (X@joserra_espn)
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Con la cercanía de las festividades de Halloween y Día de Muertos, los relatos folclóricos y las mitologías urbanas vuelven a tomar fuerza en la capital mexicana. Entre todos los mitos que envuelven a los recintos deportivos del país, existe uno en particular que ha perdurado durante décadas en la colonia Nochebuena: la leyenda de Doña Amparito, la misteriosa “mujer fantasma” que se convirtió en la presencia más temida del emblemático Estadio Azul.

Los pasillos oscuros, las vestimentas extraviadas en los vestidores y los túneles subterráneos que interconectan al coloso futbolístico con la Plaza de Toros México albergan testimonios de trabajadores, aficionado y futbolistas que aseguran haber presenciado manifestaciones sobrenaturales.

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A través del tiempo, el relato de una anciana que vaga sin descanso por las entrañas de la construcción ha pasado de boca en boca, consolidándose como uno de los enigmas populares más fascinantes de la Ciudad de México.

La afición celeste habría sido la más afectada. (REUTERS/Eloisa Sanchez)
La afición celeste habría sido la más afectada. (REUTERS/Eloisa Sanchez)

La antigua ladrillera y el trágico destino en la Nochebuena

Para comprender el origen del mito, es necesario remontarse a la época previa a la edificación de los complejos deportivos a mediados del siglo XX. A mediados de los años cuarenta, el terreno que hoy ocupan el Estadio Azul y la Plaza de Toros México albergaba una vasta zona industrial dedicada a la extracción de arcilla y la fabricación de materiales de construcción, conocida popularmente como la gran ladrillera de la zona.

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De acuerdo con las crónicas tradicionales y la memoria popular, en ese perímetro habitaba una humilde mujer llamada Amparo —a quien todos se referían con respeto como Doña Amparito— junto a su esposo Juan. El hombre laboraba activamente en los extenuantes trabajos de la ladrillera hasta que un fatídico accidente en el área de trabajo le arrebató la vida de manera intempestiva.

Tras la pérdida de su compañero, Doña Amparito quedó completamente sola y desprotegida en la zona. Cuando las autoridades y los empresarios inmobiliarios adquirieron los predios con la intención de edificar el magno proyecto deportivo, iniciaron las gestiones para desalojar a las familias y comercios de los terrenos. Pese a las presiones de los propietarios para que abandonara la modesta propiedad que habitaba, la mujer se negó sistemáticamente a dejar el lugar donde guardaba los recuerdos de su difunto esposo.

Sin embargo, el desenlace de su historia dio un giro drástico. Al momento en que las cuadrillas de desalojo acudieron al inmueble para concretar su retiro definitivo, Doña Amparito había desaparecido sin dejar rastro alguno.

En la vivienda únicamente quedaron abandonadas algunas pertenencias personales, entre las que destacaban vestidos antiguos, accesorios y variadas imágenes religiosas. Se especula que, al momento de iniciar las masivas excavaciones para cimentar las pesadas gradas del inmueble, aquellos objetos —e incluso el cuerpo o el espíritu de la mujer— quedaron simbólicamente sepultados bajo las toneladas de concreto que dieron forma a los estadios.

El inmueble albergó durante años al equipo de La Noria. (REUTERS/Eloisa Sanchez)
El inmueble albergó durante años al equipo de La Noria. (REUTERS/Eloisa Sanchez)

La aparición en las entrañas del estadio y la supuesta “maldición”

Con el paso de los años y la consolidación del Estadio Ciudad de los Deportes (más tarde rebautizado como Estadio Azul), las historias sobre avistamientos inusuales comenzaron a ganar terreno. Quienes laboraban en las instalaciones a altas horas de la noche —mantenimiento, personal de seguridad y utileros— empezaron a reportar ruidos extraños, corrientes de aire helado y la silueta encorvada de una anciana que caminaba lentamente por los pasillos interiores.

Uno de los puntos con mayor actividad paranormal según los testimonios era el pasadizo o túnel subterráneo que conecta internamente al estadio de futbol con la Plaza de Toros México. Se rumoraba que el alma en pena de Doña Amparito recorría esta vía de comunicación y que, en un plano de travesura o reclamo por el despojo de su hogar, escondía o cambiaba de lugar la ropa, los zapatos y los tachones de los futbolistas y miembros del cuerpo técnico antes o después de las prácticas.

Esta presencia nocturna alimentó no solo el temor entre los trabajadores del lugar, sino que terminó entrelazándose con la propia historia deportiva del club Cruz Azul durante sus décadas de estancia en el inmueble. La voz popular no tardó en atribuirle a la figura de Doña Amparito una presunta “maldición” que afectaba el rendimiento del equipo en momentos clave, justificando mediante el mito la larga racha de finales perdidas y la sequía de títulos de liga que acompañó a la institución cementera durante su permanencia en la colonia Nochebuena.

Una presunta maldición rodea al estadio. (REUTERS/Eloisa Sanchez)
Una presunta maldición rodea al estadio. (REUTERS/Eloisa Sanchez)

Pese a la enorme arraigo de esta narración en la cultura futbolística local, no existen evidencias documentales ni pruebas verificables de la época que demuestren de manera científica la existencia real de Doña Amparito o la veracidad de los eventos paranormales reportados. Sin embargo, en el contexto del folclor mexicano, la falta de verificación no le resta impacto al relato.

Historias como la de Doña Amparito reflejan cómo el crecimiento urbano, la transformación de espacios industriales en centros de entretenimiento masivo y el fervor deportivo se fusionan para crear una identidad propia en los barrios de la capital. Aunque el estadio ha cambiado de nombre y de inquilinos a lo largo de las décadas, la leyenda de la mujer que se convirtió en el terror del Estadio Azul permanece viva en la memoria colectiva de la afición y de los vecinos de la zona.

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