A 58 años de la inauguración de México 68: quién fue la primera mujer en encender el pebetero olímpico

Esta edición será recordada por abrir espacios para las mujeres en el deporte y colocar su participación en el centro de la escena olímpica

México también se convirtió en el primer país latinoamericano en albergar unos Juegos Olímpicos. (Foto: Twitter)
México también se convirtió en el primer país latinoamericano en albergar unos Juegos Olímpicos. (Foto: Twitter)
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El 12 de octubre de 1968 se inauguraron los Juegos Olímpicos de México 68, evento que representó un parteaguas para el movimiento olímpico y dejó una huella en la historia deportiva del entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México.

La ceremonia inaugural dejó una imagen que trascendió generaciones. Enriqueta Basilio se convirtió en la primera mujer en encender el pebetero olímpico, un momento que marcó un precedente dentro del deporte mundial.

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México hizo historia al convertirse en el primer país de América Latina en recibir unos Juegos Olímpicos. La justa reunió a atletas de distintas partes del mundo y colocó a la capital mexicana en el centro de la atención internacional.

Enriqueta Basilio, la atleta que rompió con el estereotipo y le dio visibilidad a las mujeres

Enriqueta Basilio fue la primera mujer en encender una llama olímpica. Lo hizo en México 1968 (Foto: AP)
Enriqueta Basilio fue la primera mujer en encender una llama olímpica. Lo hizo en México 1968 (Foto: AP)

Hace 58 años, el 12 de octubre de 1968, Enriqueta Basilio cumplió el último relevo de la antorcha olímpica en el Estadio Olímpico Universitario de la UNAM. La atleta recorrió la pista y subió las escaleras hasta el pebetero para encender la llama de los Juegos Olímpicos de México 1968.

La ceremonia ocurrió ante un estadio lleno, en una Ciudad de México que todavía vivía las consecuencias de la matanza estudiantil del 2 de octubre. Diez días después de esos hechos, el país inauguró los Juegos de la XIX Olimpiada bajo la mirada de delegaciones y medios de todo el mundo.

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Basilio practicaba atletismo y llegó al estadio como parte de un relevo que culminaba con el encendido del pebetero. Su presencia en ese punto de la ceremonia rompió con una tradición olímpica que hasta entonces había reservado ese momento para atletas hombres.

Para la corredora, la designación representaba una meta personal. También ocurría en un año en el que los movimientos por los derechos de las mujeres tomaban fuerza en distintos países y cuestionaban las limitaciones impuestas a su participación en la vida pública, laboral, política y deportiva.

La mexicana recordaba ese momento como una responsabilidad que superaba el acto protocolario de encender la llama:

“No sólo prendí el fuego olímpico, encendí el corazón de las mujeres”, asegura Queta Basilio para el periódico de la UNAM.

La exdeportista sostenía que el relevo la colocaba como representante de las mexicanas y de las mujeres del mundo: “Me tocó ese privilegio, como mujer, como representante de la mujer mexicana, como la mujer del mundo”, dijo sobre una imagen que quedó asociada a México 1968.

La atleta se concentró en subir las escaleras hacia el pebetero

Enriqueta Basilio tenía 20 años cuando realizó la hazaña de prender el pebetero. (Foto: Wikipedia
Enriqueta Basilio tenía 20 años cuando realizó la hazaña de prender el pebetero. (Foto: Wikipedia

Durante el recorrido, Basilio dejó de percibir el ruido que provenía de las gradas. La magnitud de la ceremonia y la cantidad de personas reunidas en el Estadio Olímpico Universitario no alteraron su objetivo: llegar al pebetero y encender la llama.

La atleta explicó que su atención se redujo a cada escalón que debía subir: “Mis padres estaban en la entrada, mi mamá muy nerviosa, yo creo que no me vio porque estaba rezando el rosario, mi hermana tomando fotos”, relató.

Su familia siguió la ceremonia desde las tribunas. Basilio recordó la escena como un momento que no pudo comprender por completo mientras ocurría, debido a la presión y a la concentración que exigía el recorrido final de la antorcha:

“Fue extraordinario, pero no alcanzaba a comprender qué es lo que estaba haciendo yo ahí”, contó.

Con los años, la dimensión de aquel momento se hizo más clara para la exatleta durante sus viajes y los encuentros con personas que reconocían su participación en los Juegos Olímpicos.

“Después, te vas dando cuenta, cuando viajas por el mundo y te reconoce alguien, es maravilloso”, afirmó Basilio.

La imagen de la atleta frente al pebetero se mantuvo como una de las postales de la ceremonia inaugural de México 1968.

El encendido de la llama tuvo un sentido de solidaridad y justicia

Soraya Jiménez (Foto: Twitter@CONADE)
Lo hecho en México 68 abrió la puerta para que las mujeres tuvieran mayor visibilidad en el deporte. (Foto: Twitter@CONADE)

Para Enriqueta Basilio, encender la llama olímpica no se limitó a representar a México ante el mundo. La atleta dio a ese momento un sentido de solidaridad y de lucha por la justicia, así como por una mayor participación de las mujeres en todos los ámbitos.

Su presencia en el último relevo ocurrió cuando la participación femenil en el deporte enfrentaba barreras y restricciones.

Basilio cruzó la pista, recibió la antorcha y subió hasta el pebetero frente a miles de asistentes, en una ceremonia que dejó una referencia para futuras generaciones de atletas.

El encendido de la llama colocó a una mujer mexicana en el centro de los Juegos Olímpicos. A 58 años de aquella noche, el recorrido de Enriqueta Basilio mantiene su vínculo con la exigencia de mayores derechos y espacios para las mujeres.

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