INAH confirma hallazgo en Puebla del observatorio solar más antiguo fuera del área maya

El conjunto de Teteles de Ávila Castillo permitió registrar ciclos solares y fechas agrícolas hace más de 2,500 años, según investigaciones sobre su arquitectura ceremonial

Tres vacas sobre una colina verde en un entorno rural al atardecer con montañas al fondo
El complejo astronómico sería el único y más antiguo registrado en la otrora Mesoamérica, fuera del área maya, comparable con el de Uaxactún. Foto: Secretaría de Cultura
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El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó que un complejo arquitectónico de Teteles de Ávila Castillo, en la Sierra Norte de Puebla, funcionó como un observatorio astronómico solar hace más de 2,500 años. De acuerdo con el comunicado de la Secretaría de Cultura, se trata del primero registrado fuera del área maya.

La conclusión deriva de análisis comparativos de urbanismo mesoamericano realizados por el Proyecto Arqueológico Teteles de Ávila Castillo. Las investigaciones han permitido establecer que la distribución del conjunto conocido como Grupo E de Tetelihtic, así como la orientación de sus estructuras piramidales, respondía al conocimiento de los astros.

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El descubrimiento también aporta información sobre la relación entre arquitectura ceremonial, observación del Sol y ciclos agrícolas, además de abrir nuevas líneas de estudio sobre los posibles vínculos del asentamiento con poblaciones mayas, huastecas y totonacas.

¿Cómo era el observatorio solar de Teteles de Ávila Castillo?

El director del proyecto arqueológico, Alberto Diez Barroso Repizo, explicó que el asentamiento constituye un ejemplo sobresaliente del urbanismo prehispánico. Su organización consideró tanto el paisaje circundante —incluidos los cerros de la sierra— como el horizonte astronómico.

Por estas características, el investigador del Centro INAH Puebla señaló que el sitio “resultará un referente para los estudios mesoamericanos en la materia”.

El Grupo E de Tetelihtic se encuentra al este de la Gran Plaza del recinto ceremonial. Está integrado por un patio cuadrangular flanqueado por dos basamentos ubicados en sus extremos oriental y occidental:

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  • Basamento este: una estructura alargada de 90 metros de sur a norte y 40 metros de este a oeste.
  • Basamento oeste: una construcción de menores dimensiones, con 46 metros de norte a sur y 27 metros de este a oeste.
  • Punto de observación: el basamento occidental funcionaba como el lugar desde el cual se realizaban las observaciones.

La disposición de estas estructuras permitió identificar una organización vinculada con el seguimiento de los movimientos del Sol y su relación con fechas relevantes para las comunidades antiguas.

¿Por qué el INAH lo compara con un observatorio del área maya?

Según Diez Barroso Repizo, la traza del conjunto de Teteles es idéntica a la de complejos del área maya, entre ellos el Grupo E de Uaxactún, ubicado en el Petén guatemalteco.

“La traza de este conjunto es idéntica a los del área maya”, explicó el arqueólogo al describir las semejanzas que sustentan la comparación.

El investigador indicó que el conjunto poblano duplica en dimensiones al de Uaxactún y situó ambos referentes en el Preclásico Medio, entre 1000 y 600 a.C. En el caso de Teteles, destacó su antigüedad dentro del territorio mexicano.

La relevancia del hallazgo radica en que permite estudiar este tipo de arquitectura astronómica fuera del área maya, así como explorar la manera en que distintos grupos de Mesoamérica incorporaron conocimientos del cielo a sus espacios ceremoniales.

El observatorio registraba fechas del calendario y de la cosecha

Una de las particularidades del observatorio solar de Puebla es que el centro del basamento alargado no estaba destinado a marcar los equinoccios, de acuerdo con el responsable del proyecto.

“Servía para fijar el inicio del calendario prehispánico mesoamericano en febrero, y la cosecha en octubre”, detalló Alberto Diez Barroso.

Esta función relaciona el conjunto con la organización del tiempo y las actividades agrícolas. El investigador consideró que esa característica lo convierte en un elemento complejo y único.

Añadió que el basamento oriental constituye un calendario solar: las observaciones realizadas permitieron verificar que, desde su frente y al amanecer, es posible seguir la trayectoria del astro al inicio de los equinoccios y los solsticios.

El estudio distingue, por tanto, distintas funciones dentro del mismo complejo: la identificación de fechas del calendario y la observación de momentos específicos del ciclo solar.

¿Qué revela Tetelihtic sobre los pueblos que habitaron Puebla?

El descubrimiento también abre preguntas sobre la identidad y los vínculos culturales de los antiguos habitantes de Tetelihtic. Para el especialista, el observatorio aporta elementos al estudio de la filiación etnolingüística maya de los grupos huastecos.

El comunicado plantea que la presencia maya en Teteles podría remontarse a un milenio antes de nuestra era. Esta interpretación forma parte de las líneas de investigación del proyecto y no equivale a una identificación definitiva de todos sus pobladores.

Otra hipótesis propone que en el sitio podrían encontrarse antecedentes de la cultura totonaca, que posteriormente floreció en la región serrana y el norte de la Costa del Golfo.

“Esto nos hace sostener que sus pobladores originales eran antepasados de los grupos totonacos”, expresó el arqueólogo al explicar su interpretación de las evidencias.

El proyecto también estudia un posible vínculo con la diosa nahua Nantehuitz, denominada “nuestra madre del sur”, debido a la orientación de la estructura mayor con Canopus, la segunda estrella más brillante del cielo nocturno.

¿Cuándo fue abandonado el asentamiento de Teteles?

Tetelihtic estuvo en funciones entre el Formativo Medio, alrededor de 900 a.C., y el Protoclásico, hacia 100 d.C. Su abandono parcial ocurrió en la época en que emergieron centros como Cantona, Cholula y Teotihuacán, explicó el investigador.

Sin embargo, el lugar conservó una función ritual después de esa etapa. Varias ofrendas fechadas entre 100 y 600 d.C., localizadas en la periferia del recinto ceremonial, indican que continuó utilizándose como espacio de culto.

Además, se encontró una ofrenda totonaca de entre 600 y 900 d.C. en uno de sus basamentos. El especialista interpretó este hallazgo como evidencia de que el asentamiento ya estaba abandonado para entonces y lo vinculó con su hipótesis sobre los antepasados de las poblaciones de Yohualichan, en Cuetzalan, Puebla, y El Tajín, Veracruz.

Para la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, las investigaciones muestran sociedades que integraron conocimientos astronómicos a sus espacios ceremoniales. “Reconocer esa capacidad científica es también reconocer una parte fundamental de nuestra historia”, señaló.

Con apoyo del Ayuntamiento de Teteles de Ávila Castillo y la asociación civil Tzoncoyotl, el descubrimiento se divulgó mediante una conferencia y una muestra fotográfica inaugurada en el sitio el fin de semana previo al comunicado del 13 de octubre de 2026.

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