Las 3 alcaldías de la CDMX donde es casi imposible descansar por culpa de los vecinos ruidosos

Una investigación de la Universidad Iberoamericana identificó que la convivencia en ciertas zonas de la Ciudad de México enfrenta una mayor probabilidad de conflictos por contaminación acústica

Una mujer con las manos en los oídos sobre una calle transitada por autobuses, taxis y peatones junto a un letrero de contaminación acústica.
El ruido dejó de ser solo una molestia cotidiana para convertirse en una fuente frecuente de enfrentamientos en las ciudades mexicanas. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las alcaldías ubicadas en la zona central de la Ciudad de México concentran las mayores probabilidades de conflictos por ruido entre vecinos, según una investigación de la Universidad Iberoamericana basada en datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) 2024.

El estudio analiza qué ocurre, quiénes se enfrentan, cómo influye el tipo de vivienda, cuándo aparecen las disputas y por qué el ruido puede escalar hasta la violencia.

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Cuauhtémoc, Benito Juárez y Miguel Hidalgo figuran entre las zonas donde más se concentra este problema.

La investigación asocia ese resultado con la presencia de edificios de departamentos, la cercanía entre viviendas y las dificultades para aislar los sonidos que provienen de hogares, calles o comercios.

Cuauhtémoc, Benito Juárez y Miguel Hidalgo concentran los conflictos por ruido

Los mapas de calor elaborados para la investigación ubicaron a Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Benito Juárez entre las alcaldías con mayor probabilidad de enfrentamientos relacionados con la contaminación acústica.

El análisis también incluyó a Venustiano Carranza e Iztacalco dentro de las zonas con mayor concentración de este tipo de conflictos en la capital.

La conclusión no indica que todas las personas que viven en esas alcaldías tengan problemas con sus vecinos. El estudio establece que allí existe una probabilidad más alta de enfrentar disputas vinculadas con sonidos que alteran el descanso o la convivencia.

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La densidad de construcción aparece como uno de los elementos asociados con ese patrón. En las zonas donde se concentran edificios de departamentos, las viviendas comparten muros, pasillos, patios y espacios cercanos que facilitan la propagación de los sonidos.

La investigación señala que las fiestas nocturnas, la música a alto volumen, el tránsito de motocicletas, los ruidos de la calle y las actividades de negocios cercanos pueden convertirse en motivo de confrontación.

Cuando el análisis se desplaza hacia municipios periféricos del Estado de México, donde predominan las casas independientes, disminuye la probabilidad de que surjan estos enfrentamientos.

El contraste territorial refuerza una de las hipótesis del trabajo: las condiciones habitacionales y urbanas influyen en la posibilidad de descansar y convivir sin que el ruido provoque reclamos.

Infografía con texto, mapas de la Ciudad de México e ilustraciones de edificios, casas, un altavoz y una motocicleta.
Alcaldías de la Ciudad de México que concentran la mayor probabilidad de conflictos por ruido. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Universidad Iberoamericana identificó a los vecinos como los principales involucrados

La investigación fue realizada por Oscar A. Martínez-Martínez, profesor-investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas, y Miguel A. Martínez-Ríos, estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana.

El trabajo forma parte de una serie de estudios sobre Ruido y Bienestar. Sus autores utilizaron información de la ENSU 2024 y un modelo estadístico de probabilidades para examinar los conflictos derivados de la contaminación acústica en ciudades mexicanas.

Los vecinos encabezan los casos reportados: aparecen en 44% de las situaciones conflictivas por ruido. Los desconocidos en la calle ocupan el segundo lugar, con 42%, mientras que los establecimientos comerciales se ubican en el tercero, con 41%.

La presencia de personas ajenas al entorno inmediato y de comercios cercanos muestra que las disputas no se reducen a los departamentos o las unidades habitacionales.

El espacio público también forma parte del problema. Una persona puede tener un conflicto con alguien que circula por su calle o con un establecimiento cuya actividad afecta el descanso de quienes viven alrededor.

Cerca de 44% de las personas que habitaban zonas urbanas había vivido alguna situación conflictiva relacionada con el ruido. El dato permite dimensionar que no se trata de una molestia aislada, sino de una fuente frecuente de tensión en las ciudades.

Vivir en un departamento eleva 60% la posibilidad de un conflicto

El tipo de vivienda modifica la exposición a estas disputas. Quienes viven en departamentos dentro de un edificio tienen 60% más probabilidades de reportar un enfrentamiento por ruido que quienes habitan una casa independiente.

La proximidad entre hogares puede hacer que actividades cotidianas de una familia sean percibidas como una molestia por otra. Los muros compartidos, la falta de aislamiento acústico y la cercanía entre espacios habitables agravan esa situación.

La investigación sitúa a la vivienda como una variable que condiciona la convivencia. El descanso no depende solamente de los hábitos de cada persona, sino también de la capacidad de los inmuebles para contener o reducir la transmisión de sonidos.

Los resultados plantean además una dimensión de desigualdad. No todas las personas cuentan con las mismas condiciones para protegerse de la contaminación acústica ni con las mismas posibilidades de tener un entorno silencioso.

En la Zona Metropolitana de Guadalajara, el municipio central mostró una probabilidad media de conflictos por ruido. Zapopan, Tlaquepaque y Tlajomulco de Zúñiga aparecieron en el nivel más bajo del análisis.

La Zona Metropolitana de Monterrey presentó una distribución más homogénea. Allí, las probabilidades fueron bajas y ningún municipio concentró el problema como las alcaldías centrales de la Ciudad de México.

Una mujer recostada en un sofá se tapa los oídos con sus manos y una manta frente a una ventana por la que se ven vecinos en una fiesta.
Quienes viven en departamentos dentro de un edificio tienen 60% más probabilidades de reportar un enfrentamiento por ruido que quienes habitan una casa independiente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los empujones y las armas elevan el riesgo de violencia

El estudio examinó qué factores pueden hacer que una disputa por ruido se transforme en una agresión. Los empujones elevan 30% la probabilidad de que un conflicto escale.

El incremento más alto apareció en los casos donde una persona sufrió una herida por arma de fuego durante un enfrentamiento. Esa circunstancia aumentó la probabilidad de escalamiento en 346%.

Los autores advirtieron que los episodios de violencia extrema son poco frecuentes. Aun así, los datos muestran que una discusión iniciada por un sonido molesto puede derivar en consecuencias graves.

El diálogo ofrece una señal distinta. La conversación entre las partes reduce 20% la probabilidad de que se presente un conflicto por ruido, según el modelo estadístico utilizado por los investigadores.

El contacto con autoridades no mostró una asociación estadísticamente significativa con la reducción de estas disputas. Para los autores, ese resultado deja abierta la necesidad de mecanismos de mediación y conciliación que permitan atender los desacuerdos antes de que deriven en agresiones.

Jimena de Gortari Ludlow pidió tratar el ruido como un problema de salud pública

La doctora Jimena de Gortari Ludlow, coordinadora de la Licenciatura en Arquitectura de la IBERO, advirtió que el ruido no debería considerarse una simple incomodidad cotidiana.

“El ruido siempre aparece como motivo de conflicto y motivo que genera violencia”, señaló la especialista de la Universidad Iberoamericana.

La académica sostuvo que reclamar el derecho a la tranquilidad puede convertirse en una situación de riesgo. También alertó sobre la normalización de sonidos como cláxones, motocicletas, aviones, helicópteros, anuncios ambulantes y música a distintos volúmenes.

“El ruido es un problema de salud pública, es pernicioso para la salud, para el tema social, para la comunicación, para un montón de cosas, incluso económicas”, afirmó de Gortari Ludlow.

La especialista explicó que el oído permanece activo durante las 24 horas. Aunque una persona no centre su atención en lo que escucha, el cerebro continúa recibiendo información del entorno.

La intensidad del sonido y el tiempo de exposición definen la afectación. Para la coordinadora, los efectos no recaen solo sobre quien recibe el ruido, pues también pueden alcanzar a quien lo produce.

Un hombre asiático de pie, con sudadera gris y pantalón oscuro, se cubre los oídos con las manos, los ojos cerrados y el rostro contraído sobre un fondo blanco.
“El ruido es un problema de salud pública, es pernicioso para la salud, para el tema social, para la comunicación, para un montón de cosas, incluso económicas”, afirmó de Gortari Ludlow. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La IBERO propuso mapas de ruido y acuerdos vecinales

De Gortari Ludlow señaló que hacen falta mapas públicos de ruido y herramientas que permitan conocer cuántos decibeles se registran en distintos puntos de las ciudades.

La académica también identificó vacíos en la atención de conflictos dentro de viviendas particulares. Algunas autoridades pueden intervenir ante ruidos generados por establecimientos mercantiles, iglesias y otros espacios, pero los problemas entre vecinos presentan mayores dificultades.

La especialista planteó fortalecer las normas de construcción, impulsar políticas públicas y promover una cultura de respeto al descanso. Desde la arquitectura, propuso incorporar materiales y soluciones que reduzcan la propagación del sonido.

“El sonido también es un elemento más a diseñar”, afirmó.

La propuesta incluye acuerdos vecinales sobre horarios y niveles de volumen, sobre todo durante la noche. La intención no es impedir reuniones o actividades recreativas, sino establecer condiciones de convivencia entre quienes comparten un mismo entorno.

La académica también sugirió recuperar los vínculos entre vecinos y reforzar los comités vecinales. Su planteamiento apunta a que el diálogo, la conciliación y el diseño de viviendas con mejores condiciones acústicas eviten que una discusión por ruido termine en violencia.

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