A 25 años de las Torres Gemelas, Ronald Johnson advierte a México: “Los cárteles no son simplemente organizaciones dedicadas al narcotráfico”

La clasificación promovida por la administración de Donald Trump añade herramientas legales y presión política, pero en México alimenta temores sobre intervenciones sin consentimiento

En un acto por los 25 años de los atentados, el embajador Ronald Johnson vinculó la violencia del crimen organizado con la lógica posterior a 2001 y defendió una designación que reabre fricciones bilaterales. (Infobae-Itzallana)
En un acto por los 25 años de los atentados, el embajador Ronald Johnson vinculó la violencia del crimen organizado con la lógica posterior a 2001 y defendió una designación que reabre fricciones bilaterales. (Infobae-Itzallana)
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En el marco del 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre, el embajador de Estados Unidos en México, Ron Johnson, utilizó su discurso conmemorativo para trazar una línea directa entre el terrorismo que golpeó a su país en 2001 y la amenaza que, según Washington, representan hoy los cárteles de la droga que operan en territorio mexicano.

El mensaje central: “el terrorismo cambia de rostro, pero sigue siendo terrorismo”

Durante la ceremonia realizada este 11 de septiembre de 2026 en la sede diplomática de la Ciudad de México, Johnson —quien habló en representación del presidente Donald Trump— sostuvo que el mundo actual es distinto al de hace 25 años, pero advirtió que las organizaciones terroristas simplemente se adaptan: cambian sus métodos, cambian sus redes, aunque su naturaleza permanece intacta.

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De ahí trasladó el argumento hacia los cárteles, al recordar que Trump los designó como Organizaciones Terroristas Extranjeras y precisar que, para Washington, estos grupos “utilizan el asesinato, la violencia, la corrupción y la intimidación para controlar comunidades y amenazar a nuestra gente”.

El discurso no fue un hecho aislado: se suma a una serie de pronunciamientos que el embajador ha hecho en las últimas semanas, entre ellos su llamado del 3 de septiembre a “golpear las finanzas de los cárteles”, en el marco de la cooperación con el gobierno mexicano.

La otra cara: lo que ha dicho y hecho México

Mientras Washington endurece el discurso, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido una postura constante de rechazo a la etiqueta de “terroristas” para los cárteles, sin dejar de reconocer que son grupos delictivos que deben combatirse.

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Desde que Estados Unidos formalizó la designación —que hoy incluye a Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación, el del Golfo, el del Noreste, La Nueva Familia Michoacana y Cárteles Unidos, entre otros—, Sheinbaum ha insistido en que esa clasificación no debe usarse como pretexto para una intervención militar o una invasión de territorio mexicano.

Como respuesta directa, su gobierno impulsó una reforma al artículo 40 constitucional para blindar el principio de no injerencia extranjera y ha reiterado, en distintas ocasiones, que la relación bilateral debe basarse en “colaboración y coordinación, nunca subordinación”.

La mandataria también ha recuperado un argumento histórico: citó las memorias del expresidente Miguel de la Madrid, quien advirtió que Washington ha usado el combate al narcotráfico como pretexto para influir en las decisiones internas de México. Bajo esa lógica, Sheinbaum ha calificado la designación terrorista como parte de una presión política más amplia, más que como una herramienta puramente de seguridad.

Una herramienta con doble filo

Analistas y el propio gobierno mexicano han señalado que la designación terrorista funciona, en la práctica, como una herramienta de presión más allá de su efecto jurídico inmediato: habilita sanciones financieras, bloqueo de activos y —según ha advertido Sheinbaum— abre la puerta a interpretaciones que podrían justificar acciones unilaterales, como ya lo sugirió el propio Johnson durante su proceso de confirmación en el Senado, cuando no descartó una acción militar en territorio mexicano sin previo aviso a las autoridades del país, si estuviera en riesgo la vida de un ciudadano estadounidense.

El contraste de fondo

El discurso de este 11 de septiembre resume esa tensión: por un lado, Johnson recordó el gesto solidario de Los Topos en 2001 y habló de una “amistad” bilateral que “da resultados” con Sheinbaum; por otro, insistió en que los cárteles representan una amenaza que Estados Unidos vigilará de cerca, en un tono que México interpreta —al menos en el discurso oficial— como parte de una presión histórica más que como una alianza entre iguales.

*Información en desarrollo

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