Lo conoció en Facebook y se casó el primer día en Pakistán: La historia de la mexicana que arriesgó todo

La relación avanzó con rapidez. Él le explicó que en el islam no existe el noviazgo como ella lo entendía: si una mujer le gustaba, debía casarse con ella para poder conversar y establecer una relación. Primero le dijo que quería casarse en tres días.

Una novia vestida de rojo y un novio con traje claro y turbante permanecen sentados tomados de la mano mientras varias personas aplauden.
Una pareja integrada por una mujer mexicana y un hombre pakistaní sonríe durante la celebración de su boda tradicional en Pakistán rodeada de sus invitados. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La conoció en Facebook mientras buscaba a una mujer con quien pudiera establecer una relación bajo las reglas del islam. Él le escribió varias veces, aunque al principio ella no entendía lo que decía porque ninguno de los dos dominaba el inglés. Él hablaba urdu y panyabí, las lenguas de su región, y aprendió inglés para comunicarse con ella. Ella, por su parte, respondía con distancia: no tenía pasaporte, nunca había salido de México y tampoco conocía la cultura de Pakistán.

Así contó su historia María Fernanda Barranco en el canal de youtube Xoque Kultural Clips.

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La relación avanzó con rapidez. Él le explicó que en el islam no existe el noviazgo como ella lo entendía: si una mujer le gustaba, debía casarse con ella para poder conversar y establecer una relación. Primero le dijo que quería casarse en tres días.

Ella pensó que estaba loco porque apenas lo conocía y todavía no había hablado con sus padres. Después, las conversaciones entre las dos familias comenzaron con ayuda de traductores. El padre de él habló con el padre de ella y le planteó la posibilidad del matrimonio.

Una mujer sostiene un teléfono celular junto a una taza y un pan dulce, con capturas de chat superpuestas en la pantalla.
Una mujer sentada en una cafetería en Ciudad de México intercambia mensajes de texto mediante una aplicación con un hombre ubicado en Pakistán. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La noticia provocó preocupación entre sus familiares y amigos. Su padre le preguntó cómo pensaba viajar al otro lado del mundo para casarse con un hombre al que nunca había visto en persona.

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Sus compañeros de universidad le advirtieron que en Pakistán no conocería el idioma ni las costumbres y que, según los estereotipos que circulaban en México, las mujeres no tenían libertad ni valor social.

Ella escuchó las advertencias, pero decidió viajar porque el hombre le gustaba y porque él le había asegurado que jamás se divorciarían. “Este me va a aguantar”, pensó entre risas.

Antes de conocerlo, ella le contó que ya había estado casada y que tenía un hijo. Él respondió que su familia la aceptaba. También le propuso convertirse al islam, pero ella se negó. Le explicó que no podía adoptar una religión que no conocía y que prefería mantenerse fiel a sus creencias.

Un hombre y una mujer sonrientes sentados en un sofá sostienen un portarretratos dentro de una sala con estantes.
Una mujer mexicana y un hombre pakistaní sonríen abrazados mientras observan una fotografía en la sala de un hogar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Él aceptó la condición y le planteó un plan: ella viajaría primero a Pakistán, ambos se casarían y después él regresaría con ella a México.

El viaje ocurrió a comienzos de 2020, cuando la pandemia todavía no había cerrado las fronteras. La obtención de la visa fue complicada. Él se encargó del trámite desde Pakistán porque la página de la Autoridad Nacional de Bases de Datos y Registro (NADRA) estaba en inglés y ella no sabía cómo completar el proceso.

El acuerdo inicial consistía en que cada uno pagaría un boleto de avión, pero ella tampoco sabía comprar un vuelo. Encontró en Facebook un anuncio que ofrecía un supuesto viaje a Pakistán por 16 mil pesos con Aeroméxico. Depositó el dinero y después descubrió que el boleto nunca existió.

Convencida de que había perdido la oportunidad de viajar, decidió cancelar la relación. Su madre le había prestado dinero de su jubilación y ella sentía que no podía regresar a pedirle más ayuda.

La familia de él resolvió el problema de otra manera: su suegro renunció a su trabajo en un hospital para reunir el dinero y compró los pasajes con Emirates, además de pagar la visa, que le permitía permanecer un mes en Pakistán.

Su madre y su hermano la acompañaron al aeropuerto. Antes de partir, su hermano le sugirió que llevara dulces mexicanos y grabara la experiencia. Él seguía los videos de Luisito Comunica y le dijo que nadie transmitía desde Pakistán, mucho menos una mujer mexicana.

Ella rechazó la idea al principio, porque no sabía grabarse y llevaba un celular roto, pero el viaje terminó por convertirse en el origen de su canal de YouTube.

Cuando llegó a la región de Sargodha, en el pueblo de Kot Mohammed Mehmad, descubrió un lugar muy distinto al que había imaginado. Las calles no estaban pavimentadas, el drenaje permanecía abierto, había basura, escaseaba la iluminación y varios niños caminaban descalzos.

El calor era extremo y el olor de las calles la sorprendió. Mientras avanzaba con sus maletas, los vecinos salían de sus casas para observarla. Muchos ni siquiera sabían que era mexicana: para ellos, cualquier persona proveniente de América era identificada como estadounidense.

La llegada provocó curiosidad en todo el pueblo. Varias personas querían fotografiarse con ella porque en aquella época casi no había turistas extranjeros en la zona. Ella se sintió observada como si fuera una celebridad, aunque todavía no conocía las reglas sociales que debía seguir en su nuevo entorno.

Una mujer vestida de azul arrastra una maleta por un camino de tierra rodeado de casas de ladrillo y habitantes locales con ropa tradicional.
Una mujer camina con su equipaje por una calle sin pavimentar en una zona rural de Asia del Sur mientras los residentes locales la observan desde las puertas de sus casas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin papel y con la mano izquierda: El choque cultural de una mexicana al usar el baño en Pakistán

Entre los primeros choques culturales que enfrentó estuvo el uso del baño. La experiencia formó parte de las situaciones que descubrió apenas llegó a la casa de la familia de su futuro esposo, en un entorno con costumbres, servicios y normas de higiene muy distintos a los que conocía en México.

La propia entrevistada recordó que, después de llegar, fue a cenar y tuvo que enfrentarse a las diferencias del baño, una escena que resumió el desconcierto de sus primeras horas en el país.

La diferencia no se limitó a las instalaciones. También tuvo que adaptarse al clima, a la falta de infraestructura, al drenaje abierto y a la presencia constante de vecinos que observaban cada uno de sus movimientos. La familia de él sabía que su llegada había despertado comentarios en el pueblo y consideraba necesario formalizar la relación de inmediato para evitar rumores.

El primer día, después de conocer a su pareja en persona, él le explicó que no podía alojarla en su casa sin un vínculo familiar reconocido. La gente ya hablaba de que había llevado a una mujer extranjera y, según las reglas de su comunidad, ella no podía quedarse allí como una visitante cualquiera. La solución fue inesperada: debían casarse ese mismo día.

“Dormí con sus hermanas”: Mexicana revela las duras reglas de su noche de bodas en Pakistán

La decisión tomó por sorpresa a la mexicana. Apenas había llegado, no había avisado a sus padres y en México todavía era de noche. Aun así, tuvo que pedir a su madre una copia de la identificación oficial de su padre, porque la familia necesitaba los documentos para avanzar con el matrimonio.

Mientras ella intentaba explicar lo que ocurría, sus cuñadas trabajaban con máquinas de coser antiguas para confeccionar los trajes de la ceremonia.

Antes de acudir a la mezquita, la familia la llevó a comprar las telas. En el bazar ocurrió otro enfrentamiento cultural. Ella llevaba el cabello descubierto y, al salir del automóvil, varias mujeres comenzaron a reprenderla.

Sus cuñadas se acercaron para defenderla y se produjo una discusión. La razón era que, en esa comunidad, el cabello de una mujer se consideraba una parte íntima y podía atraer las miradas de los hombres. Ella no conocía esa norma y tuvo que comprenderla en medio de los gritos.

La boda estuvo a punto de cancelarse porque el hombre encargado de celebrar la ceremonia se negó a casarlos al descubrir que ella no era musulmana.

La familia de su pareja se desesperó: ya habían preparado la ropa, reunido los documentos y anunciado el enlace, pero el matrimonio no podía realizarse bajo esas condiciones. Ella propuso entonces que vivieran en unión libre y abandonaran el pueblo, aunque finalmente permaneció allí.

Una mujer joven con túnica gesticula frente a tres mujeres con vestidos tradicionales y velos que la señalan en una calle de Pakistán.
Tres mujeres paquistaníes confrontan a una joven mexicana por no llevar la cabeza cubierta en una calle de Pakistán. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La noche de bodas tampoco se ajustó a la idea que ella tenía de un matrimonio. En lugar de contar con un espacio privado, relató que durmió con sus cuñadas y tuvo que adaptarse a las reglas de convivencia de la familia. La relación quedó condicionada por las normas del lugar: no podía permanecer en la casa sin ser esposa, debía cubrirse el cabello y tenía que respetar disposiciones que nadie le había explicado antes de su llegada.

El plan original consistía en permanecer un mes, conocer al hombre con quien había hablado por internet y regresar a México. La pandemia cambió por completo ese proyecto.

Los vuelos fueron cancelados, las aerolíneas no ofrecieron una solución inmediata y las fronteras cerraron. Su visa expiró y llegó a enfrentar la posibilidad de ser deportada. Lo que debía ser una visita de cuatro semanas se convirtió en una permanencia de dos años.

Después de cuatro a seis meses sin una fecha clara de regreso, decidió crear su canal de YouTube. Su primer video mostró a unos camellos que limpiaban una carretera durante la pandemia.

Grabó su historia varias veces porque le daba vergüenza hablar frente a la cámara, pero el contenido comenzó a difundirse. En un mes alcanzó mil seguidores y una de sus seguidoras le envió cerca de 100 dólares para ayudarla a pagar la extensión de su visa.

El dinero de YouTube tardó en llegar. El canal estaba registrado en México, aunque ella transmitía desde Pakistán, y nunca recibió el PIN necesario para activar los pagos. Después de pedir ayuda en una transmisión en vivo, sus seguidores enviaron mensajes a la plataforma y los anuncios fueron restablecidos. Poco después recibió el código de verificación.

Durante ese periodo también enfrentó los extremos del clima. Viajaba en motocicleta con su esposo y soportaba temperaturas muy bajas, incluso nieve en las pestañas. La chamarra que había llevado desde México le permitió resistir el frío. Según su experiencia, en la región los camellos soportaban el calor, pero sufrían cuando descendían las temperaturas.

El regreso a México requirió nuevos trámites. Como en Pakistán no había embajada mexicana, la pareja tuvo que viajar a Irán para solicitar asistencia consular. El viaje ocurrió durante la pandemia, en un momento en que la atención diplomática estaba restringida y los gastos aumentaron. Después de varias comunicaciones por correo electrónico, lograron ser atendidos y obtuvieron la documentación para continuar el viaje.

La pareja intentó establecer un acuerdo para vivir un año en cada país, pero él no soportaba permanecer en México durante periodos prolongados y solía regresar antes a Pakistán. En otra ocasión, las autoridades no le permitieron salir del país porque no creían que estuviera casado con una mexicana. Ella tuvo que presentarse en el aeropuerto para demostrar el vínculo. Como él perdió el vuelo, ambos viajaron a Azerbaiyán; después, ella regresó a Pakistán y él continuó hacia México.

La entrevistada también describió los prejuicios que existen en ambos países. En México, algunas personas relacionan a Pakistán con bombas, pobreza, falta de higiene y mujeres sin capacidad de opinar. En Pakistán, muchas personas identifican a México con Estados Unidos, los sombreros, el chile y Joaquín “El Chapo” Guzmán. Según su relato, quienes nunca han salido de Pakistán desconocen la diferencia entre México y Estados Unidos y suelen referirse a ambos países como parte de América.

Su experiencia también la llevó a conocer zonas vinculadas con el conflicto entre Pakistán y Afganistán. Visitó Baluchistán, una provincia ubicada junto a la frontera afgana, y explicó que durante las guerras muchos afganos cruzaron hacia esa región, donde se mezclaron sus costumbres e ideas con las de las comunidades locales. También mencionó Peshawar y Cachemira como lugares a los que no pudo viajar por razones de seguridad. En 2020, las indicaciones de su visa prohibían acudir a Baluchistán y Peshawar.

Una mujer de cabello oscuro, ataviada con un traje color mostaza y una chalina verde, presenta un recorrido por diversos ambientes. El video inicia en un espacio exterior con una pared de ladrillos y dos puertas de madera, donde una motocicleta está visible. Posteriormente, la mujer se encuentra dentro de un pequeño cuarto con paredes blancas, cerca de un grifo y un recipiente. Las siguientes escenas la muestran en una habitación con paredes color púrpura, equipada con una cama decorada, un sofá y estanterías con objetos y luces. En este interior, la mujer interactúa con el entorno, realizando gestos y señalando una puerta abierta hacia otro espacio exterior. El metraje documenta una serie de lugares visitados.

En Afganistán, país que también visitó, su guía le pidió que no dijera que venía de Pakistán para evitar problemas. Aunque muchos afganos viven en territorio pakistaní, la relación entre ambos países continúa marcada por tensiones.

La mexicana llegó a esos lugares después de una historia que comenzó con un mensaje en Facebook, siguió con un viaje sin experiencia previa, una boda el mismo día de su llegada y una permanencia de dos años lejos de su hijo y de su familia.

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