
Javier Guzmán Calafell sostiene que el neoliberalismo no equivale a mercado sin Estado ni a abandono de la política social, y que esa confusión lo llevó a publicar en marzo de 2026 el libro Los mitos del neoliberalismo con Ariel, en un momento en que el término sigue usándose en México como descalificación política desde el cambio de gobierno de finales de 2018.
En entrevista con Infobae México, el economista afirmó que no existe una definición de aceptación generalizada sobre neoliberalismo, pese a la frecuencia con que se usa en el debate público. A partir de esa revisión, dijo, encontró que autores asociados de manera casi automática con esa etiqueta, como Friedrich Hayek y Milton Friedman, no sostuvieron de forma estable esa identificación.
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Guzmán Calafell ubicó el nacimiento formal del neoliberalismo en una reunión celebrada en París en 1938, organizada a partir de la visita del periodista, politólogo y filósofo estadounidense Walter Lippmann. El punto de partida fue el libro La buena sociedad, en el que el autor planteó que el liberalismo necesitaba renovarse para sobrevivir a las críticas que lo responsabilizaban por la Gran Depresión.
Según la explicación del autor, en ese encuentro convocado por el filósofo francés Louis Rougier participaron liberales de perfiles distintos que lograron acordar una agenda común. Fue ahí donde, tras discutir el nombre de esos principios, adoptaron de manera explícita el término “neoliberalismo”.
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El autor ubica el origen del neoliberalismo en una reunión de 1938 en París

La diferencia central con la imagen difundida hoy, explicó Guzmán Calafell, es que esa corriente no defendía un Estado mínimo. Su planteamiento era que el mercado no siempre funciona de manera eficiente, tiende a la concentración y puede derivar en monopolios u oligopolios, por lo que requiere un Estado fuerte capaz de garantizar un marco legal adecuado.
Ese marco legal, agregó, debía surgir de un proceso democrático. También debía incluir objetivos sociales explícitos, porque maximizar la producción no bastaba por sí mismo si no se vinculaba con educación, servicios, seguridad social y mecanismos para atenuar los costos que el mercado genera en algunos sectores de la población.
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Bajo esa definición, el neoliberalismo comparte con otras corrientes liberales la defensa de la propiedad privada, el predominio del sector privado y la libertad de consumidores, trabajadores y productores para decidir qué consumir, dónde trabajar y dónde invertir. La diferencia, insistió, está en reconocer fallas del mercado y en exigir un Estado fuerte, no mínimo, para corregirlas.

El motivo para escribir el libro, dijo al medio, fue el uso recurrente del concepto en la retórica gubernamental mexicana a partir de la llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la Presidencia.}
A su juicio, desde entonces se consolidó una tendencia a presentar al neoliberalismo como responsable de “todos los males” del país, pese a que esa caracterización no corresponde con la corriente surgida en 1938.
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Guzmán Calafell descarta que la 4T sea una corriente neoliberal

Preguntado sobre los gobiernos de la 4T, Guzmán Calafell respondió que no son neoliberales “en lo absoluto”. También rechazó que puedan considerarse liberales, porque, según su definición, no cumplen con las condiciones básicas de esa tradición y más bien se ubican en una corriente de izquierda con sesgo populista.
Matizó, sin embargo, que un gobierno puede incorporar medidas compatibles con distintas escuelas económicas sin pertenecer por ello a cada una de ellas. Puso como ejemplo el Tratado de Libre Comercio: se trata de un ingrediente liberal, pero su presencia aislada no convierte a un proyecto político completo en neoliberal.
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Para explicar por qué persisten los mitos, el autor identifica cuatro factores: ignorancia, manipulación, la idea de una supuesta evolución del neoliberalismo y la construcción arbitraria de nuevas definiciones sin sustento histórico.

En el primer caso, dijo, muchas personas no revisan la literatura especializada y repiten la interpretación predominante; en el segundo, políticos e intelectuales aprovechan el desprestigio del término para usarlo como arma contra adversarios.
Sobre Hayek, señaló que negó ser neoliberal y que en sus obras más conocidas no hace referencia al término como identidad propia. Incluso, añadió, cuando habló de neoliberales lo hizo para referirse a corrientes distintas de la suya, y en algunos textos criticó políticas cercanas a las discutidas en el llamado coloquio Lippmann.
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En el caso de Milton Friedman, sostuvo que al inicio de su carrera sí escribió un artículo donde entendía y aceptaba el neoliberalismo de forma cercana a su sentido original, pero poco después lo abandonó de manera explícita para acercarse más al pensamiento clásico.
Algo similar, añadió, ocurre con la Sociedad Mont Pelerin, fundada en 1947, que se presenta como foro de discusión entre corrientes liberales y no como organización adherida a una sola de ellas.
El autor distingue entre programas liberales y programas neoliberales
Guzmán Calafell también cuestionó que se llame neoliberales a los programas económicos de Augusto Pinochet, Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Su argumento es que esos casos sí corresponden a programas liberales, pero no a la definición específica de neoliberalismo que expone en el libro.
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El ejemplo más claro, dijo, es Chile en los años setenta. Aunque el programa económico estuvo influido por economistas formados en la Universidad de Chicago y por ideas de Friedman, no puede considerarse neoliberal porque una de las condiciones básicas de esa corriente es la existencia de un gobierno democrático, y el país estaba bajo la dictadura de Pinochet.
Sobre Thatcher, afirmó que su programa también fue liberal y tuvo una influencia fuerte de Hayek, además de elementos monetarios asociados con Friedman. Esa combinación, sostuvo, no basta para ubicarlo dentro del neoliberalismo definido por la agenda de 1938.
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Al preguntarle si hoy existen gobiernos neoliberales, respondió que las ideas subsisten, pero que es difícil encontrar países dispuestos a autodenominarse así por el costo político del término.
Citó el caso de Alemania al terminar la Segunda Guerra Mundial: el primer programa económico que considera realmente neoliberal no se presentó con esa etiqueta, sino como “economía de mercado social”, una fórmula que destacaba el componente social por encima del liberal.
En comercio exterior, agregó, el neoliberalismo sí mantiene una postura definida: defiende la liberalización y está en contra del proteccionismo. Por eso, frente al auge reciente de políticas proteccionistas en varios países, sostuvo que esa corriente seguiría apostando por una relación económica con el exterior lo más libre posible.
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