Gusanos en el cerebro: uno de cada tres humanos carga un parásito

La mayoría de los portadores no presenta molestias y suele enterarse tarde, mientras la transmisión por agua o comida con contaminación fecal mantiene alta la presencia de estos organismos en varias regiones

neurocisticercosis
(Imagen Ilustrativa Infobae)
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Los parásitos son esos seres casi invisibles a los que todos tememos pero sentimos como un riesgo menor; sin embargo, la ciencia parece revelar que estos protoozarios podrían estar más cerca de nosotros de lo que pensamos.

Así lo respalda la conclusión científica que señala la cifra que estima que uno de cada tres humanos carga con al menos un tipo parásito en alguna parte de su cuerpo, principalmente el sistema digestivo.

Un ejemplo es el protozoo intestinal Blastocystis, que vive en el intestino de humanos y animales. En países con buen saneamiento, se estima que entre 7% y 20% de la población lo porta; sin embargo, en regiones con saneamiento deficiente, la proporción sube a 40% o incluso 60%, y en algunas comunidades casi toda la población es portadora.

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Si bien la mayoría de las personas no presenta síntomas y desconoce que tiene el parásito. Este dato explica por qué, globalmente, se estima que al menos uno de cada tres humanos puede albergar algún parásito intestinal, aunque la cifra puede variar según la región y el acceso a servicios básicos de salud y saneamiento.

Los contagios de este tipo de parásitos suelen ocurrir por vía fecal-oral, a través de agua o alimentos contaminados, y no siempre causa enfermedad evidente, lo que incrementa la cantidad de portadores asintomáticos, de acuerdo con información de la Clínica Universidad de Navarra.

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Si bien los parásitos intestinales pueden coexistir en el ser humano durante años incluso sin síntomas visibles, existe otro riesgo poco conocido e ignorado en muchas ocasiones que puede derivar incluso en demencia y otros problemas neurológicos.

Se trata la neurocisticercosis una de las formas más graves de parasitosis que un ser humano puede sufrir.

Ilustración científica vintage en tonos sepia de Enterobius vermicularis, un nematodo. Muestra el gusano adulto en vista lateral, huevos ovalados y un corte transversal esquemático.
Las larvas de Taenia solium entran por la vía fecal-oral, pasan del intestino a la sangre y forman quistes en el sistema nervioso central, donde provocan cuadros neurológicos de distinta gravedad(Imagen Ilustrativa Infobae)

Neurocisticercosis: la infección cerebral que se esconde en alimentos y agua contaminados

La neurocisticercosis es una infección parasitaria del sistema nervioso central causada por las larvas (cisticercos) de Taenia solium, conocida como la “solitaria del cerdo”.

Es la forma más grave de la cisticercosis, ya que los cisticercos se alojan en el cerebro, la médula espinal o las meninges, provocando distintos síntomas neurológicos.

La infección ocurre cuando una persona ingiere huevos del parásito, generalmente por contaminación fecal-oral a través de agua o alimentos contaminados. Los huevos llegan al intestino, liberan larvas que migran por el torrente sanguíneo y se instalan en el sistema nervioso central, donde forman quistes.

Síntomas principales

Los síntomas dependen de la localización, el número y el estado de los quistes, pero los más comunes son:

  • Convulsiones (es la causa más frecuente de epilepsia adquirida en zonas endémicas)
  • Dolores de cabeza persistentes
  • Náuseas y vómito
  • Alteraciones neurológicas (como debilidad, alteraciones visuales o de la sensibilidad)
  • Confusión, pérdida de memoria o cambios en el comportamiento
  • Hidrocefalia (acumulación de líquido en el cerebro), que puede causar presión intracraneal, vómito y alteración del estado de conciencia
Infografía sobre la neurocisticercosis con esquemas de un cerebro humano, el sistema digestivo, un equipo de tomografía y medicamentos.
Una infografía de Infobae detalla el proceso de infección por Taenia solium en el sistema nervioso central, además de los síntomas y el tratamiento médico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El diagnóstico requiere estudios de imagen (tomografía o resonancia) y pruebas de laboratorio. El tratamiento incluye antiparasitarios, antiinflamatorios y anticonvulsivos según el caso clínico.

La neurocisticercosis es potencialmente grave y puede ser mortal si no se trata adecuadamente. Es prevenible con medidas de higiene y saneamiento básico, evitando el consumo de agua y alimentos contaminados con materia fecal humana.

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