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Cómo influyen las harinas blancas en la progresión del hígado graso, esto dice la ciencia

El consumo frecuente de harinas blancas está directamente vinculado con el avance del hígado graso, según instituciones líderes en salud

Infografía con ilustraciones de un cuerpo humano, un hígado enfermo, glucosa en sangre, células y alimentos, explicando el impacto de las harinas blancas. Fuente Infobae.
Impacto de las harinas blancas en el hígado graso. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El consumo habitual de harinas blancas favorece la progresión del hígado graso, según coinciden organismos internacionales como la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades del Hígado (AASLD) y la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL).

Diversos informes clínicos y revisiones científicas recientes, entre ellas la guía de práctica clínica de la AASLD de 2023, han documentado que los carbohidratos refinados, incluido el pan blanco y otros productos de harinas refinadas, deben limitarse en pacientes con hígado graso para evitar el avance de la enfermedad.

Estos efectos negativos se explican por el impacto metabólico que generan: aumentan la glucosa en sangre, elevan la insulina, fomentan la acumulación de grasa en el hígado y contribuyen a la resistencia a la insulina y al síndrome metabólico.

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El daño puede desarrollarse en cualquier momento de la vida adulta, pero es más frecuente en personas con obesidad, diabetes tipo 2 o antecedentes familiares de enfermedad metabólica.

Recomendaciones y bases clínicas

La AASLD advierte que una dieta rica en carbohidratos refinados y grasas saturadas, como la típica dieta occidental, eleva el riesgo de progresión del hígado graso hacia etapas más graves, incluida la esteatohepatitis y la fibrosis.

Esta institución recomienda explícitamente sustituir harinas blancas por cereales integrales y reducir los alimentos con alto índice glucémico.

En su guía de 2023, el grupo de expertos liderado por Alkhouri y colaboradores detalla que la restricción calórica, junto al cambio en la calidad de los carbohidratos, puede mejorar significativamente los marcadores de daño hepático y reducir la grasa intrahepática en personas con diagnóstico de enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica.

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De acuerdo con esta misma guía, la pérdida de entre siete y diez por ciento del peso corporal es el objetivo inicial para quienes presentan sobrepeso u obesidad, ya que este descenso permite mejorar la esteatosis y la inflamación hepática.

El énfasis no solo recae en la cantidad de calorías, sino en la composición de la dieta: la sustitución de harinas refinadas por integrales es central en el manejo dietético.

Mujer sentada ante una mesa de madera con cinco bolsas de harina de trigo y cuatro barras de pan blanco; una silueta amarilla de hígado está en su abdomen.
Se recomienda explícitamente sustituir harinas blancas por cereales integrales y reducir los alimentos con alto índice glucémico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Evidencia clínica

La EASL, en colaboración con la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes y la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad, publicó una guía en 2016 dirigida a la prevención y tratamiento de la enfermedad hepática grasa.

El documento, coordinado por Younossi y colegas, confirma que los carbohidratos refinados, presentes en el pan blanco y otros productos de harinas blancas, elevan la lipogénesis hepática y potencian la acumulación de triglicéridos en el hígado.

Las recomendaciones incluyen limitar la ingesta de estos alimentos y favorecer la dieta mediterránea, que prioriza cereales integrales, frutas, verduras y grasas insaturadas.

La EASL subraya que la corrección del estilo de vida es obligatoria en todos los pacientes diagnosticados, y que la elección de carbohidratos de bajo índice glucémico y alto contenido de fibra, como los granos integrales, mejora la sensibilidad a la insulina y contribuye a revertir parcialmente el daño hepático.

Además, enfatiza el riesgo que implica la combinación de harinas blancas con azúcares y grasas saturadas, frecuente en alimentos ultraprocesados, por su capacidad para desencadenar inflamación crónica y progresión hacia etapas avanzadas de la enfermedad.

Guías para pacientes y prevención

El NIDDK, perteneciente a los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, publica materiales informativos dirigidos tanto a la población general como a personas con diagnóstico de hígado graso.

En sus guías actualizadas, el NIDDK especifica que la alimentación basada en harinas refinadas, como el pan blanco y el arroz blanco, debe ser minimizada para reducir el riesgo de progresión de la enfermedad.

El instituto recomienda sustituir estos alimentos por frutas, verduras y cereales integrales, y advierte que los productos de alto índice glucémico elevan la glucosa e insulina en sangre, lo cual agrava la acumulación de grasa en el hígado y dificulta su reversión.

Al responder a la pregunta sobre cómo prevenir la evolución del hígado graso, el NIDDK explica que la clave es una dieta equilibrada, con menor proporción de harinas blancas y mayor presencia de alimentos integrales, junto con la pérdida de peso gradual y el aumento de la actividad física.

Pescado asado, ensalada griega con queso feta y aceitunas, pimientos, calabacín y berenjena asados, hummus, aceitunas, pan, aceite de oliva y ajos.
Las recomendaciones incluyen limitar la ingesta de estos alimentos y favorecer la dieta mediterránea, que prioriza cereales integrales, frutas, verduras y grasas insaturadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Evidencia clínica y revisiones científicas: mecanismos y resultados

Investigaciones como la revisión de Romero-Gómez y colaboradores, publicada en 2024, analizan en profundidad los mecanismos por los cuales las harinas blancas favorecen la progresión del hígado graso.

Los autores detallan que estos carbohidratos refinados elevan el índice glucémico de la dieta, generando picos de glucosa e insulina que estimulan la lipogénesis de novo en el hígado.

Esto incrementa la producción y acumulación de triglicéridos, lo que, en presencia de resistencia a la insulina, promueve el avance desde la esteatosis simple hacia la esteatohepatitis y la fibrosis.

Por otra parte, estudios experimentales como el realizado por Amin y colaboradores en modelos animales han demostrado que la sustitución de harina integral por harina blanca en combinación con una dieta alta en fructosa acelera la aparición de síndrome metabólico y agrava las alteraciones metabólicas vinculadas al hígado graso.

Estos experimentos refuerzan la recomendación de limitar las harinas refinadas en la alimentación cotidiana.

Orientación práctica para el autocuidado

Instituciones clínicas reconocidas como la Mayo Clinic y la Cleveland Clinic coinciden en recomendar la reducción de productos a base de harinas blancas y el aumento del consumo de cereales integrales como parte del tratamiento y prevención del hígado graso.

La Mayo Clinic señala en sus guías de autocuidado que la dieta mediterránea, rica en granos integrales y baja en harinas refinadas, ayuda a reducir la grasa hepática y mejorar la inflamación.

La American Liver Foundation también resalta que el control dietario, centrado en la calidad de los carbohidratos y la inclusión de fibra y grasas saludables, puede revertir parte del daño hepático y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Infografía con título, ilustraciones de hígado sano y graso, alimentos procesados e integrales, frutas, verduras, pesas, balanza, bebidas azucaradas, médicos y texto explicativo.
Recomendaciones para reducir el impacto de harinas blancas en el hígado graso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Comparación nutricional y recomendaciones finales

La diferencia fundamental entre las harinas blancas y los cereales integrales radica en la pérdida de fibra, micronutrientes y compuestos bioactivos durante el proceso de refinado.

Los cereales integrales generan menor impacto glucémico, favorecen la saciedad y aportan nutrientes que contribuyen a la salud metabólica y hepática, como describe Harvard en su publicación Nutrition Source.

La evidencia recopilada por instituciones médicas y científicas de referencia es clara: el consumo repetido de harinas blancas, en el contexto de una dieta occidental rica en ultraprocesados, favorece la progresión del hígado graso.

La sustitución sistemática por cereales integrales y la adopción de patrones alimentarios tipo mediterráneo constituyen estrategias recomendadas para quienes buscan prevenir o tratar esta enfermedad.

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