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Tráfico en CDMX dispara el estrés y la ira al volante: así afecta a los conductores

En 2025, la capital mexicana alcanzó un nivel de congestión vehicular del 75,9%

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Tráfico CDMX
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La Ciudad de México figura entre las ciudades con mayor congestión vehicular a nivel internacional, una condición que afecta la calidad de vida, la movilidad y el bienestar emocional de millones de habitantes. El tránsito lento, sumado a la presión cotidiana, ha dado lugar a fenómenos que trascienden la simple molestia y revelan problemas más complejos en la convivencia urbana.

En 2025, la capital mexicana alcanzó un nivel de congestión del 75,9 %, según datos de TomTom Tráfico, lo que la sitúa por encima de ciudades como Bangalore, Dublín o Bogotá en este aspecto. Esta situación implica que los conductores avanzan a una velocidad promedio de 17,4 kilómetros por hora y apenas recorren 4,3 kilómetros en un cuarto de hora, generando trayectos interminables y elevando el estrés colectivo.

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La consecuencia inmediata de estos traslados prolongados es la aparición de reacciones emocionales intensas, entre ellas la conocida ira al volante. Esta reacción puede derivar en conflictos, discusiones y, en casos extremos, en conductas que ponen en peligro la seguridad vial de todos los usuarios de la vía pública.

Problemas psicológicos por el tráfico en la CDMX

El fenómeno de la ira al volante comenzó a analizarse en profundidad desde 1994, a partir de estudios encabezados por el doctor Jerry Deffenbacher, quien identificó que este problema rebasa el enojo momentáneo y se compone de factores clínicos, de conducta y sociales. Según la psicóloga Clara Haydée Solís Ponce, de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las personas con rasgos de impulsividad, irritabilidad y bajo control emocional muestran mayor tendencia a manifestar este tipo de reacciones ante situaciones cotidianas del tráfico.

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No basta con identificar la emoción; la dimensión conductual aparece cuando el enojo se transforma en acciones visibles como gritar, insultar o incluso confrontar a otros automovilistas. La especialista señaló que cuando el enojo escala hasta el uso del vehículo como herramienta de intimidación, la seguridad vial se ve gravemente amenazada.

Infografía con título sobre congestión vehicular en Ciudad de México, ilustración de tráfico, porcentaje 75,9, e iconos de impacto vial.
Una infografía de Infobae muestra la Ciudad de México como líder en congestión vehicular con un 75,9 % en 2025, según datos de TomTom Tráfico, detallando sus impactos y consecuencias sociales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La convivencia diaria en calles donde abundan maniobras imprudentes, la inobservancia del reglamento de tránsito, el uso del teléfono móvil al manejar o la invasión constante de carriles, contribuye a crear un ambiente hostil. Tales prácticas intensifican la frustración de quienes buscan cumplir las reglas y dificultan la construcción de una cultura vial basada en el respeto.

Diversos factores ambientales también inciden en la aparición de la ira al volante: el calor, la ausencia de ventilación en el automóvil, el ruido y el cansancio acumulado, así como el estrés laboral y la sobrecarga diaria, aumentan la propensión a reacciones agresivas durante el manejo.

Consecuencias y prevención de la violencia vial

Las repercusiones pueden ser severas, pues una maniobra impulsiva expone no solo a quien conduce, sino también a pasajeros, peatones y otros conductores. Los episodios de agresividad pueden derivar en accidentes, lesiones o pérdidas humanas, y hay registros de actos imprudentes que han desencadenado choques múltiples o desenlaces fatales.

El problema también acarrea consecuencias psicológicas, legales y económicas: la persona responsable de un accidente puede enfrentar sentimientos de culpa, procesos judiciales y gastos por daños materiales o indemnizaciones. Por ello, para evitar episodios de violencia vial, especialistas recomiendan estrategias como la respiración consciente y la reestructuración de pensamientos ante situaciones estresantes. Desarrollar una mirada menos reactiva y asumir que no todo puede controlarse detrás del volante ayuda a disminuir la ansiedad.

El fomento de la prudencia y la empatía resulta fundamental. Solís Ponce manifestó que nunca puede preverse la reacción de otro automovilista, por lo que evitar confrontaciones y priorizar la seguridad debe ser la norma. La educación vial debería extenderse a escuelas de manejo y entornos familiares, incorporando la gestión emocional y la responsabilidad social como parte de la formación integral del conductor.

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