La otra cara del cuidado: el desgaste físico y emocional pone en riesgo la salud de más de 31 millones de cuidadores en México

Siete de cada diez cuidadores son mujeres, quienes emplean casi 39 horas semanales a estas actividades

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Cuidadoras en México
Cuidadoras en México (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo de cuidado sostiene el tejido de las comunidades y es imprescindible en cada etapa de la vida. Esta labor abarca desde la atención física y económica hasta el apoyo emocional, y recae en personas cuya función es asistir a quienes dependen de otros para su bienestar. La dedicación puede ser temporal o transformarse en una responsabilidad de largo plazo.

La persona encargada de estas tareas asume múltiples funciones, que van desde el aseo y la alimentación hasta la compañía o el consuelo. Con frecuencia, el cansancio se acumula al afrontar las demandas de menores, adultos mayores o personas con discapacidad, afectando incluso la salud de quienes cuidan. No es extraño que quienes dedican su día a atender a otros terminen sintiendo agotamiento constante o irritabilidad.

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Leticia Ascencio Huertas, de la Facultad de Psicología de la UNAM, señaló que el desgaste emocional y físico puede alcanzar tal nivel que los cuidadores experimentan cambios de ánimo, pierden la paciencia y enfrentan problemas de salud superiores a los de las personas que atienden. Esta situación, identificada como el Síndrome de Sobrecarga del Cuidador, representa un riesgo real para quienes la padecen.

El impacto invisible del cuidado en México

En el país, la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados 2022 reveló que existen 58.3 millones de personas susceptibles de requerir apoyo para llevar una vida digna. Este grupo incluye a menores, adolescentes, adultos mayores y personas con discapacidad, y la mayoría recibe atención dentro de su propio círculo familiar.

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El trabajo de cuidar recae principalmente en mujeres: siete de cada diez cuidadores son femeninas, y ellas dedican, en promedio, casi 39 horas semanales a estas actividades, mientras que la participación masculina ronda las 31 horas. Además, muchas de quienes asumen este rol no lo eligieron de forma voluntaria, sino que lo asumieron por tradición, expectativas familiares o porque sus circunstancias personales así lo permitieron.

Mujeres cuidadoras
Siete de cada diez cuidadores son mujeres (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Síndrome de Sobrecarga del Cuidador surge cuando la suma de responsabilidades, el aislamiento y la presión económica provocan efectos negativos en la salud mental y física. Los síntomas pueden incluir tristeza, ansiedad, insomnio, dolores musculares o problemas con enfermedades crónicas como la hipertensión y la diabetes. Estos signos deben considerarse señales de alerta para buscar ayuda antes de que la situación se agrave.

Quienes asumen el papel enfrentan desafíos diarios que pueden derivar en sentirse solos o sin opciones de descanso. Por ello, es fundamental que familiares y amigos se involucren activamente, no solo visitando a la persona atendida, sino también ofreciendo relevo para que la persona encargada pueda tener momentos de respiro.

Recomendaciones para evitar la sobrecarga en labores de cuidado

Estar atento a los propios límites y solicitar apoyo oportunamente es fundamental para quienes cuidan. Existen líneas de asistencia, como Locatel y la de la Facultad de Psicología de la UNAM, que ofrecen orientación profesional. De igual manera, acudir a centros de salud puede marcar la diferencia para mantener el equilibrio emocional y físico.

Derribar mitos en torno al cuidado es otro paso relevante: priorizar el bienestar de quien cuida no significa abandonar a la persona dependiente, sino garantizar un entorno saludable para ambos. De hecho, la sobrecarga puede llegar a ser tan severa que, en ocasiones, el cuidador principal enfrenta complicaciones mayores e incluso fallece antes que la persona a la que asiste cuando se trata de enfermedades de larga evolución.

Ana Bertha Martínez es un ejemplo cotidiano de esta realidad. Ella combina su labor como comerciante ambulante en Huixquilucan con la responsabilidad de cuidar de su hijo Pepe, quien vive con síndrome de Coffin-Siris. Sus jornadas comienzan antes del amanecer y transcurren entre trabajo, preparación de alimentos y acompañamiento permanente a su hijo menor.

Durante los primeros años de vida de Pepe, Ana afrontó largas estancias hospitalarias, privación de sueño y escaso tiempo para sí misma. La ausencia de apoyo de su pareja incrementó la carga, y algunas tareas, como el descanso, quedaron relegadas. Para muchas personas en su situación, la salud propia parece secundaria o, incluso, inalcanzable.

“No tengo tiempo de enfermarme, yo quisiera descansar, pero no se puede porque un día sin vender es uno sin ingresos, y es lo único que tengo para sacar adelante a su familia”, expresó.

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