Carne roja vs. carne blanca: qué tan cierto es que una es más sana que la otra

El vínculo entre el cáncer y la carne lleva a revisar lo que se creía saber sobre la roja y la blanca, porque no toda hace el mismo daño ni de la misma manera

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La evidencia científica sobre el consumo de carne y sus efectos en la salud sigue siendo objeto de debate entre investigadores de distintas instituciones. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La carne de pollo, pescado, res y cerdo no es igual, y la ciencia lleva décadas intentando establecer cuál hace más daño y cuál menos.

Estudio recientes matizan el consenso que durante años colocó a la carne blanca como la opción segura y a la roja como la problemática.

La diferencia existe, pero no siempre donde se cree.

Los datos apuntan además a un tipo de carne que no siempre se incluye en el debate, clasificada por la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) como carcinógeno humano de grupo 1.

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Tanto la carne roja como la blanca forman parte de la dieta de millones de personas en México, aunque con patrones de consumo distintos según la región. (Imagen Ilustrativa Infobae) (Imagen Ilustrativa Infobae)

Carne roja y carne blanca frente a las enfermedades del corazón

La carne roja como la blanca muestran correlaciones con la incidencia de enfermedades cardiovasculares cuando se analizan de forma aislada, según un estudio global publicado en la revista internacional de medicina Health Science Reports,.

Este estudio contien datos de agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y análisis de distintos modelos estadísticos.

La edad, el nivel socioeconómico, la obesidad y el sedentarismo son factores que modifican el riesgo asociado al consumo de cualquier tipo de carne. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La diferencia entre ambos tipos de carne aparece al incluir factores como edad, nivel socioeconómico, obesidad y urbanización.

La asociación de la carne blanca con enfermedades del corazón se vuelve débil, mientras que la de la carne roja se mantiene.

Los investigadores de la Universidad de Adelaide y la Universidad de Murdoch, autores del mismo estudio, indican que los efectos adversos atribuidos a la carne blanca se explican, en gran medida, por el consumo simultáneo de carne roja, no por la carne blanca en sí misma.

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La carne roja contiene alrededor de 110 a 130 miligramos de purinas por cada 100 gramos, mientras que el pollo contiene entre 50 y 75 miligramos, según Food Chemistry X. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los nutrientes que la carne roja aporta y la blanca no replica de la misma manera

Una revisión publicada en la revista científica Food Chemistry X por investigadores de la Universidad Agrícola de Sichuan sintetiza la evidencia bioquímica: la carne roja —res, cerdo, cordero— contiene niveles más altos de hierro hemo, grasas saturadas y carnitina.

Estos compuestos se asocian con mayor riesgo de cáncer colorrectal, enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2.

Frontiers in Nutrition señala que aproximadamente el 72% del hierro en carnes de animales rumiantes como la res es hierro hemo, frente al 40% en carnes de animales no rumiantes como el cerdo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La carne blanca —pollo, pavo y pescado— contiene una mayor proporción de grasas insaturadas, que el cuerpo procesa con menos riesgo que las saturadas.

Además, sus proteínas tienen una composición más parecida a la que el organismo humano requiere para funcionar, de acuerdo con los investigadores.

El consumo de carne roja eleva las concentraciones plasmáticas de TMAO —un compuesto que afecta la microbiota intestinal— hasta tres veces más que la carne blanca o las dietas vegetales, según la misma revisión.

}Según el estudio publicado en Health Science Reports, la asociación entre carne blanca y enfermedades cardiovasculares se vuelve negligible una vez que se descuenta el efecto del consumo simultáneo de carne roja. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) clasifica, a través de su sistema de monografías científicas, a la carne procesada como ‘’carcinógeno humano’', y a la carne roja fresca como ‘’probable carcinógeno’'.

Lo que se pierde cuando la carne roja desaparece de la dieta

Un artículo de perspectiva publicado en la revista Frontiers in Nutrition por investigadores de la Universidad de Iowa, Connecticut y la Vrije Universiteit Brussel advierte que la evidencia epidemiológica que condena a la carne roja tiene una certeza baja o muy baja.

Los investigadores señalan que la carne roja aporta hierro hemo, zinc, vitamina B12 y proteína de alta densidad, nutrientes con baja biodisponibilidad en fuentes vegetales.

La carne roja y la blanca difieren en su composición de fibras musculares, perfil de grasas y contenido mineral, lo que explica sus distintos efectos en el organismo, según Food Chemistry X. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Indican que su exclusión puede generar deficiencias en grupos vulnerables: niños, mujeres embarazadas y adultos mayores en riesgo de sarcopenia.

“Cuando se incluye como parte de un patrón dietario saludable, la carne roja no procesada se ha asociado con menor riesgo de deficiencias de micronutrientes y mejora de factores de riesgo cardiometabólicos”, señala el artículo.

El riesgo asociado al consumo de carne no es igual para todos: varía según la cantidad consumida, la frecuencia y el método de cocción, de acuerdo con Food Chemistry X. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Frontiers in Nutrition plantea incluirla con moderación dentro de un patrón dietario que combine proteínas vegetales y animales.

La revisión de Food Chemistry X señala números concretos: limitar el consumo de carne roja a menos de 350 gramos por semana y evitar las carnes procesadas.

Ni roja ni blanca, la carne procesada es la que más preocupa a los investigadores

Con una muestra de más de 2 mil adultos de la Ciudad de México, una investigación de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco (UAM) publicado en su repositorio institucional no encontró una relación estadísticamente significativa entre el consumo de carne roja y antecedentes de cáncer colorrectal.

Tanto la carne roja como la blanca aportan proteína de alta calidad, pero difieren en el tipo de grasa y en la biodisponibilidad de sus micronutrientes, según Food Chemistry X. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sí encontró una asociación significativa —con p < 0.01— entre el consumo diario de carnes procesadas como salchichas, jamón y embutidos, y la presencia de ese tipo de cáncer.

Las personas que consumían carnes procesadas todos los días tenían hasta 16 veces más posibilidades de tener cáncer colorrectal en comparación con quienes nunca las consumían.