Adolescentes siguen enfrentando una crisis de salud mental cinco años después de la pandemia: trastornos aumentaron hasta 30%

Durante el encierro, los jóvenes perdieron el contacto cotidiano con sus amistades, una pérdida significativa en una etapa marcada por la búsqueda de pertenencia y apoyo emocional

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Adolescente sentado en un pupitre de un aula, con la cabeza apoyada en los brazos sobre la mesa, rodeado de pupitres vacíos junto a una ventana.
Un adolescente con la cabeza apoyada en el pupitre se muestra aislado en un aula escolar vacía, bajo una iluminación natural. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La crisis global de la salud mental ha alcanzado cifras nunca antes vistas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas en todo el planeta sufren trastornos mentales.

Este fenómeno afecta de manera especial a los jóvenes. Uno de cada siete adolescentes entre 10 y 19 años padece algún tipo de afección psíquica, lo que representa un 15% de la carga global de enfermedad en ese grupo. Entre las causas principales destacan la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento, mientras que el suicidio figura como la tercera causa de muerte en personas de 15 a 29 años.

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La exdirectora de la Facultad de Psicología de la UNAM, María Elena Medina-Mora, manifestó que la pandemia de la Covid-19 agravó este tipo de problemas, aunque también contribuyó a que la sociedad comenzara a hablar del tema. En el caso de las personas de 13 a 23 años, el confinamiento coincidió con una etapa crucial para la construcción de su identidad y el desarrollo de vínculos interpersonales, dando como resultado consecuencias profundas.

El regreso a clases presenciales en los distintos niveles educativos expuso la falta de experiencia en la interacción personal. A esto se suman elementos como la violencia doméstica, la incertidumbre económica y la sensación de desesperanza, que han golpeado con fuerza a la generación que vivió su adolescencia en plena emergencia sanitaria.

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Impacto del confinamiento y la violencia intrafamiliar en jóvenes

Durante el encierro, los adolescentes perdieron el contacto cotidiano con sus amistades, una pérdida significativa en una etapa marcada por la búsqueda de pertenencia y apoyo emocional.

La académica precisó que al ingresar al bachillerato, los jóvenes se encontraban en plena “poda neuronal”, una fase en la que el cerebro refina sus conexiones y se vuelve especialmente sensible a los estímulos emocionales. La ausencia de convivencia presencial y el aumento de tensiones en el hogar, generaron un entorno adverso para el desarrollo psicológico.

Cuatro adolescentes sentados en una banca, de espaldas entre sí, cada uno mirando un teléfono móvil. Fondo borroso de vegetación y edificios.
Cuatro adolescentes se sientan en una banca de espaldas, cada uno concentrado en su teléfono móvil sin interactuar entre sí. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además coincidió con la edad clave para el surgimiento de enfermedades mentales: los 15 años. La evidencia señala que entre los estudiantes de bachillerato de la UNAM en el ciclo 2023-2024, los casos de depresión y ansiedad prácticamente se duplicaron. A esto se añade el incremento en el uso de pantallas y redes sociales, donde la información inexacta y la sobreexposición pueden agravar la sensación de aislamiento.

Medina-Mora destacó que la pandemia provocó un aumento estimado de entre 20 y 30 % en los trastornos mentales, cifra que refleja el peso del encierro y la inestabilidad social sobre la mente de los menores. A esto se le suma, que la inestabilidad económica se volvió un factor de preocupación. Muchos estudiantes temían que sus padres no pudieran solventar su estancia en la Ciudad de México, lo que sumó una carga de ansiedad e incertidumbre sobre su futuro académico.

Retos para la salud mental juvenil

La especialista recordó la importancia de identificar y atender los primeros síntomas de trastornos mentales. Es fundamental que los docentes y familiares estén alerta y reciban formación para reconocer señales de malestar emocional, como el aislamiento, el bajo rendimiento escolar o cambios en el comportamiento: los varones pueden volverse más agresivos, mientras que las mujeres presentan una mayor sensibilidad.

En el ámbito escolar, la especialista propuso innovar en las estrategias de enseñanza, aprovechando la educación digital y promoviendo clases más dinámicas. Debido a que los estudiantes suelen perder la atención después de veinte minutos, es necesario el uso de la tecnología y actividades al aire libre para mejorar el bienestar. En países en desarrollo, el uso de videojuegos como mero entretenimiento contribuye al aislamiento y la ansiedad, dificultando la concentración en clase.

El 51 % de quienes desarrollarán alguna enfermedad mental ya presentaron síntomas en la adolescencia o al inicio de la adultez. Promover la convivencia, la interacción social y el apoyo emocional puede ser decisivo para reducir la deserción escolar y favorecer el bienestar integral de los jóvenes.

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