Entre el brillo y el peligro: la historia de la influencer que sobrevivió a la lista negra del Cártel de Sinaloa

Su secuestro, grabado en video y viralizado en redes sociales, expuso la peligrosa frontera entre la fama digital y la violencia criminal

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que le pasó a la nicholette
Ella es Nicholette, creadora de contenido con OnlyFans, con negocio en Culiacán y residente de Arizona. (Instagram/@nicholette_0521)

Nicole Pardo, conocida en redes como La Nicholette, logró sobrevivir a un secuestro que la transformó en el rostro más visible de la lucha entre el crimen organizado y las plataformas digitales. Su historia no concluyó con el rescate. Más bien, adquirió un nuevo sentido a partir de una declaración que desmonta los mitos que la rodean, de acuerdo con un reporte de Insight Crime.

“Todos ustedes inventaron esta historia de que yo era una sicaria del narcotráfico”, afirmó Pardo semanas después de recobrar la libertad. “Solo soy una chica normal y corriente”, añadió, cuestionando la narrativa que se instaló en torno a su figura.

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El caso comenzó el 20 de enero de 2026. Ese día, tres hombres armados interceptaron la camioneta de Nicole Pardo en un centro comercial de Culiacán, Sinaloa. Las cámaras de su Tesla Cybertruck, pintada de lila, captaron cada momento del ataque: un sedán blanco se estacionó junto a su vehículo, dos hombres descendieron y la obligaron a subir al asiento trasero en menos de 41 segundos.

El video circuló ese mismo día en TikTok, Telegram y X. La Fiscalía de Sinaloa activó el Protocolo Alba —el mecanismo estatal de búsqueda de mujeres desaparecidas— y advirtió que su integridad física “podía estar en riesgo”.

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La TikToker leyó un mensaje donde exlicpo que presuntamente trabajaría para Los Mayos Foto: X
La TikToker leyó un mensaje donde exlicpo que presuntamente trabajaría para Los Mayos Foto: X

Una confesión filmada, un rescate sin explicación

Tres días después de la desaparición, apareció un segundo video. Pardo vestía un chándal oscuro y leía un guion con la mirada fija. Declaraba haber sobornado a policías estatales y transportado drogas, armas y dinero para la facción Mayiza del Cártel de Sinaloa.

“Todos ustedes saben muy bien que siempre los ayudé a transportar drogas, armas y dinero; siempre los ayudé”, dijo en ese registro. Su tono fue sereno, casi clínico.

El 24 de enero, la Fiscalía actualizó el cartel de búsqueda con la palabra “localizada”. Al día siguiente, un video la mostró llorando junto a un sacerdote en una iglesia católica. El entonces gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya —quien después solicitó licencia tras acusaciones de fiscales estadounidenses de haber protegido a los Chapitos—, no supo explicar si hubo rescate, negociación o entrega voluntaria.

Lo que Pardo reveló semanas después

En una transmisión de dos horas en la plataforma Kick, luego eliminada, Pardo reconstruyó su versión. Aseguró haber construido un negocio legítimo: la venta de gorras y ropa con estética narco le generó alrededor de 400 mil dólares en dos años, a través de una tienda en línea y un local físico.

la nicholette culiacán
Estas son las camionetas que Nicholette presumía en redes TikTok/@lanicholette0//Instagram@nicholette_0521

De acuerdo con Insight Crime, sus captores, según explicó, pertenecían a los Chapitos. La obligaron a leer el guion del video de confesión y la liberaron porque el caso ya era noticia de alcance nacional e internacional. La secuestraron, dijo, porque “también creían que todo lo que veían en las redes sociales era real”.

Desde entonces, la influencer no se ha pronunciado al respecto y no ha dado más información sobre el caso.

El mapa de violencia que precedió al caso Pardo

El secuestro de Nicole Pardo no fue un hecho aislado. En enero de 2025, una avioneta sobrevoló Culiacán a baja altura y lanzó panfletos con 25 rostros en blanco y negro. Tres ya llevaban la palabra “ELIMINADO” impresa. La lista incluía influencers locales, al cantante Peso Pluma y a los hermanos de la familia Castro.

Los panfletos, atribuidos a la facción Mayiza, acusaban a esas personas de financiar a los Chapitos. “Vecinos: Estas personas no son inocentes”, decía el texto. La guerra entre ambas facciones estalló en 2024, cuando un alto mando de los Chapitos entregó al líder de Mayiza a las autoridades estadounidenses.

Los influencers asesinados antes del rescate de Pardo

Para cuando Nicole fue secuestrada, al menos nueve de los 25 nombres de la lista ya habían sido eliminados. Entre ellos estaba Leobardo Aispuro Soto, conocido como “El Gordo Peruci”, creador de sketches cómicos en redes sociales.

la nicholette culiacán
Así era la tienda de Nicholette en Phoenix. (Facebook/nicholette.shop)

Gail Castro, hermano de Markitos Toys y conocido en línea como Gail Toys, fue asesinado a tiros el 28 de marzo de 2025 al salir de un restaurante en Ensenada, Baja California. Tenía 32 años y más de 300.000 seguidores en Instagram. Su familia había recibido amenazas de muerte durante los tres meses anteriores.

Markitos Toys: cinco millones de seguidores y una guerra a las puertas

Marcos Eduardo Castro Cárdenas, conocido como Markitos Toys, acumula más de cinco millones de seguidores en YouTube y millones más en Instagram, donde publica autos de lujo, viajes y regalos extravagantes a su familia. Abandonó Sinaloa después de que dos de sus restaurantes fueran incendiados y la casa de sus padres recibiera disparos.

En enero de 2026, durante una transmisión en Kick, negó vínculos con el crimen organizado. “No es delito tener amigos”, había dicho antes ante las preguntas por su relación con Néstor Isidro Pérez Salas, alias “El Nini”, ex jefe de seguridad de los Chapitos y extraditado a Estados Unidos en 2024.

La narcocultura como producto de consumo

Nicole Pardo construyó su marca sobre esa misma ambigüedad. En sus videos habituales posaba, hacía pucheros y sincronizaba los labios con narcocorridos. El grupo Grupo Arriesgado le dedicó un tema titulado La Muchacha Del Salado, La Nicholette, cuya versión en vivo acumula 28 millones de reproducciones.

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Estas son las camionetas que Nicholette presumía en redes TikTok/@lanicholette0//Instagram@nicholette_0521

La estética narco es, para una generación de creadores de contenido en Sinaloa, un nicho de mercado tan rentable como peligroso. La línea entre producir contenido sobre esa cultura y pertenecer a ella es la que nadie —ni las autoridades ni los propios influencers— termina de trazar con claridad.

Una historia sin pruebas y con demasiadas preguntas

La Unidad de Inteligencia Financiera de México investiga a 64 influencers de Sinaloa por presunto lavado de dinero, según reportó Milenio. La acusación central: que organizaciones criminales inflaron artificialmente sus seguidores para usarlos como plataformas de blanqueo.

Pardo declinó ser entrevistada para el artículo original publicado por Rolling Stone, que reconstruyó su caso. Al igual que otros creadores de su entorno, controla con precisión la información que circula sobre ella.

El peso de un relato que el algoritmo construyó

La pregunta que dejó su secuestro no tiene una respuesta verificable: ¿fue víctima de una guerra que no le pertenecía o pagó el precio de haber habitado voluntariamente ese universo simbólico? Las autoridades no lo saben. Ella misma ofrece una versión que sus captores contradicen.

Autoridades estatales activaron el Protocolo Alba para localizar a la creadora digital, privada de su libertad en Culiacán, Sinaloa.
Autoridades estatales activaron el Protocolo Alba para localizar a la creadora digital, privada de su libertad en Culiacán, Sinaloa. (Facebook)

Lo que sí es verificable es el contexto: en 2025, Sinaloa registró 72 femicidios, el número más alto en siete años y más del doble que los 31 casos de 2024. Ese mismo año, 398 mujeres fueron secuestradas o desaparecidas en el estado.

El costo de sobrevivir en el frente digital

Nicole Pardo tiene 20 años, doble nacionalidad mexicana y estadounidense, y una dirección registrada en Phoenix, Arizona. Sobrevivió cuando otros en situaciones similares no lo hicieron.

Su historia no resuelve la pregunta sobre dónde termina el contenido y dónde empieza la complicidad. Pero sí confirma algo que los panfletos, los asesinatos y los videos de confesión ya habían señalado: en Sinaloa, publicar en redes sociales puede costar la vida.

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