Misofonía: por qué el sonido de alguien masticando puede desencadenar una respuesta clínica de odio

El sonido de la masticación, los chasquidos de labios y otras señales repetitivas pueden detonar respuestas fisiológicas y emocionales automáticas en personas con misofonía

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Un hombre asiático de pie, con sudadera gris y pantalón oscuro, se cubre los oídos con las manos, los ojos cerrados y el rostro contraído sobre un fondo blanco.
El sonido de la masticación puede detonar respuestas automáticas de estrés y rechazo en personas con misofonía. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El sonido de la masticación ajena desencadena una respuesta fisiológica inmediata en personas con misofonía, un trastorno en el que el cerebro interpreta ciertos ruidos cotidianos como amenazas.

Esta reacción, documentada por especialistas de los National Institutes of Health (NIH) y la Universidad de Harvard, activa la red de saliencia y puede interrumpir la vida social, laboral y familiar de quienes la padecen.

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Según datos del NIH, cerca del 5% de la población presenta síntomas graves de misofonía, mientras que uno de cada cinco jóvenes universitarios reporta intolerancia sonora significativa.

El ruido provocado por la masticación, el chasquido de los labios o la respiración no son sonidos neutros y el cerebro de los afectados los interpreta como señales de peligro, sin relación directa con el volumen, sino con el patrón repetitivo y la fuente humana.

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La corteza insular anterior reacciona de manera anómala ante los sonidos detonantes

Las investigaciones apoyadas por el NIH y dirigidas por Kumar y colaboradores muestran que la corteza insular anterior se activa de manera inusual en personas con misofonía.

Este nodo cerebral integra señales corporales y emocionales; cuando detecta sonidos detonantes, dispara mecanismos automáticos de defensa.

La neuroimagen funcional revela hiperconectividad entre la insula y regiones frontales, lo que explica la rapidez con la que una persona puede pasar del malestar a la ira.

El neurocientífico Joseph LeDoux sostiene que la reacción está fuera del control voluntario: “El paciente no elige sentir odio; su cerebro inferior activa un sistema de alarma automática que la corteza prefrontal solo puede traducir, posteriormente, en una emoción consciente”.

Ilustración de una persona con cabello castaño y camiseta azul, con las manos en los oídos, expresando dolor por zumbidos y ruido, sobre un fondo abstracto y colorido.
El cerebro con misofonía rechaza sonidos y movimientos ajenos de forma automática, lo que puede llevar a aislamiento social y dificultades en la vida diaria. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cerebro distingue entre los sonidos propios y los ajenos

La comunidad científica atribuye la diferencia al sistema de neuronas espejo.

El cerebro de una persona con misofonía reacciona automáticamente ante los movimientos orofaciales ajenos, como si los estuviera realizando en su propio cuerpo. Esta invasión perceptiva resulta intolerable y desencadena una respuesta de rechazo.

Estudios realizados por la Universidad de Harvard también indican que la misofonía suele acompañarse de misocinesia, una aversión a movimientos repetitivos visuales, junto con otras hipersensibilidades sensoriales como la táctil y la olfativa.

En algunos casos, la sola visión de una persona preparando la comida puede anticipar la reacción emocional, incluso antes de que surja el sonido.

El episodio misofónico inicia con taquicardia y termina en aislamiento social

Durante un episodio típico, el sistema nervioso simpático de la persona afectada se activa de inmediato.

Aparecen síntomas como taquicardia, tensión muscular y un impulso de huida.

Cuando evitar la situación no es posible, la reacción puede convertirse en hostilidad verbal o en estrategias extremas de aislamiento, incluyendo abandonar comidas familiares o evitar espacios públicos.

El NIH señala que el problema puede interrumpir la vida académica, laboral y familiar, y en los casos graves se asocia a ideación suicida.

La falta de reconocimiento clínico perpetúa este vacío: la misofonía no figura en los principales manuales diagnósticos internacionales, como el DSM-5-TR o el ICD-11.

Esta ausencia dificulta el acceso a adaptaciones escolares o laborales y limita la atención especializada por parte de los profesionales de la salud.

Infografía sobre misofonía, mostrando a una persona tapándose los oídos, rodeada de ilustraciones de ruidos cotidianos como masticación, tecleo y respiración.
La misofonía es un trastorno poco reconocido donde el cerebro interpreta ruidos cotidianos, como la masticación o respiración, como amenazas, activando respuestas fisiológicas inmediatas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El tratamiento se basa en la terapia cognitivo-conductual adaptada y el reentrenamiento auditivo

No existe una cura farmacológica ni quirúrgica para la misofonía.

Los protocolos más efectivos combinan la terapia cognitivo-conductual adaptada (CBT-MISO), que modifica pensamientos y comportamientos reactivos, con el reentrenamiento auditivo para desensibilizar la red emocional cerebral. Las terapias de exposición, comunes en los trastornos fóbicos, pueden agravar el problema.

En México y otros países, la ausencia de protocolos públicos ha impulsado el surgimiento de clínicas privadas que integran modelos de reeducación del sistema nervioso autónomo y apoyo psicosocial al entorno familiar.

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