La desconocida relación entre cenar en la noche y desarrollar problemas intestinales

Las investigaciones recientes muestran cómo el horario tardío de la cena, combinado con tensiones cotidianas, puede afectar el equilibrio y la variedad de bacterias digestivas en quienes buscan cuidar su bienestar

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¿A partir de qué hora no se debería cenar? (Pexels)
Las nuevas evidencias destacan que mantener una rutina estructurada en la alimentación podría marcar la diferencia en el confort intestinal de personas sometidas a grandes exigencias emocionales. (Pexels)

Sin duda cenar tarde es uno de los principales hábitos de muchas personas en la actualidad. Y aunque es algo común, son también muchos los que desconocen el impacto negativo que esto puede tener en su salud.

Y es que un estudio reciente reveló que consumir más del 25% de las calorías diarias después de las 21 horas eleva hasta 1.7 veces el riesgo de estreñimiento y diarrea sobre todo en personas con altos niveles de estrés.

Por su parte, esta combinación también se asocia con una diversidad baja de microbiota intestinal, revelan investigadores del New York Medical College en el Hospital Saint Mary’s and Saint Clare’s.

Los resultados, presentados en la Semana de las Enfermedades Digestivas (DDW) 2026 en Chicago, abren una línea de estudio sobre el peso del horario de comida en el equilibrio digestivo.

Un hombre con dolor en el apéndice (AdobeStock)
Comer después de las 21h aumenta en un 70% el riesgo de estreñimiento y diarrea en personas con altos niveles de estrés.(AdobeStock)

Cuáles son los riesgos a la salud digestiva de cenar

El estudio antes citado recoge datos de más de 11 ,mil participantes y apuntan que el momento del consumo alimenticio influye tanto como el tipo de alimento.

El último tramo del análisis de los investigadores refuerza el vínculo entre consumo nocturno y alteraciones en la función intestinal, sobre todo si existe “carga alostática” elevada, medida por índices como el IMC, colesterol y presión arterial.

Y es que según cifras de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición en Estados Unidos, los participantes con altos niveles de estrés fisiológico y que comen posteriormente a las 21 horas presentan la probabilidad más elevada de irregularidades en el tránsito intestinal.

Otra fuente de datos, el American Gut Project con una muestra de más de 4.000 personas, muestra que quienes padecen ambos factores —estrés alto y hábito de comer tarde— reportan 2,5 veces más problemas intestinales en comparación con quienes mantienen horarios de alimentación más estructurados.

El equipo liderado por la médica residente Harika Dadigiri encuentra además una correlación directa entre la alimentación tardía bajo estrés y una “diversidad significativamente menor” de bacterias en la microbiota intestinal.

Lo anterior sugiere una alteración en el eje intestino-cerebro es la red que comunica sistema digestivo y cerebro mediante nervios, hormonas y comunidades microbianas.

Persona cenando salmón a la plancha, quinoa y ensalada de espinacas y tomate. Una ilustración transparente del intestino con bacterias se superpone a la imagen.
La combinación de alimentación tardía y estrés severo se asocia con una diversidad bacteriana intestinal significativamente menor, alterando el eje intestino-cerebro. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El horario de comida y el estrés amplifican alteraciones digestivas

Dadigiri advierte que el efecto identificado no implica una relación de causa y efecto directa, ya que el estudio es observacional.

Los resultados sí sostienen la importancia de la crononutrición, es decir, cómo el horario de las comidas y el ritmo circadiano influyen en la respuesta del cuerpo ante los alimentos, más allá del contenido calórico o nutricional.

La médica residente puntualiza que comprender la presión que enfrentan quienes recurren a tentempiés nocturnos es parte del análisis.

“Todo el mundo debería comer helado, quizás preferiblemente más temprano. Hábitos pequeños y constantes, como mantener una rutina de comidas estructurada, pueden ayudar a promover patrones de alimentación más regulares y favorecer la función digestiva a largo plazo”.

Los autores consideran necesario profundizar en la relación entre estrés, crononutrición y salud digestiva en futuros estudios; por ahora, el dato dominante es que estructurar el consumo y anticipar la última comida contribuye a la estabilidad intestinal, sobre todo en condiciones de estrés crónico.