La historia del jardín perdido que existió en Teotihuacan y el antropólogo del Porfiriato que reveló su esplendor

Durante un simposio sobre la configuración histórica de la zona, se destacó la labor de Leopoldo Batres y la idea que tenía para transformarla

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Vista frontal de la Pirámide del Sol en Teotihuacán, una gran estructura escalonada de piedra en tonos grises y ocres, bajo un cielo claro con montañas al fondo
La imponente Pirámide del Sol en Teotihuacán, cuya configuración moderna incluyó un jardín paisajístico diseñado a principios del siglo XX por Leopoldo Batres. (INAH)

Un hallazgo poco conocido resurge en Teotihuacán: la existencia de un jardín paisajístico diseñado a principios del siglo XX en el costado sur de la Pirámide del Sol. Fotografías tomadas en 1948 y documentos históricos revelan cómo este espacio, con su parterre y pabellón octogonal, fue parte de los proyectos impulsados por el arqueólogo Leopoldo Batres, figura central en la configuración moderna de la zona arqueológica.

Durante el simposio “Teotihuacan a través del tiempo. La configuración histórica de la zona arqueológica”, celebrado el 5 y 6 de marzo de 2026, especialistas analizaron cómo la visión sobre la antigua ciudad ha evolucionado, no solo desde la arqueología, sino también por decisiones institucionales y la intervención de personajes clave. El evento, organizado por el Departamento de Museos y Comunicación Educativa junto al Centro de Estudios Teotihuacanos, reunió a expertos del INAH, la UNAM, la Universidad Autónoma del Estado de México y otras instituciones.

Fotografía monocromática de un grupo de personas de pie entre vegetación densa, con un puente rústico de madera visible en el fondo a la derecha
Fotografía de 1948 muestra el jardín paisajístico diseñado por Leopoldo Batres, ubicado en el costado sur de la Pirámide del Sol en Teotihuacán, revelando un espacio poco conocido. (INAH)

Leopoldo Batres y la transformación de Teotihuacán

La labor de Batres fue uno de los focos principales en el encuentro. Según la restauradora Elvira Pruneda Gallegos, bisnieta del investigador, los trabajos de Batres en Teotihuacán se remontan a 1884, cuando identificó el primero de dos murales en el Templo de la Agricultura. Más allá de su formación militar, Batres se formó como anticuario y fue el primer mexicano en estudiar en el Museo de Etnografía del Trocadero en París, integrándose a círculos internacionales de americanistas.

La doctorante Lorena López Jáuregui explicó que, en esos congresos de americanistas, Teotihuacán fue concebida como “La Pompeya mexicana”, impulsando una perspectiva monumental sobre el sitio. La urgencia por mostrar avances arqueológicos coincidió con las celebraciones del centenario de la independencia en 1910, lo que llevó a que el 17 Congreso Internacional de Americanistas se realizara en México y se exhibieran los trabajos en la Pirámide del Sol.

Fotografía en blanco y negro de la Pirámide del Sol en Teotihuacán, con edificios y un jardín paisajístico en el primer plano, y personas trabajando
Una fotografía de 1948 muestra el jardín paisajístico y las construcciones al sur de la Pirámide del Sol en Teotihuacán, parte de los proyectos de Leopoldo Batres a principios del siglo XX. (INAH)

Antes de 1905, el valle de Teotihuacán se presentaba como “un conjunto de cerros cubiertos de tierra, piedras y magueyes”, señaló López Jáuregui. El cambio radical del paisaje comenzó con la aprobación del proyecto de Batres para develar la Pirámide del Sol, que modificó la percepción y el acceso a la zona.

El papel de Leopoldo Batres en la transformación física y simbólica de Teotihuacán es considerado fundamental por los participantes del simposio. Su visión, respaldada por instituciones y por una red académica internacional, sentó las bases de la exploración y resignificación del sitio.

Plano antiguo sobre papel translúcido y arrugado que muestra la Pirámide del Sol en Teotihuacán, un jardín con vegetación, Via Sacra y Camino de San Francisco
Este plano histórico detalla el diseño del jardín paisajístico del siglo XX en el costado sur de la Pirámide del Sol en Teotihuacán, un proyecto impulsado por Leopoldo Batres. (INAH)

El jardín desconocido y su significado en el entorno arqueológico

Uno de los aportes inéditos resaltados en el simposio fue la existencia de un jardín formal, iniciativa de Batres durante las obras previas a las celebraciones del Centenario de la Independencia. El historiador del arte Omar Ramírez Casas compartió que un miniálbum fotográfico de 1948, realizado por Fernando del Río González, contiene imágenes del parterre y del área de descanso junto al museo local.

Este espacio, compuesto por un pabellón octogonal, un lago y un diseño paisajístico, comenzó a construirse en 1907, año en que la Comisión Nacional del Centenario integró nuevas ideas sobre la función social de los espacios arqueológicos. En palabras de Ramírez Casas, la iniciativa respondió a la tendencia porfirista de crear “parques, paseos y jardines como indicadores del grado de civilización y cultura de los pueblos” y al deseo de embellecer los sitios públicos.

Cinco personas, tres mujeres y dos hombres, posan sonrientes frente a una pantalla de proyección con texto. Flores decoran una mesa frente a ellos
Investigadores y académicos posan durante el simposio “Teotihuacan a través del tiempo”, que abordó la reconfiguración de la zona arqueológica y la revelación del jardín paisajístico de la Pirámide del Sol. (INAH)

Documentos resguardados en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, como un álbum de 1908 que habría sido obsequio de Batres a Porfirio Díaz, muestran vistas inéditas del área de museo y jardín, capturadas por Agustín Barraza. Estas imágenes confirman la existencia y extensión de un proyecto paisajístico que, con el tiempo, quedó relegado en la memoria colectiva.

El jardín de Teotihuacán, aunque desaparecido, ofrece nueva luz sobre la visión de sus restauradores y sobre el modo en que el pasado prehispánico fue reinterpretado en el contexto de la modernización y del nacionalismo mexicano.