
La glucosa es una de las principales fuentes de energía del cuerpo humano y cumple un papel fundamental en el funcionamiento de órganos y sistemas vitales, como el cerebro, los músculos y el sistema nervioso.
Proviene principalmente de los alimentos que se consumen, especialmente de los carbohidratos como pan, arroz, frutas, cereales y azúcares, los cuales se descomponen durante la digestión para convertirse en glucosa y pasar al torrente sanguíneo.
Una vez que la glucosa circula en la sangre, el páncreas libera una hormona llamada insulina, cuya función es permitir que la glucosa entre a las células y sea utilizada como energía o almacenada para uso posterior. Cuando este proceso funciona adecuadamente, los niveles de glucosa en la sangre se mantienen dentro de rangos normales. Sin embargo, cuando el cuerpo no produce suficiente insulina o no la utiliza de forma eficiente, la glucosa se acumula en la sangre, lo que puede generar diversos problemas de salud.

Mantener niveles elevados de glucosa de manera prolongada puede derivar en enfermedades como la diabetes mellitus. Esta condición aumenta el riesgo de padecer complicaciones graves, entre ellas daño a los riñones, problemas de visión, enfermedades cardiovasculares, afectaciones en los nervios y dificultades en la cicatrización de heridas.
Por otro lado, niveles de glucosa demasiado bajos, conocidos como hipoglucemia, también representan un riesgo, ya que pueden provocar mareos, sudoración, confusión, pérdida del conocimiento e incluso convulsiones en casos severos.
La medición de la glucosa es una herramienta clave para prevenir y controlar estos padecimientos. Generalmente se realiza mediante un análisis de sangre, ya sea en ayuno, después de ingerir alimentos o a través de pruebas como la hemoglobina glucosilada, que permite conocer el promedio de glucosa en los últimos tres meses. Las personas con diabetes suelen utilizar glucómetros portátiles, dispositivos que miden la glucosa con una pequeña gota de sangre obtenida del dedo, lo que facilita el monitoreo diario.
Cuidar los niveles de glucosa es posible a través de hábitos saludables. Una alimentación equilibrada, rica en verduras, frutas enteras, leguminosas, proteínas magras y granos integrales, ayuda a evitar picos de azúcar en la sangre.

Reducir el consumo de bebidas azucaradas, productos ultraprocesados y harinas refinadas es igualmente importante. Además, realizar actividad física de manera regular mejora la sensibilidad a la insulina y favorece el uso eficiente de la glucosa por parte del cuerpo.
El control del estrés, dormir adecuadamente y acudir a revisiones médicas periódicas también son factores clave para mantener la glucosa en niveles adecuados. En personas con diagnóstico de diabetes, seguir el tratamiento indicado y monitorear constantemente sus niveles es fundamental para prevenir complicaciones.
En resumen, la glucosa es indispensable para la vida, pero su equilibrio es esencial. Con información, prevención y hábitos saludables, es posible proteger la salud y reducir los riesgos asociados a niveles elevados o bajos de azúcar en la sangre.
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