
La historia de Jay de la Cueva está marcada por un episodio insólito que dejó huella en la memoria del rock mexicano: a los seis años, el multiinstrumentista subió al escenario para reemplazar a El Tri cuando la mítica banda de Alex Lora no llegó al concierto donde estaba anunciada.
Esta anécdota no solo subraya el talento precoz de Jay, sino también anticipa el impacto que tendría en la música nacional desde sus primeros años.
El ex líder de Moderatto ya había cautivado al público bajo el apodo de “el Baby rock”, aunque aún no alcanzaba la primaria. En el Teatro Lírico, en Ciudad de México, con la presentación de su padre —Javier de la Cueva, pionero del rock and roll en México en los 50—, la ausencia de El Tri motivó a Javier a alentar a su hijo para cubrir el inesperado vacío.

Un talento musical impulsado por su padre
Jay relató en entrevista para Yordi Rosado que el público, inicialmente incrédulo, terminó aceptando la presencia del niño sobre el escenario: “Yo tenía entre cinco o seis años, como las baterías me quedaban bastante grandes, tenía que tocar parado, pero esa vez la acomodaron y me subí a tocar sentado”.
En medio de la actuación improvisada, recibió una paleta de chocolate cuya intención, admitió, nunca le quedó clara: podía ser un regalo o una muestra de rechazo.
Mucho antes de ese debut accidentado, Jay había mostrado una inclinación natural por la música. Fue su padre, exintegrante de Los Camisas Negras y Los Hooligans, quien lo introdujo en el ambiente artístico familiar.

La madre, doña Lolita, recuerda cómo a los tres años el pequeño Jay buscaba objetos en la cocina para acompañar las melodías de piano paternas:
“Cada vez que mi papá comenzaba a tocar el piano, yo iba inmediatamente a la cocina, y sacaba botes de la cocina, iba a cumplir tres años, en realidad era prácticamente un bebé”, citó el músico.
A los cuatro años recibió su primera batería, un instrumento que llegó por decisión expresa de su padre, convencido de que Jay tenía “una facilidad y una conexión, una facilidad muy notoria” para la música. Si bien la madre minimizaba el entusiasmo de Javier de la Cueva, el tiempo confirmó su percepción.
El recorrido de Jay durante la infancia incluyó presentaciones continuas junto a su padre, a pesar de las reservas iniciales de los otros músicos. El público, no obstante, respondía con entusiasmo al talento prematuro del niño.
Esto le permitió crear su propio espectáculo, presentado en el parque de diversiones Reino Aventura en Ciudad de México, escenario emblemático que consolidó aún más su presencia en el mundo del espectáculo.
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