Qué alimentos aumentan la ansiedad y por qué deberías reducir su consumo

La alimentación cotidiana también juega un papel clave en la forma en que responde el sistema nervioso

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La alimentación cotidiana también juega
La alimentación cotidiana también juega un papel clave en la forma en que responde el sistema nervioso

En los últimos años, el vínculo entre lo que se come y la salud mental ha cobrado mayor relevancia. Algunos alimentos generan respuestas fisiológicas que pueden confundirse con síntomas de ansiedad, como palpitaciones, sudoración, inquietud o sensación de alerta constante.

Esto ocurre porque influyen directamente en el sistema nervioso, el nivel de azúcar en sangre y los procesos inflamatorios del organismo.

Bebidas y estimulantes que elevan la ansiedad

Uno de los principales detonantes alimentarios de la ansiedad es la cafeína. Presente en el café, el té con teína, los refrescos, las bebidas energéticas y el chocolate —por su contenido de teobromina—, esta sustancia estimula el sistema nervioso central. En exceso, puede elevar la presión arterial, acelerar el ritmo cardiaco y aumentar la producción de hormonas del estrés.

El alcohol, aunque suele asociarse con una sensación inicial de relajación, actúa como un depresor del sistema nervioso. Su consumo frecuente altera el sueño, afecta la regulación emocional y, a largo plazo, puede empeorar tanto la ansiedad como los síntomas depresivos.

El consumo frecuente de ciertos
El consumo frecuente de ciertos alimentos puede provocar reacciones físicas como palpitaciones, sudoración e inquietud, síntomas que a menudo se confunden con episodios de ansiedad

Azúcares, carbohidratos refinados y comida procesada

Los azúcares y carbohidratos refinados, presentes en dulces, pasteles, galletas, pan blanco, cereales azucarados y refrescos, provocan subidas rápidas de glucosa en sangre seguidas de caídas bruscas. Estas fluctuaciones pueden generar cansancio, irritabilidad y una sensación de ansiedad similar a un ataque de pánico.

La comida rápida y los productos ultraprocesados, como papas fritas, snacks envasados, embutidos y comidas congeladas, concentran grasas no saludables, sodio y aditivos. Su consumo habitual se asocia con inflamación y desequilibrios que afectan tanto al cuerpo como al estado de ánimo.

Grasas no saludables y exceso de sodio

Las grasas saturadas y trans, presentes en carnes rojas grasas, mantequilla, lácteos enteros y productos horneados industriales, favorecen procesos inflamatorios que pueden impactar la función cerebral. Esta inflamación se ha relacionado con alteraciones en el bienestar emocional.

El sodio en exceso, común en embutidos, sopas enlatadas, galletas saladas y salsas procesadas, también puede influir en la ansiedad al afectar la presión arterial y generar sensación de malestar general.

Otros alimentos que pueden influir

En personas sensibles, los alimentos añejos o fermentados, como ciertos quesos, vinos, embutidos y el chucrut, pueden contener histamina. Esta sustancia puede agravar síntomas de ansiedad en quienes presentan intolerancia o sensibilidad.

El consumo frecuente de ciertos
El consumo frecuente de ciertos alimentos puede provocar reacciones físicas como palpitaciones, sudoración e inquietud, síntomas que a menudo se confunden con episodios de ansiedad

¿Por qué conviene reducir su consumo?

Estos alimentos actúan de distintas formas: estimulan en exceso el sistema nervioso, alteran el azúcar en sangre, favorecen la inflamación y afectan la comunicación entre el intestino y el cerebro.

Reducir su consumo y optar por una dieta equilibrada, con horarios regulares y alimentos frescos, ayuda a mantener niveles de energía estables y un mejor control emocional.

Si la ansiedad es persistente o interfiere con la vida diaria, la recomendación es buscar orientación profesional. La alimentación es un factor importante, pero forma parte de un abordaje integral del bienestar mental.

En resumen:

  • La alimentación influye directamente en el sistema nervioso y puede intensificar la ansiedad.
  • La cafeína (café, té con teína, refrescos, bebidas energéticas y chocolate) estimula el sistema nervioso y puede provocar palpitaciones, nerviosismo e insomnio.
  • El alcohol genera una sensación temporal de relajación, pero a largo plazo altera el sueño y empeora la ansiedad y el estado de ánimo.
  • Los azúcares y carbohidratos refinados (dulces, pan blanco, pasteles, cereales azucarados) causan picos y caídas bruscas de glucosa que favorecen irritabilidad y ansiedad.
  • La comida rápida y los alimentos ultraprocesados aportan grasas no saludables, sodio y aditivos que afectan el bienestar físico y emocional.
  • Las grasas saturadas y trans se asocian con inflamación, lo que puede impactar negativamente en la función cerebral.
  • El exceso de sodio (embutidos, sopas enlatadas, snacks salados) puede generar malestar general y aumentar la sensación de estrés.
  • Algunos alimentos fermentados o añejos pueden agravar la ansiedad en personas sensibles a la histamina.
  • Si la ansiedad es persistente, se recomienda buscar apoyo profesional.