
Las manchas que aparecen en las almohadas con el paso del tiempo no solo afectan su aspecto, también pueden generar incomodidad, malos olores y sensación de suciedad.
Aunque se usen fundas protectoras, el sudor, la saliva y la humedad ambiental terminan filtrándose y dejando marcas amarillentas difíciles de quitar.
Muchos productos prometen resultados inmediatos, pero no todos son seguros para el relleno ni para el tejido. Por eso, este truco casero se volvió popular: es económico, efectivo y no requiere químicos agresivos.
El método consiste en sumergir la almohada en una mezcla efervescente que actúa como blanqueador natural. Para prepararla, se necesita agua caliente, bicarbonato de sodio y vinagre blanco.
La reacción entre ambos ingredientes ayuda a desprender las partículas que se adhieren a las fibras sin dañar la estructura.

Se recomienda usar una tina o recipiente amplio donde la almohada quede completamente cubierta. La proporción ideal es una taza de bicarbonato y una taza de vinagre por cada cinco litros de agua caliente.
Una vez sumergida, la almohada debe reposar al menos una hora. Durante ese tiempo, la mezcla penetra el tejido y afloja las manchas.
Si el relleno lo permite, se puede presionar suavemente para facilitar la limpieza. Luego se retira del recipiente y se coloca en la lavadora con detergente suave. Es importante seleccionar un ciclo delicado y agregar un enjuague adicional para eliminar cualquier residuo.
El secado también es clave. Lo ideal es exponer la almohada al sol, ya que la luz natural ayuda a eliminar humedad, olores y bacterias.
Si no es posible, se puede usar secadora en modo aire frío o dejarla en un espacio ventilado. Nunca se debe guardar húmeda, ya que eso favorece la aparición de hongos y moho.

También es recomendable revisar que no queden zonas internas con exceso de agua, especialmente en almohadas gruesas.
Este método funciona especialmente bien en almohadas de fibra sintética o algodón. En el caso de rellenos especiales, como plumas o memory foam, se recomienda consultar las instrucciones del fabricante antes de sumergirlas.
También puede aplicarse a fundas o protectores lavables que hayan perdido su color. Si se repite cada cierto tiempo, el resultado se mantiene por más semanas.
Con este truco, no solo se recupera el blanco original, también se prolonga la vida útil del producto. Es una alternativa práctica para quienes buscan resultados visibles sin gastar de más ni comprometer la calidad del descanso.
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