
En el oscuro mundo del crimen y la violencia se encuentran personajes cuyas acciones dejan una marca que no se puede borrar en la sociedad. Uno de esos individuos es Alejandro Félix Carrillo, también conocido como “El Secuestrador de Durango”. Su nombre ha quedado grabado en la memoria colectiva como el responsable de una serie de secuestros y asesinatos que estremecieron a esa ciudad y sus alrededores.
Nacido en una humilde familia en el poblado 5 de mayo, a las afueras de la ciudad de Durango en 1985, Alejandro Félix Carrillo creció en un entorno marcado por la pobreza y la falta de oportunidades. Desde joven, mostró signos de comportamiento con inclinación hacia la delincuencia.
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El primer caso que se le atribuyó a Félix Carrillo fue cuando tenía apenas 16 años, mismo que ocurrió en el 2001 en el poblado de Ignacio López Rayón, luego de supuestamente verse involucrado en el homicidio de Ricardo Ruvalcaba Félix, por lo que estuvo preso algunos años, pero fue liberado luego de tener pruebas suficientes de participación directa en el asesinato, según informó el periódico local El Siglo de Durango.
Medios locales señalaron que este primer hecho ocasionó que huyera de esa ciudad y se asentara en al estado de Baja California porque, pese a ser liberado, temía que las autoridades locales lo volvieran a capturar pues ya lo tenían ubicado.
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Alejandro regresó a su ciudad natal a principios del 2009, por lo que a partir de ese momento, una serie de secuestros estremeció a la región.
En ese año, el ya adolescente pidió a su abuelo prestada una casa ubicada en la calle Narciso, en el fraccionamiento Valle Verde, lugar donde vivió algunas semanas y donde, según medios locales, conoció a Flor Angélica Fernández Sánchez, de 20 años, que vivía en la colonia vecina del Ejidal. La mujer se convirtió en su amiga y se convertiría en parte importante del caso meses después.
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A finales de marzo de ese año, la propia familia de Alejandro interpuso una denuncia ante la entonces Procuraduría General del estado de Durango por la desaparición de Bernardo Félix León, de 80 años, y de Manuel Félix Rodríguez, de 59, abuelos y tío del joven, respectivamente.
El Siglo de Durango informó que fue la propia familia de Félix Carrillo quien lo señaló como uno de los principales sospechosos, mismo que lo veían como una persona agresiva y capaz de cometer todo tipo de actos, inclusive, con integrantes de su propia sangre.
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La policía se encontraba en una carrera contra reloj para detener a este peligroso individuo y liberar a las víctimas por las que se había solicitado dinero para su rescate.

Poco después del anuncio de la privación de la libertad de los integrantes de la familia de Félix Carrillo, en el mismo poblado donde nació Alejandro, 5 de mayo, Nabor Castillo López, de 33 años, fue reportado también como desaparecido.
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Los asesinos en serie o asesinatos seriales, según el Buró Federal de Investigación de los Estados Unidos (FBI, por sus siglas en inglés), son individuos que cometen al menos tres asesinatos con un intervalo entre cada uno de ellos.
Estos crímenes, detalla la agencia estadounidense, son resultado de una compulsión que puede tener sus raíces en la juventud o en desajustes psicopatológicos. Una característica distintiva de estos homicidios es que son cometidos utilizando un modus operandi similar en cada caso.
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La prensa local y nacional se volcó sobre el caso de Félix Carrillo, mismo que se volvió una presión para las autoridades de seguridad estatales. La búsqueda del prófugo fue ardua y prolongada, pues Carrillo demostró ser astuto y esquivo, logrando evadir a la justicia durante varias semanas.
Finalmente, tres meses de intensa investigación y trabajo de inteligencia dieron resultados, pues las fuerzas de seguridad lograron dar con el paradero de Alejandro Félix Carrillo. El 7 de abril, las autoridades lo ubicaron a bordo de una motocicleta en los terrenos de Valle Verde, por lo que al tener la oportunidad lo interceptaron y lo obligaron a seguir las instrucciones para su detención; sin embargo, el joven salió corriendo con la intención de escapar.
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El Siglo de Durango, quien cita informes de las autoridades, detalló que Alejandro se sintió acorralado por las fuerzas de seguridad en la calle Paseo de la Ferrería, por lo que sacó dos armas de fuego de diferentes calibres: una 32 y otra de 38. Su acción alertó a los policías para que activaran el Código Rojo pues pensaron que los iba a atacar.
Por ello, los elementos de seguridad solicitaron el apoyo de más policías, pero antes de que llegaran los agentes de los tres niveles de gobierno, Alejandro escogió el calibre 38 para meterse un balazo en la cabeza.
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Al lugar arribaron paramédicos de la Cruz Roja quienes por casi una hora intentaron salvar la vida al joven, al tiempo que lo trasladaron un hospital de la zona, pero Félix Carrillo falleció.
Las investigaciones llevaron a los agentes ministeriales a revisar la casa que pidió prestada Alejandro y en ella descubrieron un macabro hallazgo, pues en el patio de ese domicilio estaban enterrados los cuerpos de Bernardo y Manuel, abuelo paterno y tío del joven, respectivamente.
Según las autoridades, estos cuerpos tenían golpes contusos, heridas por arma blanca y al menos uno de ellos, del cual no se supo quién, tenía una herida de bala.

Seis días después del suicidio del joven frente a las autoridades, el 13 de abril, Flor Angélica fue capturada a bordo de una camioneta de las víctimas de secuestro y asesinato de Alejandro, misma que confesó que fue cómplice de Félix Carrillo al ser la encargada de pedir 500 mil pesos por la liberación del señor Bernardo y Manuel.
El 17 de abril, el cuerpo sin vida de Nabor, la otra víctima de Félix Carrillo, fue encontrado en un terreno de la Ampliación 5 de mayo. La historia de Alejandro sigue siendo una advertencia sobre los peligros de la criminalidad y sus consecuencias devastadoras. Su nombre perdura como el de uno de los criminales más infames de la historia de Durango.
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