
En el corazón de Ontario, Canadá, se encuentra el Santuario de Cerdos Sweet Acres, un refugio dedicado al rescate y cuidado de cerdos barrigones que han sido víctimas de abandono o maltrato. Kirsten Duggan, fundadora y directora del santuario, ha sido testigo de muchas historias conmovedoras desde su creación, sin embargo, pocas tan sorprendentes y entrañables como la que protagonizan Pebbles, una cerda de 81 kilos, y Charlie, un pato de apenas 1,8 kilos.
La historia comenzó en marzo, cuando Duggan recibió una llamada inesperada del control de animales pidiéndole hacerse cargo de Charlie, un ave de 13 años que fue abandonada. “Nunca había tenido un pato y no sabía cómo se llevaría con los cerdos”, confesó Duggan a The Dodo For Animal People, una plataforma con enfoque emocional hacia el cuidado y la defensa de los animales. Pero a pesar de sus dudas iniciales, decidió ofrecerle al animal emplumado una segunda oportunidad.
Para sorpresa de todos, Charlie no tardó en encontrar compañía en Pebbles, una cerda rescatada que, hasta ese momento, no había logrado integrarse con los demás porcinos del santuario. “Tienen un vínculo especial. Corren el uno al otro. Siempre que salen, están juntos”, relató Duggan al medio.
La relación entre ambos animales es tan cercana que pasan al menos una hora diaria simplemente recostados uno junto al otro. Él limpia las orejas de su compañera mamífera con el pico y se acurruca contra su enorme amiga. Pebbles, por su parte, responde inclinando la cabeza, una señal clara, según Duggan, de que disfruta y acepta el gesto. “Es una relación única. Simplemente se aman”, añadió.
Una cerda con un triste pasado y una recuperación milagrosa

Pebbles llegó al santuario hace cuatro años, víctima de un pasado desgarrador en el que fue mantenida sola en un establo oscuro dentro de un matadero, donde era alimentada en exceso y nunca había visto la luz del sol. Según la página oficial del refugio Sweet Acres, “estaba extremadamente sobrealimentada y sufría de ceguera por grasa”, una condición en la que los pliegues de piel sobre los ojos impiden ver, explica The Dodo. Además, le faltaba cabello, estaba deprimida y mostraba un comportamiento letárgico.
Afortunadamente, con cuidados especializados y una dieta equilibrada, Pebbles ha tenido una recuperación notable. Ha perdido 34 kilos, le ha vuelto a crecer el pelo y ya no está afectada por la ceguera. “Está muy bien. Hasta ahora, no he visto ningún problema de salud, así que tengo mucha suerte. Y ella está mucho más feliz”, aseguró la mujer.
Sumado a su nueva salud física, Pebbles ha mostrado una personalidad fuerte e independiente. Le encanta el aire libre, el sol y ha construido varias pocilgas en las que se relaja durante largos ratos. Aunque vive sola, su situación ha mejorado radicalmente desde sus días en el matadero. “Se está acostumbrando rápidamente a que la alimenten de la mano y disfruta de su nueva vida”, se lee en la descripción del refugio.
Una amistad que rompe esquemas y une corazones

Aunque Charlie intentó relacionarse con otros animales del santuario, su pequeña estatura y naturaleza diferente hicieron difícil su integración. Algunos puercos, aunque no lo agreden, simplemente lo evitan. Lo mismo ocurría con Pebbles, que no encajaba con el resto. Sin embargo, juntos entablaron un vínculo que desafía las nociones convencionales sobre la amistad animal.
Duggan recuerda cómo al principio observaba con cautela la interacción entre ambos, preocupada por la diferencia de tamaño. Después de todo, una cerda de poco más de 80 kilos con un pato de 1,8 parecía un riesgo. Pero el tiempo disipó todas las dudas: “Ahora me siento muy cómoda con el pato y el cerdo... son inseparables”.
Ambos disfrutan de la atención y tienen personalidades que, aunque intensas, se complementan perfectamente entre sí, por ello, mientras otros animales pueden sentirse intimidados o confundidos, Charlie y Pebbles han construido su propio universo en el que no importa el tamaño, la especie ni el pasado.
“Simplemente se unen”, concluye Duggan. “Es como magia”.
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