
Honduras recibe cada vez más dinero de sus migrantes mientras también aumenta el número de compatriotas que regresan al país deportados.
El fenómeno plantea una pregunta para la economía hondureña: cuánto tiempo podrán seguir creciendo las remesas si aumenta la cantidad de migrantes que pierden su empleo o deben abandonar Estados Unidos.
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Por ahora, las cifras muestran que el flujo de dinero no se ha debilitado. El Banco Central de Honduras registró USD 6.515,4 millones, equivalentes a unos 172.658,1 millones de lempiras, en remesas durante el primer semestre de 2026, frente a los USD 5.799,6 millones, unos 153.689,4 millones de lempiras, recibidos en el mismo período de 2025.
Estados Unidos continúa siendo, por amplio margen, el principal origen de estos recursos. Desde ese país llegaron USD 6.410,6 millones, equivalentes a unos (169.881 millones de lempiras), durante los primeros seis meses del año.
El aumento de los retornos no se ha reflejado todavía en una caída de las remesas. Por el contrario, los envíos mantienen una tendencia ascendente. Una de las razones es que ambos fenómenos no necesariamente se reflejan al mismo tiempo.
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Mientras algunos hondureños son deportados y pierden su fuente de ingresos en Estados Unidos, millones de compatriotas permanecen en ese país, continúan trabajando y enviando dinero a sus familiares.
Contraste migratorio
El analista político Ramón Custodio, explicó a Infobae que “el impacto de las deportaciones debe analizarse más allá del retorno de las personas, por las consecuencias que puede generar sobre sus familias”.
A esta valoración César Castillo, especialista en migración, considera que el crecimiento actual de las remesas debe analizarse con cautela, porque las consecuencias económicas de las deportaciones pueden tardar en aparecer.
“No necesariamente existe una contradicción entre más deportaciones y más remesas. Son procesos que pueden tener tiempos diferentes. El efecto de una deportación sobre el envío de dinero puede aparecer después, cuando el migrante pierde su empleo y deja de tener la capacidad económica para sostener los envíos”, explicó Castillo.
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El dato más reciente muestra que junio fue particularmente fuerte. Ese mes Honduras recibió USD 1.224,5 millones, equivalentes a aproximadamente 32.449 millones de lempiras, el mayor monto mensual registrado durante el primer semestre.

El informe más reciente del Banco Central de Honduras, más del 85% de las remesas procede de Estados Unidos, país donde reside una de las mayores comunidades de hondureños en el exterior. Por esa razón, cualquier modificación en las condiciones laborales y migratorias de los compatriotas puede tener repercusiones directas sobre la economía hondureña.
Si una proporción importante de los migrantes pierde su empleo, abandona Estados Unidos o retorna definitivamente a Honduras, su capacidad para enviar dinero podría disminuir.
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Remesas y deportaciones
Para el economista Claudio Salgado el escenario actual también debe servir para discutir la fuerte dependencia que Honduras mantiene de los recursos generados por sus migrantes.
“Las remesas han permitido sostener durante años el consumo de miles de familias, pero Honduras no puede depender indefinidamente de ingresos generados fuera del país. Es necesario crear condiciones para que una parte de esos recursos pueda convertirse en ahorro, inversión y generación de empleo”, señaló Salgado.
Un informe de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) revela que alrededor de 670.000 hogares hondureños reciben remesas provenientes del exterior y para el 45% de ellos estos recursos representan su principal fuente de ingresos.
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Además, el 62% de los hogares receptores recibe el dinero de manera mensual, lo que convierte a las remesas en un ingreso permanente para una parte importante de la población.

Por otro lado, el 80% de las remesas que reciben los hogares se destina al consumo, mientras que apenas el 4% se dirige al ahorro y el 3% a inversiones.
El comportamiento refleja la realidad económica de las familias receptoras. Para muchos hogares, el dinero enviado desde Estados Unidos no representa un excedente que pueda guardarse o invertirse, sino un recurso necesario para cubrir gastos cotidianos.
Para aquellos hogares donde el dinero enviado por un migrante constituye la principal fuente de ingresos, una interrupción de los envíos significaría una reducción directa de su capacidad para cubrir necesidades básicas.
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Hasta ahora, la presión migratoria no ha provocado una reducción de las remesas. Pero los consultados detallaron a Infobae que el efecto podría aparecer después, dependiendo de cuánto se prolonguen las deportaciones y de cuántos migrantes pierdan sus empleos o deban regresar definitivamente al país.
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