El desastre nuclear de Three Mile Island, el día que la película “El síndrome de China” casi se hace realidad

A las 4 de la madrugada del 28 de marzo de 1979, una serie de accidentes que incluyeron fallas humanas en la planta atómica instalada en una pequeña isla de Pensilvania provocó la explosión de un reactor y produjo una ola radioactiva que obligó a evacuar a casi cien mil personas. Apenas 16 días antes se había estrenado una película protagonizada por Jack Lemmon, Jane Fonda y Michael Douglas que, desde la ficción, anticipaba la posibilidad de un desastre nuclear de terribles consecuencias

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La planta nuclear de Three Mile Island en Pensilvania, Estados Unidos
La planta nuclear de Three Mile Island en Pensilvania, Estados Unidos

El almanaque transitaba los últimos días de marzo de 1979 y en las carteleras de cine estadounidense se destacaba una película inquietante. Estrenada el 12 de ese mes, El Síndrome de China se perfilaba como el film más taquillero del año. Dirigida por James Bridges y protagonizada por Jack Lemmon, Jane Fonda y Michael Douglas, la película cuenta la historia de una periodista televisiva y un camarógrafo que descubren fallas y encubrimientos en la seguridad de un reactor nuclear. El título apuntaba a denunciar la posible magnitud de un desastre nuclear de ese tipo. Si un reactor se fundía en los Estados Unidos, podría atravesar la Tierra y llegar hasta las antípodas, provocando una catástrofe mundial.

En la película se desata una desesperada carrera contra el tiempo para frenar la explosión. En esa lucha, el jefe de la planta, encarnado por Jack Lemmon, descubre que la compañía ha encubierto por razones económicas que las soldaduras del reactor nuclear no están seguras. Para ello falsificaron las radiografías de esas soldaduras. Los dos periodistas se comprometen a sacar la conspiración a la luz. Todo termina con una explosión.

El éxito de El Síndrome de China se basaba en dos factores. Uno de ellos era que a fines de los ’70 el llamado cine catástrofe pasaba por uno de sus momentos de mayor popularidad; el otro, que las centrales atómicas eran tema de debate en los medios. El gran público poco y nada sabía del uso pacífico de la energía nuclear, a la que todavía asociaba con las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y al temor a una confrontación con ese tipo de armas en el marco de la Guerra Fría.

Para muchos, sin embargo, la película de Bridges era “una de ciencia ficción” porque, como se suele decir, esas cosas solamente pasan en el cine. Y era así hasta que ocurrió, aunque con consecuencias menos catastróficas, apenas 16 días después del estreno. Ese día la mayoría de los estadounidenses —en realidad todo el mundo— se enteró de la existencia de una pequeña isla llamada Three Mile Island.

Three Mile Island
El accidente radioactivo en la prensa

Un lunar atómico

Vista desde el cielo, Three Mile Island es apenas un lunar sobre las aguas del río Susquehanna cerca de Harrisburg, Pensilvania, en el noreste de los Estados Unidos. Sin embargo, la madrugada del 28 de marzo de 1979 un accidente ocurrido en esa pequeña isla de menos de cinco kilómetros cuadrados puso en alerta máxima a todo el país, provocó la evacuación de más de 100.000 personas y desató el pánico de una catástrofe nuclear.

Ese miércoles, a las 4 de la mañana, una serie de fallas encadenadas en la central nuclear que funcionaba en la isla terminó con la explosión de uno de los dos reactores de la planta y produjo una fuga radioactiva que expuso a más de dos millones de personas a los efectos de la radiación. Según la Organización Internacional para la Energía Atómica (OIEA), fue un incidente de nivel 5 —en una escala de 7—, el tercero en magnitud en la historia de los desastres nucleares hasta ese momento, detrás de los de Kysshtym, en la Unión Soviética, y Windscale, en Gran Bretaña, los dos ocurridos en 1957.

Las autoridades estadounidenses intentaron desde un primer momento minimizar las consecuencias del desastre. La Comisión Reguladora Nuclear (CRN) informó que no hubo muertos y que la dosis promedio de exposición a la radiación fue menor a la generada por una radiografía de tórax. Los informes oficiales sostienen que durante los años que siguieron al accidente no hubo aumento en los casos de cáncer y otras enfermedades relacionadas con la radiación, un dato que fue desmentido por organizaciones no gubernamentales y agrupaciones de vecinos de la región.

El accidente cambió para siempre la carrera por la energía nuclear en los Estados Unidos y también en el resto del planeta. “La confianza pública en la energía nuclear disminuyó drásticamente tras el accidente de Three Mile Island. Fue una de las principales causas del declive de la construcción nuclear durante los años ochenta y noventa”, sostiene un informe de la Asociación Nuclear Mundial.

En números concretos: solo en los Estados Unidos fueron cancelados 39 proyectos de centrales nucleares que estaban autorizados o en marcha. “El accidente cambió permanentemente tanto a la industria nuclear como a la Comisión Reguladora Nuclear (de los Estados Unidos). El temor y la desconfianza del público aumentaron, las regulaciones y la supervisión se volvieron más amplias y fuertes, y el manejo de las plantas se analizó con más cuidado”, explicó la propia CRN meses después.

La explosión de uno de los dos reactores de la planta de Three Mile Island produjo una fuga radioactiva que expuso a más de dos millones de personas a los efectos de la radiación (Jonathan Ernst/ REUTERS)
La explosión de uno de los dos reactores de la planta de Three Mile Island produjo una fuga radioactiva que expuso a más de dos millones de personas a los efectos de la radiación (Jonathan Ernst/ REUTERS)

Una madrugada explosiva

La planta nuclear de Three Mile Island fue construida en 1968 y comenzó a funcionar con un solo reactor, el TMI-1 en 1974. A fines de 1978 empezó a operar el segundo reactor, TMI-2, el mismo que fallaría pocos meses después, con lo que la central alcanzó el 97% de su potencia.

El 28 de marzo de 1979, a las 4 de la mañana, las bombas primarias de alimentación de uno de los circuitos secundarios de la central dejaron de funcionar a causa de una avería mecánica o eléctrica que impidió retirar el calor del sistema primario en los generadores de vapor. En otras palabras, fallaron las bombas de agua refrigerante y el reactor se recalentó, lo que provocó el apagón automático de la turbina y del propio reactor. A eso se le sumó una falla humana: los operadores no se enteraron de lo que estaba pasando porque los engañó una válvula de seguridad atascada. Recién con el cambio de turno, dos horas después, los nuevos operarios detectaron el peligro.

Comenzó entonces una carrera contra el tiempo para volver a enfriar el reactor, cubriéndolo nuevamente con agua, antes de que explotara. Los esfuerzos fueron inútiles: a las 10 de la noche —18 horas después de la primera falla— gran parte del núcleo se había derretido o vaporizado y el reactor explotó. El resultado fue que entre 2,5 y 15 millones de curios (un metal radioactivo sólido) contaminaron la atmósfera con su gas. “Una combinación de mal funcionamiento del equipo, problemas relacionados con el diseño y errores de los trabajadores llevaron a la fusión parcial de TMI-2 y a las muy pequeñas emisiones de radiactividad fuera del sitio”, resumió el informe de la Comisión Reguladora Nuclear de los Estados Unidos.

Three Mile Island
"El Síndrome de China", la película dirigida por James Bridges y protagonizada por Jack Lemmon, Jane Fonda y Michael Douglas, que pareció anticipar el desastre nuclear ocurrido solo 16 días después de su estreno

La evacuación y el cierre

La evacuación de los pobladores de las ciudades cercanas se hizo tarde y mal. Más de cien mil personas debieron abandonar sus casas, pero lo hicieron a destiempo porque en un principio, los directivos de la empresa que operaba la planta y las propias autoridades sanitarias estadounidenses minimizaron el peligro de la radiación. No hay estudios oficiales creíbles sobre las consecuencias que tuvo a lo largo del tiempo la ola radioactiva sobre la población que estuvo expuesta.

El accidente provocó el cierre total de la planta y la limpieza llevó años y costó millones de dólares. La Unidad TMI-1 volvió a funcionar en 1985, pero el reactor TMI-2, que en teoría podía resistir el impacto de un avión, nunca volvió a operar. Con un solo reactor, la central nuclear de Three Mile Island siguió funcionando otros cuarenta años. En mayo de 2017, la compañía que la administraba, Exelon Generation, anunció que la cerraría en un futuro cercano por el alto costo de producción y la “falta de acción estatal para subsidiar la energía limpia”. La empresa tenía licencia para operar hasta 2034, pero si lo hacía sería a pura pérdida.

El 20 de septiembre de 2019 —más de cuarenta años después de la explosión—, la planta produjo su último kilovatio. Sin embargo, ese no fue el fin de la historia. Deberán realizarse tareas de limpieza de material radioactivo durante décadas, con un costo de más de 1.200 millones de dólares. Exelon Generation estima que el último rastro de material radioactivo desaparecerá recién en 2078.

La explosión del reactor de Three Mile Island fue, Según la Organización Internacional para la Energía Atómica (OIEA), la tercera en magnitud en la historia de los desastres nucleares hasta ese momento (Bloomberg)
La explosión del reactor de Three Mile Island fue, Según la Organización Internacional para la Energía Atómica (OIEA), la tercera en magnitud en la historia de los desastres nucleares hasta ese momento (Bloomberg)

Lo que vino después

Pero los desastres también generan beneficios. El pasado catastrófico de la Central Nuclear de Three Mile Island abrió las puertas de un futuro rentable como escala en un circuito que tiene muchos adeptos en los Estados Unidos, el del “turismo oscuro”.

La tendencia nació en Europa, donde hay empresas de turismo que ofrecen giras que incluyen Auschwitz, Kosovo, Sarajevo y lo que quedó de Notre Dame después de las llamas. Y, por supuesto, Chernobyl. Dentro de los circuitos oscuros de los Estados Unidos, uno de los más exitosos es el del “turismo nuclear”. Incluye, entre otras, visitas al Enola Gay, el avión que arrojó la bomba atómica sobre Hiroshima; a Los Álamos, en Nuevo México, donde se desarrolló el Proyecto Manhattan, que produjo las bombas de uranio y plutonio; y a un viejo búnker secreto construido por el gobierno de los Estados Unidos bajo la Cordillera Azul, en Virginia Occidental. Muy pronto, la pequeña isla del río Susquehanna se incorporará como nuevo destino.

El desastre de Three Mile Island mantuvo en vilo a los Estados Unidos y al resto del mundo. “El accidente generó una semana de miedo apocalíptico, pánico, declaraciones contradictorias, manifestaciones ruidosas e intensa confusión”, describió entonces The New York Times. Hoy está casi olvidado, porque fue apenas el anticipo de situaciones mucho más graves, cuyas consecuencias fueron mucho mayores. Faltaban siete años para que el mundo entero se espantara con la letal explosión de la planta atómica de Chernobyl y más de treinta para que un tsunami inundara la central nuclear de Fukushima y pusiera a Japón en alerta máxima por la contaminación radioactiva.

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