Miles de interrogatorios, 130 confesiones falsas y el cierre definitivo del caso 34 años tarde: el magnicidio que estremeció al mundo

Hace 40 años, en febrero de 1986, mataron a tiros a Olof Palme, el primer ministro de Suecia, en las calles de Estocolmo cuando caminaba junto a su esposa sin la compañía de sus escoltas. La investigación inicial, las múltiples hipótesis y el cierre del expediente sin una acusación formal por el crimen

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El Primer ministro sueco Olof
El Primer ministro sueco Olof Palme fotografiado el 12 de diciembre de 1983 (REUTERS)

Hace cuatro décadas, en una sociedad sin redes sociales, en la que las noticias se difundían por agencias internacionales, diarios, radio y televisión, el asesinato de Olof Palme conmocionó al mundo entero. El 28 de febrero de 1986, a las 23:21, Olof Palme, por entonces primer ministro sueco, caminaba junto a su esposa Lisbeth por Sveavägen, la avenida más transitada de la ciudad de Estocolmo. La pareja se había despedido minutos antes de su hijo Mårten y de la novia de este, luego de asistir a una función de cine en el centro de la capital. Palme, de 59 años, transitaba su segundo mandato gubernamental y había tomado la decisión de dispensar a su equipo de seguridad por el resto de la jornada. Al carecer de escoltas, ambos quedaron totalmente expuestos en la vía pública. Un individuo se acercó por la espalda y disparó a quemarropa. El mandatario recibió un impacto directo que le provocó la muerte de forma instantánea, mientras que un segundo proyectil rozó a su mujer. Tras el ataque, el agresor huyó por una estrecha escalera cercana.

La foto muestra la sangre
La foto muestra la sangre de Olof Palme en el lugar donde cayó asesinado en febrero de 1986 (AP)

En la escena del crimen se recuperaron balas pertenecientes a un revólver Magnum .357, pero el arma nunca fue hallada. La policía cometió una desprolijidad inicial grave al no acordonar la escena del asesinato de manera estricta. Esa negligencia permitió que numerosos transeúntes caminaran por el perímetro, lo que destruyó potenciales pruebas.

Para comprender el impacto del crimen, resulta indispensable detallar la trayectoria de la víctima. Olof Palme nació el 30 de enero de 1927 en el seno de una familia adinerada de la capital sueca. En 1948, obtuvo su título de grado en el Kenyon College, ubicado en Estados Unidos, y en 1951 se graduó en derecho por la Universidad de Estocolmo. Su militancia en el Partido Socialdemócrata Sueco comenzó a principios de la década de 1950. Asumió el cargo de secretario personal del primer ministro Tage Erlander en 1953 y logró ingresar al Parlamento en 1958.

Olof Palme y su esposa
Olof Palme y su esposa Lisbeth en junio de 1970 (AP)

Su carrera en la administración pública avanzó con celeridad: fue nombrado ministro sin cartera en 1963, ministro de comunicaciones en 1965 y asumió el doble rol de ministro de educación y de asuntos eclesiásticos en 1967. Sucedió a Erlander en la secretaría del partido y en la jefatura del gobierno en 1969, convirtiéndose en el político internacional más conocido de su país. Su política exterior se caracterizó por una férrea oposición a la guerra de Vietnam. Su rechazo a la estrategia militar estadounidense y su decisión de recibir a desertores de ese país tensaron las relaciones diplomáticas bilaterales. Ante los cuestionamientos, Palme se negó a otorgarles a esos individuos el estatus oficial de refugiados políticos bajo el argumento de que una persona no puede ser considerada refugiada si proviene de un país libre.

En las elecciones generales de 1976, los socialdemócratas perdieron el poder después de 44 años ininterrumpidos de gestión. Durante su alejamiento del cargo, el dirigente mantuvo su actividad partidaria, sostuvo su postura pacifista y forjó vínculos directos con líderes europeos como el austríaco Bruno Kreisky y el alemán occidental Willy Brandt. Ejerció la presidencia del Consejo Nórdico entre 1979 y 1980, presidió la Comisión Independiente sobre Desarme y Seguridad en Ginebra, y actuó como enviado especial de las Naciones Unidas para mediar en la guerra entre Irán e Irak. Tras el accidente en la planta nuclear estadounidense de Three Mile Island en 1979, apoyó un referéndum aprobado al año siguiente para desmantelar todos los reactores nucleares operativos en Suecia.

La noticia conmocionó al mundo.
La noticia conmocionó al mundo. La tapa del diario argentino Clarín del 1 de marzo de 1986 informa sobre el asesinato del primer ministro sueco Olof Palme

Volvió a ser elegido primer ministro en 1982 e intentó reinstaurar políticas económicas de corte socialista, lo que generó fricciones internas con el sector empresarial nacional sueco.

La dimensión política del magnicidio motivó una investigación que fue comparada en escala con las del asesinato de John F. Kennedy y la explosión del vuelo de Lockerbie. A lo largo de las décadas, miles de personas fueron interrogadas y más de 130 individuos confesaron falsamente la autoría del ataque ante las autoridades judiciales.

El jefe de la investigación, Hans Melander, debió procesar múltiples hipótesis internacionales. Una línea de trabajo apuntaba a una conexión sudafricana, sugiriendo una represalia por las críticas de Palme al régimen del apartheid y por la financiación otorgada al Congreso Nacional Africano. Esa sospecha forzó el traslado de agentes suecos a Sudáfrica en 1996.

El cine Grand en Sveavagen,
El cine Grand en Sveavagen, Estocolmo. De allí salieron Olof Palme and y su esposa Lisbeth la noche del asesinato (REUTERS)

Otra teoría vinculaba el asesinato con el hallazgo de sobornos pagados por la empresa armamentística sueca Bofors para concretar una venta de materiales bélicos a la India. Asimismo, se investigó al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), declarado como organización terrorista por el gobierno de Palme; doce de sus miembros fueron interrogados en 1997 sin que se produjeran avances en el caso. El expediente atrajo el interés de investigadores aficionados y llegó a obsesionar al escritor Stieg Larsson, autor de “La chica del dragón tatuado”.

El único hombre que cumplió una pena de prisión por este homicidio fue Christer Pettersson, un individuo con antecedentes penales por homicidio involuntario, adicción a las drogas y alcoholismo. En 1989, fue condenado a cadena perpetua luego de que Lisbeth Palme lo señalara en una rueda de reconocimiento. No obstante, en octubre de ese mismo año, un tribunal de apelaciones anuló el fallo y ordenó su liberación debido a que no se pudo hallar el arma homicida y al carecer de un motivo comprobable. Ese hombre falleció en 2004, mientras que la esposa del primer ministro murió en 2018 sin conocer la identidad del asesino.

Una vista general del lugar
Una vista general del lugar donde fue asesinado Olof Palme hace 40 años (REUTERS)

El esclarecimiento del misterio provino de una vía paralela a la estructura policial. El periodista Thomas Pettersson inició su propia pesquisa en 2006. Un año después, focalizó su investigación en Stig Engström, un diseñador gráfico empleado en la compañía de seguros Skandia. La sede principal de dicha firma se ubicaba a escasos metros de la escena del crimen y Engström había estado trabajando hasta tarde aquella noche. Conocido en los medios de comunicación como “el hombre de Skandia”, el diseñador había sido uno de los primeros testigos en declarar en el lugar de los hechos. La policía lo interrogó en diversas oportunidades durante los primeros días del proceso, pero lo descartó como sospechoso.

El periodista advirtió que las declaraciones del empleado ante la prensa y las autoridades policiales contradecían los testimonios de otras personas presentes y no encajaban en la secuencia cronológica del crimen. El sospechoso llegó a mentir deliberadamente sobre sus acciones tras los disparos, afirmando incluso que había intentado reanimar a Palme. Al verificar que ninguna autoridad ni colega investigaba ese hilo particular, Pettersson le dedicó doce años a la revisión de la pista, combinando esa tarea con sus compromisos laborales habituales. Estructuró su labor en cinco fases metodológicas sucesivas: la asimilación del volumen documental general mediante la lectura de investigaciones previas, el análisis detallado de la escena del crimen y de las contradicciones del testigo, el descarte de conspiraciones complejas en favor de la hipótesis del lobo solitario, el estudio pormenorizado del entorno íntimo del diseñador gráfico y, finalmente, el examen de los motivos que impulsaron al sospechoso a construir una narrativa falsa para despistar a la policía.

La tumba de Stig Engstrom,
La tumba de Stig Engstrom, quien murió en 2000 y que fue señalado como el asesino de Olof Palme (REUTERS)

Stig Engström se había suicidado en el año 2000. Ante ese hecho, el periodista contactó a sus antiguos compañeros de trabajo, vecinos y a su ex esposa con el fin de reconstruir sus antecedentes. Debido a que vivía en la ciudad de Gotemburgo, a casi 500 kilómetros de Estocolmo, el periodista debió forjar la confianza con sus fuentes por vía telefónica, utilizando la estrategia de reservar siempre las preguntas más incisivas para el cierre de las entrevistas. Mediante esas conversaciones, descubrió un dato clave: el diseñador tenía un vecino que coleccionaba armas de fuego. Investigaciones formales posteriores confirmaron que Engström tenía entrenamiento en el uso de armas por su paso previo por el ejército y mantenía una membresía activa en un club de tiro local. Su perfil personal incluía problemas económicos crónicos, un consumo problemático de alcohol y una participación asidua en círculos barriales que criticaban las políticas gubernamentales. En contraposición, cuando la ex esposa del sospechoso fue citada por detectives en 2017, descartó la viabilidad de una imputación asegurando que su ex pareja era cobarde y que no lastimaría a una mosca.

El trabajo de prensa se dinamizó exponencialmente gracias a la digitalización de la documentación estatal, lo que agilizó el análisis de los sumarios sin la necesidad de viajar a los archivos de Estocolmo. En 2012, Thomas Pettersson expuso sus hallazgos preliminares a Mattias Göransson, editor jefe de la revista y de la editorial Filter. El editor valoró que el enfoque presentado eludía las teorías conspirativas y se sostenía exclusivamente sobre anomalías comprobables en el lugar del homicidio.

Christer Pettersson estuvo detenido como
Christer Pettersson estuvo detenido como sospechoso de haber asesinado a Olof Palme, pero luego fue liberado (REUTERS)

La editorial coincidió con la hipótesis de que las prolongadas demoras del caso respondían a la incompetencia operativa inicial de las fuerzas de seguridad y no a la sofisticación del crimen. Acordaron un plan de validación para certificar datos determinantes, como la capacidad material del sospechoso para manipular armas, una verificación que demandó seis años de trabajo adicional.

La revista Filter publicó la investigación mediante un extenso artículo y un libro en la primavera de 2018. Frente al aluvión de críticas y al asedio mediático, la editorial decidió subir la totalidad de sus fuentes documentales a internet para blindar la transparencia del proceso. Esta labor exhaustiva le valió a su autor el premio Guldspaden en 2019, el galardón más codiciado que entrega la Asociación Sueca de Periodistas de Investigación. Pettersson argumentó que su modalidad laboral como profesional autónomo le otorgó la flexibilidad de horarios indispensable para no abandonar el tema durante más de una década.

Olof Palme tenía 59 años
Olof Palme tenía 59 años cuando fue asesinado. Era padre de dos hijos (REUTERS)

La publicación del libro obligó a la justicia a reabrir la causa y retomar los interrogatorios sobre el entorno del fallecido, 18 años después de su suicidio. El 10 de junio de 2020, el fiscal jefe Krister Petersson, responsable de la instrucción desde 2017, brindó una conferencia de prensa en la que comunicó el cierre definitivo del caso.

Su presentación, que se extendió durante dos horas, reprodujo en gran medida las conclusiones de la investigación periodística. El funcionario expuso que el Estado contaba con evidencias razonables para determinar que Stig Engström era el ejecutor material de los disparos. Se constató que las descripciones de los testigos que observaron la fuga coincidían fielmente con la complexión del diseñador, y se probó que los movimientos declarados por el sospechoso resultaban inviables. El fiscal subrayó que el comportamiento del “hombre de Skandia” se correspondía con el patrón de conducta esperado en el tirador.

La tumba de Olof Palme
La tumba de Olof Palme en el cementerio Adolf Fredrik en la ciudad de Estocolmo (REUTERS)

El procurador procedió a la clausura de las actuaciones sin emitir una acusación formal en tribunales debido a la condición de fallecido del único imputado. En su fundamentación, aclaró que la justicia no había logrado secuestrar el arma ni había obtenido evidencia forense actualizada, como rastros de ADN en la ropa de la víctima. Las autoridades tampoco pudieron delinear un móvil específico y claro que justificara la ejecución esa noche en particular. La medida se apoyó en el criterio legal de que, habiendo transcurrido más de 34 años, la prolongación de la pesquisa no aportaría elementos suficientes para alterar el desenlace del sumario.

El anuncio estatal desencadenó reacciones variadas. Mårten Palme respaldó el dictamen final a través de declaraciones, si bien admitió un grado lógico de decepción por la ausencia de pruebas concluyentes. El político y ex asesor Pierre Schori apoyó la labor de la fiscalía reciente y lanzó críticas severas hacia los funcionarios anteriores por desestimar de forma deliberada el análisis riguroso de las declaraciones tomadas en 1986.

Rosas en la placa instalada
Rosas en la placa instalada en el lugar donde fue asesinado Olof Palme el 28 de febrero de 1986 (REUTERS)

El entonces primer ministro, Stefan Löfven, quien tiempo antes había definido la falta de resolución judicial como una herida abierta en el entramado social sueco, sostuvo que la clausura legal constituía el punto de partida indispensable para la reparación del tejido institucional. Asumió, en nombre del gobierno nacional, la responsabilidad por los errores operativos cometidos sistemáticamente desde el instante de los disparos.

El cierre burocrático de la causa contrastó notablemente con la magnitud histórica del asesinato y con las ramificaciones internacionales que dominaron la discusión pública durante años. Las propias autoridades, ante las consultas de los medios, aceptaron que las explicaciones técnicas difícilmente lograrían desarticular el andamiaje de teorías conspirativas instaladas durante años.

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