
En el último siglo, los plásticos han transformado radicalmente el entorno material de la vida cotidiana. Entre los hitos de esa revolución se destaca la invención del nylon, una fibra sintética que modificó la industria textil y el consumo a nivel global. El surgimiento de este material está estrechamente ligado a la figura de Wallace Carothers, un químico cuya historia personal y profesional revela tanto los avances científicos como los desafíos emocionales de la innovación.
La génesis del nylon se sitúa en los laboratorios de la empresa DuPont, a finales de los años 30. Wallace Hume Carothers, nacido en Burlington, Iowa, Estados Unidos, en 1896, fue hijo de un profesor de secundaria y mostró desde joven una inclinación por las ciencias, aunque inicialmente tenía interés por la contabilidad. Finalmente, decidió estudiar química en Tarkio College y, posteriormente, realizó un doctorado en la Universidad de Illinois. Más adelante, Carothers se incorporó a la Universidad de Harvard, donde llegó a ser docente.
En 1928, DuPont reclutó a Carothers para liderar investigaciones en polímeros sintéticos y le ofreció instalar un laboratorio de investigación pura en Wilmington, Delaware. Allí, Carothers se destacó por su capacidad para sintetizar materiales completamente nuevos, alejados de la dependencia de las materias primas vegetales que caracterizaba a los llamados “semisintéticos” como el rayón o el celofán.

Antes del nylon, esos materiales semisintéticos, obtenidos de la celulosa, presentaban limitaciones: el rayón, por ejemplo, era demasiado rígido y brillante para sustituir a la seda real en prendas de vestir. El nylon, en cambio, representó un salto cualitativo, ya que derivaba de la manipulación de carbón, aire y agua. Este punto fue intensamente promovido por DuPont, que impulsó el lema de que la industria química podía originar materiales totalmente nuevos a partir de elementos básicos.
El proceso de síntesis del nylon consistía en combinar hexametilendiamina con ácido adípico. Ambas sustancias, al mezclarse, formaban largas cadenas de polímeros. El resultado era una película que podía extraerse en forma de filamentos resistentes y elásticos, capaces de competir con las fibras naturales.
El principal logro radicó en que el nylon era la primera fibra artificial útil y completamente sintética. A diferencia de sus predecesores, no dependía de las características del vegetal original, lo que permitía controlar sus propiedades y calidad desde el laboratorio.

Carothers y su equipo lograron su primer éxito en 1931, cuando junto con su equipo, logró producir el neopreno, un caucho sintético derivado del vinilacetileno, y en muchos aspectos superior al caucho natural. Después consiguió obtener varios poliésteres y poliéteres que lo llevaron a la primera fibra sintética que sería producida a escala industrial: la poliamida Nylon 66.
El primer uso masivo del nylon tuvo lugar en la confección de medias femeninas. En las primeras décadas del siglo XX, la moda femenina evolucionó hacia prendas que dejaban al descubierto más parte de las piernas, lo que generó la demanda de medias resistentes, económicas y elegantes. El nylon ofrecía todas estas cualidades.
El 15 de mayo de 1940 se produjo el lanzamiento oficial de las medias de nylon en Estados Unidos, a un precio de 1,15 dólares el par. La respuesta del público fue inmediata: al mediodía, la mayoría de las tiendas ya había agotado su stock. Durante el primer año se vendieron millones de pares de medias en ese país.

La fibra se convirtió rápidamente en un símbolo de modernidad, democratizando el acceso a prendas que antes solo estaban al alcance de las clases acomodadas. En un solo año, DuPont fabricó 2,6 millones de libras de nylon (1,7 millones de kilos) y registró ventas por nueve millones de dólares
El estallido de la Segunda Guerra Mundial alteró drásticamente el destino del nylon. En 1942, la producción de la fibra sintética se destinó casi en su totalidad al esfuerzo bélico, relegando las medias a la categoría de lujo. El nylon reemplazó a la seda asiática en la fabricación de paracaídas, pero también se utilizó en cuerdas, hamacas, cordones, chalecos antibalas, tanques de combustible para aviones y mosquiteros.
La importancia estratégica fue tal que la fibra recibió el apodo de “la fibra que ganó la guerra”. La escasez de medias de nylon provocó fenómenos como el “mercado negro” de medias, donde las mujeres llegaban a intercambiar comestibles por ese preciado artículo o incluso recurrían a dibujarse una línea en la parte posterior de las piernas para simular la costura de las medias.

El nylon trascendió la moda para instalarse en la cultura popular. En Estados Unidos, la actriz Betty Grable se hizo célebre como “la chica de las piernas de un millón de dólares” porque en esa cifra habían sido asegurados sus miembros inferiores. Además participó en campañas para recaudar fondos para la guerra mediante la subasta de medias de nylon, que llegaron a venderse por 40.000 dólares. El encanto era que las usaba y luego las subastaban. El furor era tal que, en ciudades como Pittsburgh, el lanzamiento de las medias congregó a más de 40 mil mujeres haciendo fila para comprar un par de los 13.000 disponibles. La lucha por las medias terminó acabó en una pelea con destrozos en grandes tiendas.
Finalizada la guerra, el nylon amplió su presencia en la vida cotidiana. La fibra sintética se utilizó para fabricar todo tipo de productos: cepillos de dientes, peines, cuerdas y cordones. El nylon se consolidó como un ejemplo de cómo la ciencia y la industria podían diseñar materiales a la medida de las necesidades humanas.
La revolución de los materiales sintéticos abrió la puerta a la democratización del confort. Por siglos, la comodidad y el lujo estaban reservados a quienes podían permitirse productos artesanales y costosos. Con la producción industrial de fibras como el nylon, un mayor número de personas accedió a bienes duraderos y atractivos.

Carothers y su tragedia
A pesar de sus logros científicos, la vida de Wallace Carothers estuvo marcada por la depresión y el sufrimiento. Desde su juventud, Carothers mostró signos de inestabilidad anímica, agravados por el rigor de la investigación y los fracasos iniciales en el laboratorio. La muerte de su hermana en 1937 fue un golpe del que no pudo recuperarse.
El químico llegó a registrar cerca de cincuenta patentes para 1937, pero sus dudas persistieron incluso después de la síntesis exitosa del nylon. En 1937, dos años después de su hallazgo, Carothers decidió acabar con su vida en un hotel de Filadelfia, ingiriendo jugo de limón y cianuro de potasio.
En 1939 La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos reconoció su papel en la historia con estas palabras: “Sus contribuciones a la química orgánica fueron reconocidas como sobresalientes y, a pesar del lapso de tiempo relativamente corto para sus logros productivos, se convirtió en un líder en su campo con una reputación internacional envidiable”.
La primera patente del nylon se solicitó en 1931 y fue publicada en 1936. Ésta fue seguida por una patente de aplicación que se publicó el 16 de febrero de 1937, es decir que han pasado 89 años desde el registro oficial del nylon.
Su nombre, cuenta una de las leyendas que rodean su nacimiento, refiere a las iniciales de las dos ciudades en las que se realizaban las investigaciones de este polímero: Nueva York, Estados Unidos y Londres, Reino Unido. De allí surgió “Nylon”.

El éxito comercial del nylon fortaleció el liderazgo de DuPont en la industria química y textil del siglo XX. La empresa supo capitalizar la innovación, impulsando la creación de nuevos productos y consolidando el dominio de los materiales sintéticos en la vida moderna.
El nylon, como parte de la familia de los plásticos, se convirtió en símbolo de la modernidad y la comodidad. Actualmente, resulta difícil imaginar la vida cotidiana sin estos materiales, presentes en prendas, utensilios, dispositivos médicos y un sinfín de objetos.
El avance del nylon y de los plásticos en general no estuvo exento de consecuencias. Con el paso de las décadas, la sociedad comenzó a percatarse del impacto ambiental provocado por el uso masivo de estos materiales. Las imágenes de residuos plásticos acumulados y la preocupación por la contaminación ambiental ilustran los efectos secundarios de la revolución sintética.
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