La noche del 27 de enero de 1984 quedó grabada en la memoria de la industria musical y la publicidad por un incidente que alteró la vida de Michael Jackson. Durante la filmación de un comercial de Pepsi en el Shrine Auditorium de Los Ángeles, una falla en los efectos especiales provocó que el artista sufriera quemaduras graves en el cuero cabelludo, un hecho que lo acompañó hasta sus últimos días ya que el accidente dejó secuelas físicas y emocionales profundas en Jackson.
La grabación tenía como objetivo promocionar la próxima gira Victory Tour de The Jacksons. El concepto era sencillo: los hermanos interpretarían una versión especial de la canción “Billie Jean” ante una multitud, con un despliegue de pirotecnia en el momento de la aparición de Michael Jackson en lo alto de una escalera. La producción buscaba un efecto visual impactante al hacer estallar bombas de magnesio a ambos lados del cantante cuando descendía por las escaleras.
El director del aviso publicitario, Bob Giraldi, solicitó a Jackson que permaneciera más tiempo en lo alto de la estructura antes de comenzar a bajar para mejorar la toma. Esa decisión resultó fatal. Tras seis intentos y aún sin la toma ideal, la pirotecnia se activó demasiado cerca del artista. “Hicimos varias tomas que estaban maravillosamente sincronizadas. Sólo más tarde supe que esas bombas estaban a apenas 60 centímetros de cada lado de mi cabeza, lo cual fue un total desprecio de las normas de seguridad. Se suponía que debía situarme en medio de una explosión de magnesio, con dos pies de distancia a cada lado”, escribió Michael Jackson en su autobiografía Moonwalk.

Durante la última toma, las chispas alcanzaron la cabeza del cantante, quien continuó bailando sin percatarse de inmediato del fuego. “Yo estaba bajando por la rampa y girando, dando vueltas, sin saber que me estaba incendiando. De repente, sentí que mis manos iban instintivamente a mi cabeza en un intento de sofocar las llamas”, relató el propio Jackson. Su hermano, Jermaine Jackson, creyó en un primer momento que había sido atacado: “Jermaine se dio vuelta y me vio en el suelo, justo después de que explotaran las bombas, y pensó que me habían disparado desde el público, porque estábamos grabando delante de una gran audiencia. Eso fue lo que le pareció”, recordó Michael Jackson.
El caos se apoderó del set. “Fue una locura. Ninguna película podría captar adecuadamente el drama de lo que ocurrió esa noche. La multitud gritaba. Alguien gritó: ‘¡Traigan hielo!’. Se oían pasos y carreras frenéticas. Gente gritando: ‘¡Oh no!’. El camión de emergencias llegó y, antes de que me subieran, vi a los ejecutivos de Pepsi agrupados en una esquina, aterrados. Recuerdo que los médicos me colocaron en una camilla y los de Pepsi estaban tan asustados que ni siquiera se atrevieron a acercarse”, dijo más tarde el cantante.
El accidente fue grabado y el impacto visual de la escena no trascendió al público general hasta años después, tras la muerte del artista en 2009. La rápida propagación de las llamas se vio agravada por el uso de productos capilares inflamables, habituales en la década de los ochenta. Las imágenes muestran cómo el fuego envolvió la cabeza de Jackson mientras giraba, hasta que fue derribado por el dolor.

Una vez controlado el incendio, Michael Jackson fue trasladado de urgencia al Cedars-Sinai Medical Center y, posteriormente, al Brotman Memorial Hospital Burn Center en Culver City, California. Allí fue atendido por el doctor Steven Hoefflin, quien diagnosticó quemaduras de segundo y tercer grado en el cuero cabelludo y parte del rostro, con zonas donde el hueso del cráneo quedó expuesto. “Me dijeron después que fue un milagro que sobreviviera. Uno de los bomberos mencionó que en la mayoría de los casos la ropa se incendia, lo que puede desfigurar o incluso matar”, explicó Jackson en su autobiografía.
Pese a la gravedad de las lesiones, el artista se mostró sereno durante el traslado. “Mientras tanto, yo estaba como desconectado, a pesar del terrible dolor. Observaba todo el drama. Más tarde me dijeron que estaba en estado de shock, pero recuerdo que disfruté el viaje al hospital porque nunca pensé que viajaría en ambulancia con la sirena encendida. Era una de esas cosas que siempre quise hacer de niño. Cuando llegamos, me dijeron que había equipos de prensa afuera, así que pedí mi guante. Hay una famosa foto mía saludando desde la camilla con mi guante puesto”.
En los días posteriores, los médicos evaluaron la extensión de la pérdida de cabello. El médico Hoefflin informó que la cirugía reconstructiva, realizada en abril de 1984, utilizó un láser de dióxido de carbono para reconstruir una quemadura del tamaño de la palma de una mano en la parte posterior de la cabeza del cantante, sin que fuera necesario implantar cabello de otras zonas. El médico declaró que la herida cicatrizaría completamente en algunos meses y que el artista podría participar en su gira prevista para junio. “El uso del láser permitió que no hubiera pérdida de sangre”, explicó Hoefflin.

Sin embargo, la recuperación fue compleja. Jackson no volvió a recuperar el crecimiento del cabello en la zona afectada y debió utilizar pelucas y sombreros el resto de su vida. Además, el artista debió someterse a varias cirugías adicionales, incluyendo procedimientos con expansores de tejido, que según el médico Arnold Klein resultaron extremadamente dolorosos. “Lo que pasó es que usó muchos de esos llamados expansores de tejido en el cuero cabelludo, que son globos que agrandan la piel. Intentan cortar la cicatriz. Pero como tenía lupus, cada vez que lo hacían, la calva se hacía más grande. Así que pasó por muchos procedimientos dolorosos con estos expansores hasta que puse fin a ello. Dije que no más expansores, porque tenía que llevar sombrero todo el tiempo y era muy doloroso para él”, relató Klein.

Los efectos de la lesión fueron mucho más allá del daño físico. Karen Faye, maquilladora personal de Jackson, declaró en 2013 que el cantante sufría dolor diario en el cuero cabelludo y migrañas intensas. La experiencia también dejó huellas emocionales profundas.
Jackson tuvo pesadillas y desarrolló fobia al fuego y a los efectos pirotécnicos, además de una creciente dependencia de procedimientos de cirugía cosmética y medicación para el dolor.

La dimensión pública del accidente y el hecho de que las imágenes fueron filtradas a los medios potenciarían el impacto psicológico. Pepsi asumió los gastos médicos y le ofreció 1,5 millones de dólares, que el cantante donó al Brotman Medical Center para fundar el Michael Jackson Burn Center for Children. El episodio, lejos de cerrarse con la recuperación física inicial, marcó el inicio de una serie de intervenciones médicas y cambios en la vida cotidiana del músico, quien adoptó maquillaje para disimular cicatrices en el rostro y modificó su rutina para evitar la exposición mediática a las secuelas del accidente.
La seguidilla de operaciones y la imposibilidad de dejar atrás el dolor contribuyeron a que Michael Jackson adoptara el uso regular de analgésicos y sedantes, una práctica que se prolongó hasta su muerte en 2009. Los testimonios recogidos y los registros médicos reflejan la magnitud de las consecuencias que tuvo el accidente tanto en su salud física como mental.
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