
El 2 de enero de 1971, la ciudad de Glasgow, Escocia, fue testigo de uno de los episodios más tristes en la historia del fútbol. Aquella tarde invernal se disputaba el tradicional Old Firm, el clásico entre Rangers y Celtic, ante la presencia de cerca de 80.000 espectadores que ocupaban unas tribunas repletas y en su mayoría de pie.
Cuando el empate sin goles parecía sentenciado, un tanto de Jimmy Johnstone para el Celtic motivó que numerosos seguidores locales comenzaran a abandonar el estadio. Sin embargo, casi de inmediato, Colin Stein igualó para el Rangers en tiempo de descuento, provocando que muchos de los que se dirigían a la salida intentaran regresar a las tribunas para celebrar el empate.

La confluencia de quienes salían y quienes intentaban ingresar nuevamente generó una avalancha en la conocida Stairway (Escalera) 13 de Copland Road, donde el resultado fue devastador: 66 personas murieron, entre ellas 31 menores de edad.
La mayoría de las víctimas falleció por asfixia, al quedar atrapadas en un embudo humano en la boca de una tribuna, mientras el partido concluía con normalidad. Muchos jugadores se retiraron a los vestuarios sin advertir lo que sucedía, hasta que minutos después las asistencias médicas alertaron sobre la magnitud del desastre.

El estadio de Ibrox se transformó entonces en un improvisado hospital de campaña, y los vestuarios se llenaron de cuerpos de las víctimas, escenario que conmocionó a los propios futbolistas y a los equipos médicos.
Rescatistas lograron llegar al lugar en cuestión de minutos, intentando abrirse paso entre la multitud, aunque la mayoría de sus esfuerzos resultaron inútiles. Un hombre que consiguió salir con vida de la aglomeración describió lo vivido hace 55 años ante los medios. Según su testimonio: “Me dirigía hacia la salida del estadio, bajando las escaleras, cuando de repente todo pareció detenerse”. Pero “los muchachos de atrás seguían avanzando por las escaleras. Caí junto con el resto de la multitud, siendo empujado hacia el suelo”. Y agregó: “todos luchaban por salir, asfixiándose, en esencia era una lucha por sobrevivir. Después de 10 o 15 minutos, un policía me sacó arrastrándome y una ambulancia me llevó al hospital”.

Alick Buchanan-Smith, ministro escocés de Asuntos Internos, solicitó entonces la apertura inmediata de una investigación sobre el desastre.
Más tarde se descartó la versión inicial de los hechos, que sugería que los aficionados habían intentado regresar por la escalera. Actualmente se considera que la avalancha fue provocada únicamente por la fuerza descendente de la multitud de seguidores que salían al mismo tiempo. El impulso de la muchedumbre provocó que, una vez que las personas comenzaron a caer, resultara imposible detener el avance del grupo.

Cuando se cumplieron 30 años de la tragedia, la BBC convocó a espectadores que estuvieron para que recordaran el hecho. El paso del tiempo les permitió tener una perspectiva diferente respecto de los testimonios recogidos cuando se produjo el hecho.
William Orr, escocés, rememoró entonces lo ocurrido aquel 2 de enero de 1971:“Tenía 16 años. Estaba con un grupo de amigos y ni siquiera recuerdo el gol de Celtic, pero tanto yo como mi amigo Shug Armstrong decidimos ir a la parte trasera de la tribuna para salir rápido tras el final del partido. Recuerdo que vi los últimos minutos en puntas de pie, al fondo de la tribuna, cerca de la salida 13, cuando Rangers marcó el gol del empate, y lo celebramos. Se reanudó el juego y el árbitro marcó el final del partido. Recuerdo los quejidos y los gritos pidiendo a los de atrás que dejaran de empujar, recuerdo gente cayendo encima de nosotros. Corrimos hacia la salida y se formó la típica aglomeración, algo que no era extraño. Mientras bajábamos las escaleras, lo que noté fue que nuestro ángulo se fue inclinando poco a poco hacia lo horizontal y enseguida me di cuenta de que estábamos cayendo. Por instinto me incorporé y quedé atrapado desde la cintura hacia abajo. Shug estaba justo delante de mí, así que intenté aliviarle la presión empujando hacia atrás todo lo que pude. Recuerdo los quejidos y los gritos pidiendo a los de atrás que dejaran de empujar, recuerdo gente cayendo encima de nosotros hacia donde fuera. Recuerdo también los enormes durmientes de ferrocarril en el lateral de la escalera desplomándose. Tras lo que pareció una eternidad, la gente que estaba detrás pudo liberarse y conseguimos ponernos de pie de nuevo. Sentía las piernas entumecidas, esa sensación duró un par de semanas, pero no tuve secuelas mayores. Shug fue al hospital para observación, pero le dieron el alta. Recuerdo ver zapatos esparcidos por todos lados en la parte superior de la escalera y pensé que sus dueños los recuperarían. Caminé por la grada y vi personas tendidas en el césped, y pensé que estaban borrachas, pero en realidad la mayoría ya había muerto. Todavía tengo muy presente el silencio brumoso y extraño que solo rompieron las sirenas de las ambulancias. Crucé el túnel y salí por la puerta principal de Ibrox. Me dirigí al centro de Glasgow y luego fui a casa, al este de la ciudad, donde mi madre estaba desesperada. Mi hermano mayor perdió a su mejor amigo, John Buchanan, quien lamentablemente falleció en la avalancha. Había estado en muchas aglomeraciones antes de aquel día y estoy convencido de que todo ocurrió porque alguien cayó en la parte baja o media de la escalera y, a partir de ahí, el efecto dominó hizo el resto”.

En tanto, William Mason, también escocés, señaló: “Casi no recuerdo nada del partido, salvo el final, pero lo que ocurrió en la Escalera 13 me perseguirá el resto de mis días. Había pasado un buen rato tras el final del partido cuando mis cinco amigos y yo fuimos hacia la salida de la Escalera 13. Como era habitual en aquellos partidos importantes, había aglomeraciones en la parte alta de las escaleras. Al empezar a bajar, la presión de la multitud me levantó los pies del suelo, algo tampoco inusual, pero a un cuarto del descenso comencé a inclinarme poco a poco hacia adelante. La presión se volvió insoportable hasta que, a mitad de escalera, la multitud dejó de avanzar pero la presión continuó. Quedé atrapado, aplastado y casi en posición horizontal, apenas conseguí liberar el pecho y logré respirar con dificultad. No podía hablar, apenas respiraba, con frío y en estado de shock. A mi alrededor escuchaba gritos y lamentos, pero con el paso del tiempo (estuve atrapado al menos 45 minutos), fueron desapareciendo hasta casi reinar el silencio. Solo quería dormir (asfixia, falta de oxígeno), pero el hombre más cercano me dio un cachetazo para mantenerme despierto. Me mantuve consciente hasta que la policía me rescató y me llevó al césped. Serían las seis de la tarde del 2 de enero, el cielo estaba oscuro (los focos del estadio estaban encendidos) y hacía mucho frío. Después me trasladaron al estadio y esa fue la peor parte. Me dejaron en un vestuario donde todo a mi alrededor eran camillas con cuerpos, sin sonidos y algunos ya cubiertos. Eso me superó y me puse a llorar. Fue entonces cuando una enfermera vio mis lágrimas y me sacaron rápidamente del estadio hacia el Victoria Infirmary junto con otro hombre gravemente herido. Allí me trataron por una fractura de tobillo y lesiones por aplastamiento. No volví a Ibrox ni a ningún partido de fútbol durante 17 años, pero después he regresado y ahora tengo abono de temporada en Ibrox, con orgullo. Tenía 18 años en 1971 y durante casi 30 años he conocido a personas que estuvieron en aquel partido, pero nunca he conocido ni hablado con ninguno de los otros 145 heridos. Aunque las heridas físicas sanaron, sé que el dolor mental persiste para muchos sobrevivientes y familiares de las víctimas”.

El impacto de los sucedido ese 2 de enero de 1971 fue tal que la tragedia quedó registrada como la novena mayor catástrofe en la historia del fútbol mundial y la segunda más grave en Gran Bretaña, sólo superada por la tragedia de Hillsborough en 1989, que dejó 96 víctimas, y por delante del incendio de Bradford de 1985, donde murieron 56 personas.
La historia de ese estadio ya había estado marcada por otros hechos luctuosos: en 1902, 25 espectadores murieron durante un partido internacional de Escocia. Y en 1961, dos hinchas perdieron la vida en otra avalancha en el mismo estadio.

La tragedia de 1971 significó un antes y un después para el estadio, que fue sometido a una profunda remodelación inspirada en el Westfalenstadion de Dortmund. Desde entonces, todos los asientos pasaron a ser numerados y se eliminó la presencia de espectadores de pie, una medida destinada a evitar que volvieran a producirse avalanchas de tal magnitud.
Desde que sucedió la tragedia se realizaron varios homenajes. Uno de ellos consistió en instalar una butaca con los nombres de los 66 fallecidos y la inscripción Always Remembered (Siempre en nuestro recuerdo).

Este 2 de enero también lo habrá. Dirigido por el reverendo Mark Johnstone, capellán del club y ministro de la Catedral de Glasgow, el evento incluirá lecturas, la ofrenda floral y un minuto de silencio. Todos los simpatizantes están invitados a asistir al breve homenaje.
El partido clásico entre Rangers y Celtic se jugará el 3 de enero. Y los Rangers lucirán una camiseta color negro para recordar la tragedia.
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