
El 18 de junio de 1983, Sally Ride despegó desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, como especialista de misión en el transbordador Challenger. Así, se convirtió en la primera mujer de Estados Unidos en viajar al espacio. El histórico vuelo formó parte de la misión STS-7, donde Ride trabajó junto a una tripulación mixta durante seis días en órbita terrestre.
En el proceso de preparación hacia su sueño, Ride recibió de la NASA no solo el tradicional mono azul, sino también un kit de maquillaje por decisión del equipo técnico, una muestra de los estereotipos y retos que la acompañaron en su histórica misión al espacio.
La astronauta, nacida en Los Ángeles en 1951, ya había superado el exigente entrenamiento de la NASA antes de embarcarse en esta misión. El aterrizaje exitoso cerró una semana de experimentos, despliegue de satélites y maniobras fundamentales para la agencia espacial norteamericana.

Con solo 32 años, Ride logró su objetivo luego de una formación sólida en ciencias. La selección como astronauta fue resultado de la apertura de la NASA a mujeres candidatas en la promoción de 1978.
Ride integró la tripulación después de destacar entre 8.000 postulantes, de los cuales solo seis eran mujeres. La misión de Challenger implicó desplegar satélites de comunicaciones, desarrollar experimentos científicos y utilizar un novedoso satélite Shuttle Pallet, actividades en las que Ride ocupó un rol clave.
De acuerdo con BBC, antes de partir al espacio, Ride tuvo que enfrentar el escrutinio mediático y las dudas sobre las capacidades femeninas en entornos extremos.

Los periodistas le preguntaron sobre temas personales como la menstruación o la moda en lugar de sus credenciales científicas. Pese a la presión, respondió con solvencia y se enfocó en sus responsabilidades como astronauta.
Un camino marcado por la excelencia en ciencias y desafíos sociales
Según National Geographic, la infancia de Sally Ride estuvo marcada por su curiosidad científica y el interés por experimentar con química y física. Durante su adolescencia, sobresalió como tenista nacional, pero optó finalmente por la astrofísica.
Mientras realizaba un doctorado en Stanford, Ride vio un anuncio de la NASA invitando a mujeres a formar parte de la promoción de 1978. De acuerdo con testimonios de la época, este cambio fue posible porque la NASA eliminó la exigencia de que sus aspirantes debían ser pilotos militares, profesión vetada hasta entonces para mujeres.

Aunque la cosmonauta soviética Valentina Tereshkova viajó al espacio en 1963, la presencia de mujeres en la NASA encontró obstáculos.
Según National Geographic, en los años sesenta surgió un programa privado de pruebas para mujeres astronautas, que fue cancelado en 1962 a pesar de los buenos resultados. Durante audiencias en el Congreso, algunos astronautas argumentaron que las mujeres no cumplían con las condiciones necesarias debido a las restricciones en la formación de pilotos.
El cambio legal abrió las puertas para Sally Ride y otras candidatas que superaron rigurosos procesos de selección. Durante los cinco años posteriores a su ingreso en la NASA, Ride adquirió experiencia en control de misión, supervisó el armado del brazo robótico de la Estación Espacial Internacional y evitó la exposición mediática siempre que fue posible. En 1983, su designación como parte de la tripulación STS-7 la posicionó como referente.

Durante la preparación del vuelo, la NASA recomendó que llevara suministros inusuales —como 100 tampones y un kit de maquillaje—, reflejo del desconocimiento existente sobre la vida de las mujeres en el espacio.
Ride relató, en entrevistas, que se le consultaba más por su aspecto que por su capacidad para manipular maquinaria o desplegar satélites. No obstante, completó la misión con éxito y repitió la hazaña un año después con un segundo vuelo de ocho días.
La historia de Ride continuó con una nueva etapa tras su retiro de la NASA en 1989. Se desempeñó como profesora en la Universidad de California en San Diego y luego dirigió el Instituto Espacial de esa institución.

Según informes institucionales, Sally Ride fundó Sally Ride Science, una empresa destinada a promover la participación de niñas y mujeres en áreas STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Entre 1983 y 1984, Sally Ride sumó dos misiones en el espacio, las que validaron la capacidad femenina en operaciones complejas del programa espacial. Tras el accidente del Challenger en 1986, su tercer vuelo fue cancelado, pero continuó trabajando para la NASA en funciones técnicas y de asesoría.
Sally Ride falleció de cáncer de páncreas el 23 de julio de 2012, a los 61 años. En el obituario preparado por ella misma, reveló su relación de 27 años con Tam O’Shaughnessy. Analistas como Ann Friedman explican que, de haber declarado públicamente su orientación sexual durante su carrera, habría enfrentado discriminación o incluso la exclusión del programa espacial, algo que la NASA corrigió años después al establecer políticas de inclusión.

Ride recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de manera póstuma en 2013. En los últimos años, la NASA registró más de cuarenta astronautas estadounidenses mujeres, mientras que la misión Artemis planea llevar por primera vez a una mujer a la Luna.
En 2019, una muñeca Barbie homenajeó su figura, consolidando a Sally Ride como modelo para generaciones futuras.
La carrera de Sally Ride no solo quebró techos de cristal en la NASA, sino que transformó la percepción de género en el espacio y la ciencia estadounidense. Su huella define los avances actuales hacia una mayor igualdad y diversidad en la exploración espacial.
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