
Consuelo Porras busca permanecer al frente del Ministerio Público de Guatemala tras postularse nuevamente como candidata a fiscal general para el periodo 2026-2030, en un proceso que vuelve a tensionar el equilibrio político y judicial del país por su impacto en la independencia institucional.
La definición de la próxima conducción del Ministerio Público, que se decidirá en 2026, ya enfrenta debates internos debido a los alineamientos de los distintos bloques dentro de la comisión de postulación, mientras la vigilancia sobre la transparencia y la legalidad de la selección crece desde organismos civiles.
El proceso contempla la revisión de expedientes de cincuenta y nueve aspirantes, entre los que destacan altos funcionarios del gobierno de Bernardo Arévalo, como el ministro de Gobernación Marco Villeda—quien obtuvo un permiso especial por su condición de juez—y el Procurador General de la Nación, Julio Saavedra.
También sobresale la participación de la magistrada Claudia Paredes, actual presidenta de la Corte Suprema de Justicia y cabeza de la comisión de postulación, cuya influencia podría modificar los equilibrios internos frente a movimientos de sectores organizados como los afines a Estuardo Gálvez y la autodenominada “corriente democrática”.
De acuerdo a la comisión de postulación, el procedimiento se inicia esta semana con una segunda fase centrada en la evaluación de los perfiles y la verificación de los requisitos legales para todos los contendientes, definidos tras establecer instrumentos de evaluación y mecanismos de nominación. El desenlace será la elaboración de una lista con seis finalistas que se entregará al presidente hacia finales de abril de 2026.
Desde el último tramo del proceso de selección anterior, la figura de Consuelo Porras ha estado rodeada de polémica. Su nueva postulación reaviva experiencias recientes: la discusión sobre el control de la comisión, el rol de los decanos de universidades privadas como la UFM, Upana, UdeO y USPG—potenciales aliados de la actual jefa del Ministerio Público—y los mecanismos que los sectores contrarios ensayan para contener su continuidad.
Mientras tanto, organizaciones como Projusticia vigilan el desarrollo del procedimiento por su impacto en la lucha contra la corrupción, la independencia judicial y la institucionalidad democrática.

Dinámica interna y conformación de apoyos
La segunda etapa del proceso abre un nuevo capítulo en la configuración de fuerzas. La participación de decanos de universidades privadas caracterizados por su apoyo a la gestión actual refuerza la expectativa de un bloque sólido que impulse la candidatura de Consuelo Porras, aunque la formación de alianzas definitivas se mantiene en suspenso.
Las tensiones políticas no solo giran en torno a los nombres, sino también al procedimiento mismo, cuya legitimidad se encuentra bajo constante observación de distintos sectores sociales y académicos.
Varios bloques comienzan a manifestar públicos cuestionamientos respecto a los criterios de idoneidad, el rigor de la revisión de antecedentes y la posibilidad de que intereses particulares predominen sobre el mérito profesional.
A la par, la verificación de los requisitos legales funciona como filtro inicial antes de la selección final, que en los próximos meses representará el núcleo de la disputa por el control del Ministerio Público.
Transparencia institucional y escenarios futuros
La dimensión institucional del proceso crece con la candidatura de miembros del gobierno como Marco Villeda y Julio Saavedra, lo que amplía el escrutinio sobre la separación de poderes y la transparencia de la selección.
El rol activo de la Corte Suprema de Justicia, a través de su presidenta Claudia Paredes, rompe con los equilibrios previos y facilita la posibilidad de acomodos y realineamientos entre los sectores que buscan incidir en la nominación.
Desde el movimiento Projusticia se monitorean los avances y se señala la importancia del proceso para el futuro del ente investigador.
El punto más polémico es la posibilidad de continuidad de Consuelo Porras para un tercer mandato, hecho que diversas voces juzgan determinante en el rumbo de la lucha contra la corrupción y la independencia del sistema de justicia en el país.
La etapa decisiva se alcanzará en 2026 cuando el presidente de la República reciba el listado de los seis candidatos preseleccionados, de entre los cuales deberá designar a la nueva autoridad del Ministerio Público, con mandato hasta 2030.
Tras esta primera revisión, el pleno de la comisión publicará la lista de postulantes que no hayan cumplido con los requisitos legales y de la convocatoria, por lo que tendrán 72 horas para presentar su respectiva defensa.
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