
Durante los episodios de calor extremo, las personas mayores enfrentan un riesgo significativamente elevado de sufrir deshidratación. La dificultad para regular la temperatura corporal y la menor percepción de sed los coloca en una situación de vulnerabilidad que requiere intervenciones puntuales.
En palabras de Jorge Kilstein (matrícula 11511), director de la carrera de Medicina de la Universidad Abierta Interamericana Sede Rosario, este riesgo tiene bases fisiológicas y contextuales: “Las personas mayores son mucho más vulnerables a la deshidratación en temperaturas extremas porque tienen menos capacidad de regular la temperatura. A veces tienen poco acceso a los líquidos por su movilidad y muchas veces tienen disminuida la sed. Entonces, por ahí no perciben adecuadamente esta sensación y tienen mucho más riesgo de deshidratarse”, expresó Kilstein al medio.
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Este especialista advirtió sobre las manifestaciones clínicas atípicas con las que puede presentarse la deshidratación en los adultos mayores: “La deshidratación en los ancianos puede presentarse de una manera que uno no lo pensaría: un cuadro de confusión, delirio, pensamientos o conductas extrañas, acompañados a veces de fiebre o febrícula y menor cantidad de orina o con orina de color más oscura”, resumió Kilstein.
Estos síntomas pueden pasar desapercibidos o confundirse con otros cuadros, lo que agrava su pronóstico.
Entre los factores que aumentan la susceptibilidad, Kilstein se refirió tanto a enfermedades crónicas como a la medicación habitual: “Muchas veces toman medicamentos que pueden ponerlos en más riesgo de deshidratarse, por ejemplo, diuréticos o antipsicóticos que tienen como efecto adverso la dificultad para controlar la temperatura o interfieren con los mecanismos regulatorios normales”, señaló el médico clínico.
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“Hay que tener mucho cuidado con los pacientes que tienen problemas neurológicos, EPOC, antecedentes de ACV, y sobre todo aquellos que toman laxantes, diuréticos, medicación para la presión, especialmente antihipertensivos”, subrayó.
Sobre las recomendaciones en volumen de líquidos, Kilstein puntualizó: “No hay una regla fija, pero más o menos es entre un litro y medio y dos litros de líquido por día. Hay que tratar que los cuidadores de las personas mayores les den alimentos líquidos como sopas o caldos, que además pueden aportarles sodio y electrolitos”.
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Además, “las bebidas con electrolitos pueden ser útiles, sobre todo si la persona tiene diarrea o está con algún grado de deshidratación, aunque deben usarse con precaución en quienes presentan problemas cardíacos”, advirtió.
Considerando las situaciones de mayor vulnerabilidad, el especialista destacó los riesgos en personas mayores que viven solas: “Pueden tener caídas por deshidratación o con disminución de la presión arterial. Estas personas pueden estar confusas o somnolientas, con dificultad para acceder al teléfono; hay que reforzar los controles y las visitas, especialmente en quienes tienen enfermedades crónicas o debilitantes”, enfatizó Kilstein.
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Finalmente, el experto ofreció orientaciones prácticas: “Tratar que estén en ambientes cómodos, utilizar la ducha o la higiene con agua para disminuir la temperatura, evitar la exposición a ambientes muy cálidos, controlar la medicación con su médico durante periodos de calor y reforzar la hidratación, que puede ser con agua, bebidas con electrolitos o alimentos líquidos. Si el paciente consume laxantes, tiene diarrea o fiebre, eso aumenta mucho el riesgo y hay que consultar al médico de forma precoz”, concluyó Kilstein.
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