
Un sismo de magnitud 2.3 se registró el martes por la mañana en el condado de Westchester, al norte del estado de Nueva York, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). El epicentro se ubicó a 0.8 km al oeste de Sleepy Hollow y el evento se produjo a las 10:17 h, sin causar daños materiales ni víctimas, aunque fue percibido en una amplia zona del noreste del estado.
El Servicio Geológico de Estados Unidos, principal organismo encargado del monitoreo sísmico en el país, precisó que el epicentro estuvo 1.2 km al noroeste de Tarrytown, 6.1 km al norte-noroeste de Greenburgh, 7.8 km al norte de Dobbs Ferry y 121.5 km al noreste de Trenton, Nueva Jersey.
Tras el evento, más de setenta personas reportaron haber sentido el temblor en localidades que se extienden entre los condados de Clinton y Essex. Esta cantidad de reportes ciudadanos permitió precisar la extensión del área afectada y refleja la propagación de las ondas sísmicas a través del terreno rocoso y antiguo de la región.
Este tipo de movimientos telúricos es relativamente común en el norte del estado de Nueva York, aunque la región no es considerada de alta actividad sísmica.
Según el USGS, la existencia de antiguas fallas geológicas en la zona de las Adirondacks genera temblores esporádicos, casi siempre de baja magnitud y raramente destructivos. Especialistas explican que la composición densa y milenaria de la roca subterránea facilita la transmisión de las vibraciones, lo que permite que incluso movimientos leves sean sentidos a distancias considerables.
Secuencia de sismos y percepción regional

En la misma semana, un segundo sismo fue detectado cerca de Keeseville, localidad situada a 64.4 km al sur de la frontera con Canadá y al oeste del lago Champlain, aproximadamente a las 19:50 h.
Tampoco en ese caso se registraron daños ni personas heridas, en línea con la tendencia histórica de la zona: la mayoría de los eventos sísmicos en el noreste de Estados Unidos presentan magnitudes inferiores a 3.0 y no suelen implicar riesgos significativos.
El antecedente más reciente de actividad sísmica relevante en el norte de Nueva York ocurrió el 14 de octubre de 2024, cuando un temblor de magnitud 2.7 fue registrado cerca de Chazy, en el extremo norte del estado.
De acuerdo con la red científica NEUSN, operada por la Universidad de Columbia, en la última década se han documentado más de 150 eventos sísmicos en el estado de Nueva York, la mayoría ubicados en áreas relacionadas con antiguas fracturas geológicas.
Las Adirondacks, una de las formaciones montañosas más antiguas de Norteamérica, concentran buena parte de la actividad sísmica detectada en la zona. El USGS señala que, aunque las fallas principales están consideradas inactivas en cuanto a desplazamiento tectónico significativo, pueden liberar energía acumulada en forma de pequeños movimientos.
La Universidad de Cornell ha estudiado la transmisión de las ondas sísmicas en el noreste del país y confirma que la antigüedad y densidad de la roca permiten que los movimientos se perciban a distancias mucho mayores que en otras regiones de Estados Unidos, como la costa oeste.
¿Por qué se perciben estos sismos menores?

Las características del subsuelo en el noreste de Estados Unidos explican por qué la población percibe sismos de baja intensidad. Según el geofísico John Ebel, del Weston Observatory de la Universidad de Boston: “en el noreste, la roca es más antigua y más densa, lo que permite que las ondas sísmicas viajen más lejos que en otras partes del país”.
Esto significa que temblores con una magnitud apenas superior a 2.0 pueden sentirse en comunidades distantes del epicentro, mientras que fenómenos similares en regiones con suelos más blandos o fracturados suelen pasar inadvertidos.
La Oficina de Manejo de Emergencias del Estado de Nueva York, agencia estatal de respuesta a desastres, recomienda a los residentes mantenerse informados a través de fuentes oficiales y enviar reportes cuando perciban movimientos sísmicos, ya que estos datos contribuyen al perfeccionamiento de los modelos de riesgo sísmico y al desarrollo de mejores sistemas de alerta temprana.
Monitoreo científico y colaboración social
El monitoreo continuo de la actividad sísmica es una prioridad para las autoridades estatales y federales. El USGS opera una red de estaciones sísmicas automatizadas que permite detectar y analizar temblores en tiempo real.
Además, la cooperación con universidades y laboratorios regionales, como el Lamont-Doherty Earth Observatory, observatorio geológico de la Universidad de Columbia, hace posible el registro y la investigación de fenómenos geológicos menores que, aunque no sean peligrosos, aportan información valiosa sobre la dinámica interna de la corteza terrestre local.
En cada episodio, la respuesta de la ciudadanía resulta fundamental. Tras el temblor en Westchester, más de setenta personas reportaron haber sentido el temblor a través de la plataforma Did You Feel It? del USGS.
Esto permitió definir mejor la extensión del área afectada y actualizar el mapa de percepción sísmica. La colaboración entre la comunidad y los organismos científicos es clave para la evaluación constante de riesgos y el fortalecimiento de la cultura preventiva, incluso en zonas donde los sismos raramente provocan daños.
De acuerdo con la red científica NEUSN, operada por la Universidad de Columbia, en el último siglo solo se han registrado dos terremotos en el estado de Nueva York que superaron la magnitud 5.0: el más reciente, de magnitud 5.1, ocurrió en 1944 cerca de Massena y no causó víctimas fatales.
La combinación de monitoreo científico, tecnología de detección y cooperación social permite a las autoridades mantenerse en alerta y a la población acceder a información relevante sobre estos fenómenos, que en la región, como el registrado en Westchester, suelen ser de baja magnitud y limitado impacto.
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