
La decisión de que estudiantes destacados repitan un año escolar se está consolidando como una estrategia común entre familias que buscan convertir el talento deportivo en oportunidades económicas millonarias, tras la aparición de acuerdos de NIL (nombre, imagen y semejanza) que revolucionaron el deporte universitario en Estados Unidos.
Según The Wall Street Journal, el diario económico estadounidense, esta tendencia, antes relegada a una minoría, escaló rápidamente en los últimos años, sustentada por la expectativa de acceder a becas, contratos publicitarios y un acceso anticipado al estrellato deportivo.
Patrocinadores y colectivos empresariales entraron rápidamente en el mercado, registrando acuerdos de hasta USD 9,5 millones para un mariscal de campo de la Universidad de Miami, USD 2 millones para una jugadora universitaria de baloncesto de Tennessee State y USD 1 millón para una gimnasta de Louisiana State. Estas cifras actúan como impulsoras para que las familias perciban el período escolar como una plataforma de alto riesgo y alta recompensa.
El auge de las academias privadas de deportes refleja este fenómeno. En lugares como The Togethership, en San Clemente, California, alrededor de 60 alumnos repiten un curso académico —conocido como “año puente” o reclassing— con una inversión familiar que puede superar los USD 20.000.
El director de este centro, Devin Quinn, detalló que actualmente un tercio de sus 175 estudiantes de secundaria realiza esta práctica, y que todos levantan la mano cuando se les pregunta cuántos aspiran a jugar en la División 1 universitaria.
Crecimiento de academias y programas de holdback en Estados Unidos
La necesidad de conseguir una ventaja física —mediante mayor crecimiento y madurez— originó una industria multimillonaria. Academias deportivas privadas y escuelas especializadas proliferan desde Virginia hasta San Diego.
Algunos centros, como Cardigan Mountain School, centro privado en New Hampshire, con una matrícula anual de USD 80.000, informan que su mayor cohorte de nuevos estudiantes está compuesta por quienes repiten octavo grado.
Los programas ofrecen a los adolescentes una combinación de entrenamiento deportivo intensivo, cursos académicos avanzados y asesoría nutricional.
Laura Howard, consultora en Virginia y especialista en reclassing, asesora a familias de todo el país, cobrando entre USD 6.000 y USD 13.000 al año, aunque admite rechazar casos en los que las expectativas de los padres superan las posibilidades físicas del niño.
Entre los métodos más económicos destaca la educación en casa, con paquetes básicos desde USD 650 a cargo de consultoras como Athletes 1st, dirigida por Marguerite Gaspar. Allí, la familia se encarga de contratar el entrenamiento deportivo, mientras el programa guarda la estructura académica exigida por el estado.

Una práctica que cambia el panorama de los deportes juveniles
Históricamente, repetir un curso por razones atléticas era visto como una práctica marginal o incluso controvertida, como describió Jordan Campbell, exjugador de fútbol americano y fundador de Winner Circle Athletics en California. Su academia, con programas que cuestan cerca de USD 10.000, fue pionera en defender el holdback como una ventaja, frente a las críticas que tildaban la práctica de desleal.
Actualmente el paradigma se ha invertido. El director de The Togethership, sostuvo: “Ahora, tantos chicos repiten el año que quien no lo hace parte en desventaja”.
La regulación no es uniforme. Muchos distritos escolares públicos prohíben explícitamente repetir cursos por razones deportivas. En estados como Pensilvania, la Asociación Interestatal puede revocar un año de elegibilidad si el motivo no es académico. Otras jurisdicciones, como Luisiana, han optado por eliminar las sanciones, admitiendo la dificultad de controlar el fenómeno.
Sumado a esto, las reglas también varían en las escuelas privadas, especialmente en las asociaciones del noreste, y permiten incluso un año postgraduado. En el sur de California, al menos 15 escuelas y academias promocionan abiertamente años de reclassing. Incluso el mayor distrito escolar de Orange County anunció el lanzamiento de un año de retención financiado por fondos públicos.

Perspectivas entre entrenadores, padres y atletas
El impacto de la práctica suscita debates entre entrenadores y familias. Keith Wilkinson, entrenador de baloncesto en JSerra High School, San Juan Capistrano, indicó que en 2018 solo tres de sus 30 alumnos de primer año habían repetido curso; este año, la cifra es al menos la mitad.
Para Wilkinson, aunque repetir puede incrementar las posibilidades de jugar en el equipo principal como novato, no altera sustancialmente las opciones universitarias. “Ayuda en el comienzo. No cambia nada al final”, manifestó a The Wall Street Journal. Advirtió que el desafío de afrontar la adversidad se está perdiendo entre los atletas jóvenes.
No todos los jóvenes con talento eligen este camino. Rourke Julio, de Murrieta, California, se negó a retrasar su avance escolar pese a medir 1,90 metros y contar con velocidad en el béisbol. “No tomo atajos”, declaró.
Para algunos padres, la repetición escolar es vista como una inversión de futuro. Michael Cancelleri, empresario de San Clemente, justificó el gasto realizado en su hijo Carter —alrededor de USD 20.000 por repetir el grado— por considerar que “darle un poco más de tiempo para desarrollarse y madurar” resultaba fundamental para su éxito, incluso si su interés hubiera sido la música y no los deportes.
Carter Cancelleri, quien cumplirá 16 años a mitad de su primer año de secundaria, expresó que el año “le permitió crecer física y mentalmente, mejorar su fuerza, velocidad y desempeño en el campo”.

Promesa y riesgos de los contratos NIL
En algunos casos emblemáticos, la estrategia ha rendido frutos financieros inmediatos. Mark Bowman, que llegó a firmar un acuerdo NIL de siete cifras para ingresar a USC, repitió octavo grado por consejo de entrenadores universitarios y terminó jugando para uno de los institutos con mayor proyección deportiva del país.
El fenómeno afecta principalmente a varones, ya que, como señalan los expertos, las chicas suelen alcanzar la madurez física antes y por tanto tienen menos incentivos para retrasar su avance escolar.

La práctica del holdback sigue en ascenso, amplificada por la influencia de redes sociales y el ejemplo de atletas que han convertido el año extra en la antesala de becas deportivas y contratos de patrocinio multimillonarios.
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