
Una pluma, tinta y una hoja en blanco. Con eso basta para entender que escribir como se hacía en la Edad Media era bastante más difícil de lo que parece, a diferencia del uso del móvil u otros dispositivos digitales actuales. En Ripoll, un pueblo de los Pirineos Orientales catalanes enclavado entre los ríos Ter y Freser, el monasterio de Santa María te da la oportunidad de comprobarlo en primera persona, en el mismo lugar donde los monjes copiaron algunos de los manuscritos más valiosos de Europa.
La historia de Ripoll arranca en el año 888, cuando Wifredo el Velloso ordenó construir el monasterio. Desde entonces, Santa María acumuló capas: religiosas, políticaso arquitectónicas. El edificio que se visita hoy no es el original. Tras la desamortización de 1835, quedó abandonado y sufrió daños graves. La recuperación llegó décadas después de la mano del arquitecto Elies Rogent, cuyo trabajo estuvo guiado por las ideas de Viollet-le-Duc. Se basó en el principio de devolver al edificio un estado completo, no restaurarlo. Por eso, algunos tramos del monasterio tienen un aspecto más reciente de lo que uno espera al plantarse ante un edificio medieval rodeado de tanto misterio.
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Si te fijas bien en el interior, el monasterio guarda pequeñas pistas de su propia historia. En uno de los escudos de una tumba aparece un pequeño submarino, y en otro punto hay una moneda colocada como referencia cronológica. Son marcas dejadas por los reconstructores para dejar constancia de cuándo se intervinieron esas partes, integradas junto a los sepulcros vinculados a los linajes condales que recuerdan el peso político que tuvo este lugar en la Cataluña medieval.
La pieza más celebrada del conjunto es el pórtico románico del siglo XII, una de las obras de referencia del románico europeo. La puerta aparece flanqueada por las figuras de San Pedro y San Pablo, y sus relieves narran episodios del Antiguo Testamento: Caín y Abel, la historia de David y Salomón, Moisés y las Tablas de la Ley. Incluso aquí hay estratigrafía: la portada fue añadida sobre una estructura anterior, y la pared que queda detrás pertenece a una etapa más antigua del monasterio.
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El Scriptorium, donde los libros se escribían letra a letra
Terminada la visita al monasterio, merece la pena hacer una parada en el Scriptorium, el espacio donde los monjes copiaban manuscritos y elaboraban códices. Su legado incluye textos de los siglos X, XI y XII de gran peso en la historia del libro europeo, entre ellos las Biblias de Ripoll y de Rodes. Los originales se conservan en el Vaticano y en la Biblioteca Nacional de Francia; el tercero no existe, ya que fue destruido en el incendio que arrasó la biblioteca del monasterio en 1835.
Aquí puedes intentar imitar el trabajo de aquellos copistas. La experiencia es más exigente de lo que parece porque la tinta no siempre cae donde debería, el grosor del trazo cambia con la presión y mantener una misma forma durante varias líneas requiere una concentración que no se improvisa. Entre las herramientas disponibles hay pluma de oca, caña y pluma metálica, y se pueden practicar modelos de escritura medieval como la letra carolina y la gótica.
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El trabajo de los copistas iba mucho más allá de transcribir palabras. La elaboración de un códice implicaba preparar los materiales, trabajar con tintas y pigmentos y, en los manuscritos decorados, añadir ilustraciones y ornamentaciones. El Museu Etnogràfic explica todos estos procesos dentro de la visita al Scriptorium, que se puede hacer con o sin la experiencia de escritura.
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