La isla bretona que es considerada “secreta”: un estilo de vida propio y un paraíso por descubrir

El territorio insular de Hœdic, habitado por un centenar de personas, representa un remanso de paz con escasa actividad, más allá del verano

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Casa de piedra y hortensias en isla de Hœdic, en la bretaña francesa
Hortensias frente a una casa en la isla de Hœdic, en la bretaña francesa. / Wikimedia Commons

En las costas de Bretaña, una pequeña isla poco conocida destaca por su singularidad y aislamiento. Hœdic, situada lejos del continente y habitada por apenas un centenar de personas, ha convertido la tranquilidad en su rasgo más destacado. Según informa la página web del Ayuntamiento de Hœdic, este enclave, considerado la pequeña hermana de la isla de Houat, se presenta como un refugio de paz que solo en verano presencia un aumento de actividad cuando los turistas llegan a sus playas sin chiringuitos ni casetas.

El municipio de Hœdic, que abarca únicamente 800 metros de ancho y 2.500 metros de largo, es la comuna más pequeña del departamento de Morbihan. La población permanente ronda las 100 personas, que residen en el único núcleo urbano de la isla. El pueblo central agrupa todas las viviendas y dispone de algunos comercios que permanecen abiertos durante todo el año: se puede encontrar una tienda de comestibles, una panadería, un restaurante-librería y un café que también hace las veces de punto de venta de prensa.

Además, para poder llegar hasta el municipio, existen dos puertos: el viejo puerto, construido en el siglo XIX y en desuso progresivo, y el puerto de Argol, inaugurado en 1973 y con mejores condiciones de abrigo. Desde el puerto de Argol parten las conexiones con el continente y con las cercanas islas de Belle-Île y Houat.

Vista aérea de la isla de Hœdic, en la bretaña francesa
Vista aérea de la isla de Hœdic, en la bretaña francesa. / Wikimedia Commons

Cómo es el día a día en la isla de Hœdic: ajena a la modernización técnica hasta 1960 y un acontecimiento trágico

La relación entre Hœdic y Houat ha estado marcada históricamente por una estrecha vinculación, debido, entre otras razones, a los apenas cinco kilómetros que las separan a través del paso de las Hermanas. Ambas islas llegaron a disputar durante años la propiedad de un islote conocido como Melvan o la isla de los Caballos, utilizado tradicionalmente para llevar allí a pastar a los caballos.

En 1823, se detalla el periódico regional Ouest-France, se resolvió que los habitantes de Houat y de Hœdic alternasen el uso de la isla cada año. En la actualidad, una asociación ha adoptado el nombre de Melvan para promover y proteger el patrimonio histórico, natural, arqueológico, social y marítimo de las dos islas, según detalla la citada fuente. Esta entidad organiza exposiciones y edita una publicación anual que recopila información sobre la historia, la economía, la botánica y la geología local. Desde hace algunos años, la isla de Melvan pertenece al Conservatorio del litoral.

Hœdic permaneció prácticamente al margen de la modernización técnica y del desarrollo económico hasta la década de 1960, lo que propició distintas crisis a lo largo de su historia. En el siglo XIX, la agricultura y, sobre todo, la pesca de langosta permitían el sustento de unas 250 personas. Sin embargo, en la década de 1930, la presión demográfica aumentó hasta un punto tal que la isla no pudo alimentar a toda su población. Esta situación se vio agravada por el agotamiento progresivo de los recursos marinos, en especial los crustáceos.

Un acontecimiento trágico marcó el devenir de Hœdic en 1931. El 14 de junio de ese año, el Saint-Philibert, un barco con quinientas personas a bordo —mayoritariamente obreros procedentes de Nantes y sus familias—, naufragó en la desembocadura del Loira, con solo ocho supervivientes. A raíz de este desastre, se propagó un rumor según el cual los crustáceos vendidos por los habitantes de la isla se alimentaban de los cadáveres, lo que provocó el desplome de la venta de las especies marinas, especialmente los cangrejos y las langostas, fuente principal de ingresos. Durante los meses siguientes, un tercio de los residentes de Hœdic abandonó la isla, buscando mejores condiciones en otros puertos de Bretaña.

Mujeres lavando en la isla de Hœdic, en la bretaña francesa, en 1932
Mujeres lavando en la isla de Hœdic, en la bretaña francesa, en 1932. / Wikimedia Commons - Saint-Just Péquart

Las singularidades de la vida local y el legado cultural que pervive

Actualmente, esa etapa de penurias forma parte del pasado. El día a día en Hœdic transcurre a un ritmo pausado, que cambia notablemente con las estaciones. La llegada del buen tiempo reanima las residencias secundarias, mientras que durante el invierno, la isla conserva una impronta de territorio discreto y reservado, según describe el propio Ayuntamiento de Hœdic en su web. Esta imagen de enclave secreto y singular queda reflejada tanto en el ambiente como en la escasez de infraestructuras turísticas convencionales.

Entre los aspectos destacados a descubrir en Hœdic figura la ya mencionada revista Melvan, considerada un referente para conocer en profundidad todos los ángulos del patrimonio que comparten las islas. Además, la isla fue escenario en 1932 del rodaje de L’Or des mers, una película de Jean Epstein. Aunque se trata de una ficción, fue realizada con la colaboración de los propios isleños y sirve como testimonio del modo de vida insular en aquella época, a pesar de que en su fecha de estreno no encontró el favor del público.

Entre auroras boreales y un día que dura cuatro meses: estas son unas de las islas más impresionantes de Noruega.

Con una economía basada en unos recursos limitados y una historia marcada por el aislamiento, Hœdic ha logrado preservar su autenticidad y un carácter propio que continúa perfilando su día a día, tal como recoge la fuente original, la web municipal de la isla.