
En el corazón de la provincia de Girona, surge una ruta imprescindible para los amantes de la historia y la arquitectura: la de sus pueblos medievales. En la geografía gerundense, cada villa parece guardar un secreto, desde las murallas de Peratallada hasta las plazas porticadas de Pals. En este escenario maravilloso, Vulpellac se revela como uno de los enclaves más bellos y mejor conservados de la comarca, un remanso de autenticidad lejos de las rutas más concurridas.
Junto a las localidades de Fonteta y Peratallada, el pequeño núcleo de Vulpellac invita a un viaje pausado entre portales góticos, casas de piedra y callejones empedrados. El cuidado por la restauración y el respeto por el pasado han logrado preservar un patrimonio artístico y cultural que asombra al visitante y lo sitúa entre los pueblos más bonitos de Girona.
Un conjunto medieval entre rieras y caminos históricos
El casco antiguo de Vulpellac es un ejemplo claro de trazado medieval, con calles que serpentean entre arcos de medio punto, fachadas blasonadas y portales góticos. El pueblo, documentado ya en el año 894 bajo el nombre de Volpeyliacho, se asienta junto a la riera de Fonteta, afluente del río Daró que desciende desde las Gavarres. Este entorno natural, salpicado de campos y bosques, refuerza el carácter rural y tranquilo del municipio.
Pero si por algo destaca esta villa es por su increíble patrimonio, en el que se alzan dos rincones que sorprenden a cualquier viajero que se acerca: el castillo y la iglesia de Sant Julià i Santa Basilissa. La fortaleza, originaria del siglo XIV, es hoy uno de los edificios más representativos de la comarca. Aunque mantiene su estructura medieval, ha vivido numerosas reformas, especialmente en los siglos XVI y XVIII, y llegó a funcionar como casa de payés. Declarado bien cultural de interés nacional, su interior alberga frescos y elementos decorativos de gran valor histórico.

Junto a él se levanta la iglesia, que fue en origen la capilla del castillo y que hoy muestra una mezcla de estilos: gótico tardío en su estructura principal y detalles renacentistas en la ornamentación. Excavaciones en sus inmediaciones han sacado a la luz restos de una necrópolis medieval y huellas de una iglesia anterior, probablemente de época románica.
Murallas, torres y arquitectura popular
Parte del atractivo de Vulpellac reside en la conservación de sus restos de muralla, que todavía circundan el núcleo antiguo. La torre-portal del nordeste, con su puerta de piedra, es uno de los elementos más icónicos, junto a una torre cilíndrica ahora integrada entre las viviendas. Casas de los siglos XVII y XVIII, con escudos y ventanas decoradas, mantienen vivo el espíritu de la arquitectura tradicional del Empordà.
De este modo, pasear por las calles de Vulpellac es descubrir detalles en cada rincón, desde portales adovelados hasta balcones de forja y rincones por los que no ha pasado el tiempo. Pero no solo es, pues su entorno es un paraíso para los amantes del senderismo y la bicicleta. La ruta del Carrilet, antigua vía de tren reconvertida en vía verde, atraviesa el pueblo y permite recorrer a pie o sobre dos ruedas un paisaje de campos y bosques, con vistas privilegiadas sobre la llanura del Empordà.
La gastronomía local es otro de sus grandes reclamos. Aquí conviven los sabores de la tierra y el mar: arroces caldosos con langostinos, caracoladas, carnes a la brasa y dulces típicos de la comarca forman parte del recetario imprescindible para cualquier visitante.
Cómo llegar
Desde Girona, el viaje es de alrededor de 45 minutos por la carretera C-66. Por su parte, desde Barcelona el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 35 minutos por la vía AP-7.
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