El pueblo de Cataluña con un solo habitante y un castillo medieval declarado Monumento Histórico Artístico

En la provincia de Lleida hay un monasterio y un castillo del siglo XI a menos de 100 metros de distancia entre sí

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El pueblo de Lleida que
El pueblo de Lleida que solo tiene un habitante. (Wikimedia)

En la Serra del Montsec, en la provincia de Lleida, se esconde un rincón casi olvidado por el paso del tiempo. Castell de Mur es un municipio, que sirve como ejemplo para demostrar cómo la historia puede quedar resumida en apenas un habitante, un castillo y un monasterio. Según National Geographic, el pueblo tiene bastantes visitantes que se acercan a conocer su historia medieval a pesar de que la vida cotidiana esté parada casi por completo.

Este pueblo, fundado en el siglo X y hoy unido administrativamente a otros núcleos vecinos, fue en su día clave en la frontera de los antiguos condados catalanes. Los condes de Pallars Jussà dejaron su huella en la zona, levantando fortificaciones para defenderse tanto del avance islámico como de rivalidades entre condados. Ahora, el recuerdo de aquellas épocas se conserva en dos monumentos principales: el castillo, declarado Monumento Histórico Artístico, y el monasterio de Santa María de Mur, apenas separados por cien metros, como si custodiaran juntos la memoria de un territorio ya casi vacío.

Castell de Mur tiene oficialmente un solo habitante empadronado, una cifra que impresiona y que convierte a este enclave en uno de los pueblos más solitarios de Cataluña. Pese a ello, su legado monumental atrae a viajeros y amantes de la historia que buscan descubrir la grandeza de su patrimonio románico en soledad.

El Castillo de Mur es un emblema medieval

El Castillo de Mur se alza como símbolo de la arquitectura militar de frontera de la Cataluña medieval. Su ubicación, en un punto elevado que domina toda la Conca de Tremp y el embalse de Terradets, explica por sí sola su importancia estratégica. Desde sus muros, era imposible acercarse sin ser detectado.

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Construido en el siglo XI, el castillo destaca por su perímetro amurallado compacto y su planta triangular, perfectamente adaptada al terreno rocoso. Este elemento, junto con la excelente conservación del conjunto, ha convertido al Castillo de Mur en un caso de estudio para quienes investigan la arquitectura defensiva catalana. Además, castillo y monasterio compartían la misma muralla, reforzando la idea de un núcleo fortificado de gran relevancia.

El visitante puede imaginar la vida en el castillo gracias a la cartelería exterior, que incluye una sección en 3D del edificio. La soledad actual contrasta con el bullicio de épocas en las que la fortaleza era pieza clave en la defensa de la frontera, generando una mezcla de melancolía y admiración por la resistencia de estas piedras a lo largo de los siglos.

El Monasterio de Santa María de Mur

A escasos metros del castillo se encuentra el Monasterio de Santa María de Mur, joya del románico lombardo y uno de los conjuntos monásticos mejor conservados de Cataluña. Fundado en 1069 por los mismos condes que construyeron el castillo, este monasterio fue consagrado ese mismo año por el obispo de Urgell.

El monasterio se encuentra a
El monasterio se encuentra a 100 metros del castillo. (Wikimedia)

El monasterio sorprende por su desnivel interior, obligando al visitante a subir hacia el altar. Como en otras construcciones románicas, la decoración mural fue clave: el Pantocrátor y los frescos originales se encuentran hoy en el Museo Nacional de Arte de Cataluña en Barcelona. Sin embargo, el interior del monasterio ofrece una copia fiel de esas pinturas, lograda mediante impresión contemporánea, para que quien lo visite pueda imaginar el esplendor original.

Santa María de Mur encara una nueva fase de restauración que permitirá prolongar su conservación. Mientras tanto, su belleza y la posibilidad de recorrerla en soledad la convierten en destino obligado para los amantes del arte y la historia medieval. El entorno, dominado por el pantano de Terradets y el Geoparque Orígens, suma atractivos naturales a un enclave donde casi no queda pueblo, pero sí castillo y monasterio para mucho tiempo más.