
Cuando se piensa en La Rioja, el vino suele ser el primer protagonista. Sin embargo, esta comunidad autónoma del norte de España es mucho más que viñedos y bodegas. Su territorio ofrece una rica gastronomía local, paisajes naturales donde conviven huertas, montañas y bosques, y un valioso patrimonio cultural e histórico. Entre arquitectura religiosa y civil, tradiciones como la trashumancia, y pueblos llenos de encanto, cada rincón sorprende con su historia.
Uno de esos lugares especiales es Calahorra, ubicada al suroeste de la región, en el corazón de la Rioja Baja. Segunda ciudad en importancia tras Logroño, Calahorra es un destino aún poco explorado por el turismo masivo, pero con un legado que la convierte en una auténtica joya para quienes buscan historia, buena mesa y tranquilidad.
Situada sobre el antiguo asentamiento vascón de Kalakorikos, Calahorra fue conocida en época romana como Calagurris Nassica Iulia, y adquirió fama por resistir ferozmente el asedio de Pompeyo durante las guerras civiles, episodio que dio origen a la célebre expresión Fames Calagurritana , símbolo de resistencia y orgullo que aún define la ciudad. De hecho, Calahorra es conocida como “la muy noble, muy leal y fiel ciudad”.
Este pasado se refleja en su impresionante patrimonio. Un paseo por su casco antiguo es como abrir un libro de historia al aire libre: desde restos de murallas romanas y medievales hasta arcos de piedra y antiguas casas señoriales.
Uno de los puntos más identificativos es la Catedral de Santa María, una imponente construcción del siglo XVI que fusiona estilos gótico y renacentista, y alberga retablos, frescos y tallas de gran valor artístico. Muy cerca, el Santuario del Carmen regala una panorámica inigualable del valle del Ebro, especialmente mágica al atardecer.
Calles y sabores que marcan
Más allá de sus monumentos, Calahorra enamora por su ambiente acogedor y su autenticidad. Espacios como la Casa Santa, la Iglesia de Santiago o el Museo de la Romanización enriquecen una ruta cultural que combina los monumentos con lo cotidiano.
En otoño, la ciudad se transforma: las hojas cubren los paseos del parque del Cidacos, el aroma de las setas recién recolectadas flota en el aire, y los restaurantes rescatan los sabores tradicionales de la región. Es la temporada perfecta para probar platos elaborados con verduras de proximidad: alcachofas, borrajas, espárragos y pimientos, cultivados en una de las huertas más fértiles de España. No por nada, Calahorra es conocida como la ciudad de la verdura. Todo esto, por supuesto, acompañado por los famosos vinos con Denominación de Origen Rioja.
Naturaleza y calma para desconectar
Para quienes buscan naturaleza y actividades al aire libre, Calahorra también ofrece espacios como los Sotos del Ebro, una zona natural protegida ideal para el senderismo y el cicloturismo, donde se puede observar fauna autóctona y disfrutar de vistas únicas del río y sus alrededores.
Una escapada con esencia riojana
Visitar Calahorra en otoño es una experiencia distinta. Es descubrir una Rioja íntima, lejos del bullicio, donde la historia, la gastronomía y la calidez local se entrelazan en cada rincón. No es una ciudad hecha para las prisas, sino para disfruta recorriendo sus murallas, descubriendo sus leyendas y saboreando sus platos de temporada.
Para quienes buscan una escapada con alma, lejos del turismo convencional, Calahorra es una elección que sorprende y deja huella.
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