
Segovia está llena de rincones de ensueño. Entre sus montes, ríos e increíbles paisajes son muchos los pueblos que se alzan como tesoros patrimoniales. Uno de ellos es Pedraza, una impresionante villa medieval que es de las más bonitas de España. Sus pintorescas calles empedradas conforman un bonito casco antiguo que esconde infinidad de secretos. De hecho, fue declarado en el año 1951 Conjunto Monumental y no es para menos, pues su carácter medieval brinda un aspecto difícil de imaginar que se corona con el impresionante castillo.
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Es por ello que Pedraza es uno de los pueblos más conocidos y visitados de Segovia; sin embargo, a tan solo nueve kilómetros se ubica uno de los lugares más desconocidos de la provincia. Se trata de Orejana, una pequeña villa cuyo origen se cree que se remonta a la época romana y donde sus calles cuenta con un rico patrimonio. Así, se alza como uno de los mayores secretos de la provincia y un destino ideal para descubrir la auténtica esencia segoviana.
Un posible legado romano
El nombre de Orejana guarda resonancias de una historia lejana. En documentos del siglo XIII, aparece como Oreiana, aunque los estudios toponímicos apuntan a un origen aún más remoto: Aureliana, vinculado, según la tradición, a una mujer romana llamada Aurelia. Se cuenta que esta dama poseía varias casas de campo en la zona, origen de los actuales núcleos poblacionales del municipio. Incluso se dice que en una de esas casas, situada en Orejanilla, habría nacido su hijo, el emperador Trajano. Una teoría que nunca se ha demostrado y que explican desde su portal web.

El nombre evolucionó a Oreliana, luego a Orellana y finalmente a Orejana, tal como se conoce hoy este conjunto de barrios desperdigados entre colinas claras, lomas erosionadas y antiguos caminos que conservan el paso del tiempo. A su vez, la villa ha sido objetivo de algunas leyendas que han pasado de generación en generación. Una de las más conocidas es la de La Muñeca, el “nombre que dan los vecinos del pueblo a una piedra clavada en el suelo, en el punto donde se divide el camino que, desde Arcones, se dirige a El Arenal”.
Según la leyenda, hace mucho tiempo un pastor perdió una oveja y envió a sus dos hijos, un niño y una niña, a buscarla. La noche cayó sin que lograran encontrar al animal. En la oscuridad, los niños vieron brillar unos ojos entre las sombras y creyeron que eran sus padres que venían con candiles a rescatarlos. Pero eran lobos, que los atacaron. De sus cuerpos solo quedaron “Las Muñecas”, como se conoce el lugar donde fueron enterrados por sus padres, que allí colocaron una piedra en su memoria.
Un paseo por Orejana
Las calles de Orejana descubren un patrimonio histórico y cultural de gran valor artístico. Un paseo por ellas descubre la arquitectura típica segoviana y un gran conjunto monumental. Así, uno de sus principales monumentos es la iglesia románica de San Juan Bautista, situada a medio kilómetro del barrio de La Revilla. Construida entre los siglos XII y XIII, y reformada en el XVIII, conserva una destacada galería porticada de piedra caliza. Sus capiteles, con motivos vegetales y figuras de animales, forman uno de los conjuntos escultóricos románicos más ricos de la provincia de Segovia.
Más discreta, pero igualmente evocadora, es la iglesia del Santo Espíritu, cuyas ruinas se alzan en las cercanías de Orejanilla. También se conservan vestigios románicos en otras ermitas, como la de San Gregorio —erigida sobre los restos del antiguo templo de San Nicolás, junto al río Pontón— y la de San Ramón Nonato, en el barrio de El Arenal. Igualmente, en La Revilla, la ermita de Nuestra Señora María Magdalena ha sido restaurada por los vecinos. En Sanchopedro, sin embargo, la ermita de la Concepción permanece cerrada, como testimonio mudo del abandono progresivo de algunos enclaves rurales.
Caminos entre robles, encinas y recuerdos

Pero más allá de su conjunto monumental, Orejana cuenta también con un increíble entorno natural. A medio camino entre las villas medievales de Pedraza y Sepúlveda, y a pocos kilómetros del Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, el municipio forma parte de una de las zonas con mayor atractivo del interior segoviano. Uno de los senderos más significativos que lo atraviesan es el Camino de San Frutos, una ruta de peregrinación que une la ciudad de Segovia con la ermita del patrón del Duratón.
La cuarta etapa de este itinerario, que recorre 77 kilómetros en total, pasa por Pedraza, Orejanilla, La Matilla, Valdesaz y Consuegra de Murera. El camino combina espiritualidad, historia y naturaleza, y permite al caminante descubrir la geografía menos transitada del nordeste segoviano. Desde Orejanilla parte también un sendero que se adentra entre robles y encinas hacia La Alameda, un antiguo barrio hoy casi despoblado. En su época de esplendor, albergaba una decena de casas; hoy apenas quedan dos en pie. No obstante, su silencioso abandono le confiere un valor especial, como esos lugares que, aún deshabitados, siguen contando historias.
Otro de los recorridos más transitados era el llamado “camino de la iglesia”, que discurre paralelo al arroyo del Pontón. Era utilizado por los habitantes de Orejanilla y La Alameda para acudir a misa a las ruinas del templo del Santo Espíritu, cuyas piedras aún conservan parte de su planta original. Desde El Arenal también se puede acceder al campo de La Matilla a través de un paseo de una hora que bordea la cuesta del hoyo. Este recorrido circular permite observar la transición entre zonas agrícolas y forestales, en un entorno donde predominan los suelos silíceos, las cárcavas y los tonos blanquecinos característicos de la comarca.
Cómo llegar
Desde Segovia, el viaje es de alrededor de 40 minutos por la carretera Soria - Plasencia, la N-110 y la SG-P-2322. Por su parte, desde Madrid el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 35 minutos por la vía A-1.
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